
No te veré morir
Por Dante Liano Se dice que las buenas novelas poseen unas primeras líneas memorables, y que esas primeras líneas dan el tono de lo que viene después. Podría objetarse que, en realidad, es el cuerpo de la novela el que hace ilustre a esa introducción. Sucede con la gran poesía, cuyo primer verso recuerda al resto aunque huya de la memoria: “Nadie rebaje a lágrima o reproche…” “Verde que te quiero verde…” “Cerrar podrá mis ojos, la postrera…” “Puedo escribir los versos más tristes esta










