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Créditos: Prensa Comunitaria
Tiempo de lectura: 4 minutos

Por Miguel Ángel Sandoval

 Después del 25J, las redes han sido prodigas en la creación de varios miedos ante la emergencia del partido desconocido que paso al balotaje, esto es Semilla. Sin mayores argumentos se difunden miedos que no tienen que ver con la realidad y tampoco tienen relación con la agenda que tiene Semilla. Digo esto por elemental objetividad.  Pero especialmente debido a que no se puede tolerar tanta ignorancia y mala fe en los intentos por hacer o construir, una agenda que no existe en ninguna parte de los propósitos que en alguna ocasión le escuchamos a voceros del partido Semilla.

El primero de los miedos es el sambenito que se utiliza para cualquier corriente progresista, aun sea parte del sistema: se endilga en abrir y cerrar de ojos, el calificativo de comunista. El viejo temor a los come niños que se acumula desde hace más de medio siglo, con origen en la guerra fría y se desempaca en cada ocasión que hay algo progresista en el ambiente y algo fuera del sistema creado para reproducir al infinito la corrupción o la impunidad.

Es parte de la simplificación que se utiliza para descalificar. Si al candidato de Semilla no se le ha endilgado el sambenito de guerrillero es debido a que en los años de la guerra estudiaba en otros países, nada más. Pero, si se le acusa a él y su partido de comunistas, de rojos, de querer convertir a nuestro país en otra Cuba, Nicaragua o Venezuela. Y creo que en ello pierden el tiempo. Nadie en ese partido ni sus candidatos, está en la tarea de convertir nuestro país en otra cosa que no sea un país sin corrupción y sin impunidad. Y eso es un credo democrático, republicano.

Convertir la lucha anticorrupción y anti-impunidad en credo comunista es el peor error de quienes acusan al candidato Arévalo y su partido de comunistas. Es andar perdido en términos políticos, ideológicos y de sentido común. No es así, por esa vía, que van a evitar votos para esa corriente. De la misma manera que no evitaron votos al acusar, sin serlo, a Sandra de guerrillera. La sociedad guatemalteca puede no decir mucho, pero babosa no es.

El otro miedo es la idea que el candidato de Semilla va a cambiar la constitución para hacerla algo distinto a lo que es. Este miedo es más infundado que cualquier otro. La verdad de las cosas, es que, si tomamos en cuenta los datos duros de la coyuntura nacional y de los desafíos actuales, para combatir la corrupción no hace falta cambiar la constitución, y esto es lo mismo para la lucha contra la impunidad. No hace falta para ello introducir cambios en la constitución política del país.

En todo caso, si algo hace falta, es desarrollar la misma. A modo de ejemplo, si bien en la constitución dice que no deben existir monopolios, para para ello no hay las herramientas que lo hagan posible. Una ley de competencia podría ayudar en el cumplimiento de la actual constitución política del país. De la misma manera, desde los primeros artículos se habla del bien común, esto es algo que debiera de ser impulsado y no como en la actualidad que deliberadamente se olvida. Colmo se puede ver, hay un enorme campo para hacer un mejor país sin necesidad de modificar la constitución política del país. Al contrario, debería de cumplirse y desarrollarse. Hay varios temas qué si lo demandan.

Este es un miedo que se crea y se divulga por todos los medios posibles, sabiendo que hay gente que tiene enorme temor al cambio y especialmente si ello tiene que ver con la constitución. Pero no hay que angustiarse, en la propuesta de ningún partido que va a la segunda vuelta, el tema de cambiar la constitución está inscrito, menos a la orden del día.

Y el tercer miedo es quizás el menos importante y el que más revela su origen en una mala lectura de un compromiso mundial, como lo es la agenda 2030, cuyo origen se encuentra en las Naciones Unidas. En efecto, en el año 2015, los países integrantes de la ONU aprobaron la agenda del desarrollo sostenible. Que en pocas palabras son las medidas que es urgente tomar en cada país, de acuerdo con sus necesidades particulares, pero de acuerdo con estos objetivos del desarrollo sostenible.

De esa cuenta, combatir la pobreza y la pobreza extrema es uno de los objetivos, así la defensa del medio ambiente y varios temas más, para alcanzar 17 objetivos compartidos por los países de Asia, África, América Latina y Caribe, y los países de Europa. En pocas palabras, solo la enumeración de los continentes de los países que suscriben la agenda 2030, da la medida de los cambios que es necesario hacer a nivel mundial.

Pero en nuestro país, todo se ha circunscrito a gritar contra la llamada ideología de género. Y esto en verdad es algo muy elemental, que ni siguiera debería ser motivo de discusión. Guatemala tiene que avanzar en la lucha contra la extrema pobreza, con disminuir los problemas ambientales, con mejorar la educación, con ampliar la cobertura de salud, y luego de ello si queda tiempo, en discutir en los foros adecuados sobre temas vinculados a eso que se llama ideología degenero.

Y no hay nadie que esté haciendo de la versión a la chapina y en campaña negra, en redes sociales advierto, de un tema marginal en la agenda 2030, el tema central para el desarrollo de nuestro país, que si no se cumple con la agenda 2030, que es la continuación de otra denominada objetivos del milenio que vio la luz al inicio del siglo XXI, pues nos veríamos con la hambruna creciendo, con las migraciones en aumento y con la escasez de recursos como el agua, en un país que debería ser modelo en el uso de ese bien, que ya quisieran tenerlo en países de África que literalmente se mueren de sed.

En resumen, la agenda 2030 es un compromiso mundial suscrito en Naciones Unidas, y ello para medidas urgentes de desarrollo económico y social, no para cambiar el sexo de ninguna persona. Así que no tengan miedo. El 20 de agosto, en la segunda vuelta, si asisten a votar que sea en contra de la corrupción, de la impunidad. No vayan por los miedos que nos quieren hacer creer.

En pocas palabras, es necesario hacer frente a los miedos que los enemigos de la democracia quieren hacernos pasar. Y en realidad, ni el supuesto de un gobierno comunista, ni el cambio a la constitución y menos el cambio de preferencias sexuales están en discusión en la segunda vuelta electoral. Para miedos nacionales, ya tenemos tres que son suficientes: el Cadejo, la Siguanaba y la Llorona, y con estos miedos, bastante tenemos.

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