
El Salvador
Por Dante Liano Lo primero que nos llamó la atención fueron los baños turcos. Estaban alineados uno al lado del otro, separados por una breve pared, alta para no ver al compañero de infortunio pero no tanto como para no oírlo. A los lados del agujero del baño había dos hormas en donde apoyar los pies y, en la pared, unas asas de cuero que tenían doble función: sostener al doliente mientras se aliviaba y, visto el esfuerzo de aferrarse, empujar la segura eliminación. En










