
El día que escampe
Por Ilka Oliva-Corado Sólo le falta amarrarse las cintas de los tenis y está lista, con su uniforme bien planchado y su cabello cuidadosamente sujetado, Soledad está por comenzar su tercera jornada de trabajo. Se asoma por la puerta de la cocina y ve el salón lleno a reventar, calcula por lo menos unas quinientas personas a las que tienen que atender entre seis meseros, tres mujeres y tres hombres. En las mañanas trabaja de costurera en una lavandería, los remiendos que hace le agrandan










