
Nos están matando y nos culpan por eso
Por Alejandra Sarti Un señor con anteojos, madruga un lunes por la mañana a las 7:00 a.m. y toma un bus extraurbano de ciudad Peronía. Se acomoda con las piernas abiertas y pega la espalda detrás del asiento del conductor. Todo el lugar es incómodo, apenas hay espacio para pasar entre los asientos; el copiloto toca el hombro de los que viajan de pie y pide que se amontonen como en frasco de conserva o lata de sardinas hacia la parte de atrás del bus;










