La historia de Carlos Caal Rax, un joven q’eqchi’ secuestrado por el Ejército

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Por Rony Morales

La guerra contrainsurgente afectó duramente la región de Alta Verapaz. En 1978 la masacre de Panzós abriría un nuevo ciclo de represión en Guatemala. Las masacres se dirigieron directamente contra las comunidades y poblaciones indígenas en todo el territorio nacional. Detrás de esta masacre estaban los poderes   económicos que han dado origen a la miseria del país desde épocas inmemoriales. En la región verapacense estos poderes eran encarnados por  la empresa minera Exmibal, la Hidroeléctrica Chixoy y el proyecto gubernamental de la Franja Transversal del Norte. Luego de 37 años, los mismos proyectos y actores continúan generando una seria problemática social, quizás  más compleja todavía.

De ese contexto de represión de antaño, Carlos Caal, un sobreviviente de la guerra, recuerda que cuando era joven vivía con el miedo de ver que a sus amigos, conocidos, vecinos y jóvenes de otras comunidades los estaban desapareciendo. La gente solamente murmuraba que había sido obra del Ejército.

Un día los militares, bajo amenazas, se lo llevaron de manera forzosa a la base militar más cercana al río Tinajas, ahí le toco vivir en carne propia la guerra.

Carlos tuvo que pasar días difíciles lejos de su comunidad y su familia,  lustrando las botas a los militares para sobrevivir, aprenderse todo lo que le decían y ordenaban. Con los años y por orden de los militares, tuvo que internarse en la Sierra de las Minas a buscar grupos “subversivos.” Luego de un tiempo, mientras hacían labores de limpieza y chapeo en la Sierra de Las Minas, él y otra persona logran escaparse del Ejército internándose dentro de la montaña en dirección a la comunidad de La Tinta.

Estando en la Tinta buscó un trabajo. Fue mozo colono en tierra de otro poblador durante un tiempo. Ni bien logrados  unos centavos decidió moverse y viajar nuevamente a su comunidad, en Senahú. Un reencuentro familiar después de años de haber sido secuestrado por el Ejército.

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