
Muere el papa que creía en una Iglesia católica compasiva y no inquisidora
Historiadores y teólogos coinciden en que la expansión y fortalecimiento del cristianismo, después de la muerte de Jesucristo fue un acto de resistencia al poder, ilimitado entonces, del Imperio Romano caracterizado por una crueldad injustificada contra cualquier intento de oposición o cambio al statu quo. En los primeros siglos, los principios cristianos a diferencia de los romanos promulgaban bienestar para todos, en la medida de lo posible, sin diferenciar la pobreza de unos sobre la de otros. En eso creía Francisco: en seres humanos










