
Hablar del genocidio es una condición para hablar de democracia
Por Derik Mazariegos En Guatemala, la palabra “genocidio” incomoda. No tanto por lo que nombra, sino por lo que implica reconocer. Asumir que el Estado guatemalteco fue capaz de planificar y ejecutar una política de exterminio contra su propia población, mayoritariamente indígena, no es solo un asunto del pasado. Es un hecho que, aún hoy, desordena los cimientos sobre los que se construyó buena parte del orden institucional. Durante décadas se ha intentado reducir el genocidio a una “tragedia maya”, como si fuera un dolor










