Por Miguel Ángel Sandoval
Ahora se discute mucho sobre la influencia de los EE. UU. en la región latinoamericana. Se pone de ejemplo a Honduras, en donde un presidente narco es extraditado, condenado y luego liberado, por la voluntad de los EE. UU. Además, se invade Venezuela y ahora tienen un problema que, sin mucho pensar, se dice que es muy difícil para toda la región pues, cuando se le antoje a los EE. UU., se llevan a cualquierita. Se dice, sin mucho pensar, que en los EE. UU. a pesar de todo lo que se diga, hay algunos elementos procesales de eso que conocemos como democracia.
Pues bien, esos datos de la democracia, al menos en lo procesal, sí funcionan en ese país y vemos que el gobierno de Trump en noviembre dejará de tener hegemonía en las dos cámaras. Si hoy vemos las encuestas, eso es lo que dicen. Pero si vemos la historia, resulta que en los últimos años, 13 de 15 elecciones han terminado con victoria para la oposición y ahora la oposición a Trump es demócrata. Las consecuencias son claras. No es la derrota o el impeachment de Trump, pero debe ser un momento de giro en la visión dominante.
Para nosotros y para el resto del continente esto tiene varias lecturas. Quizás habría que señalar que la actitud de Trump y sus acciones en dirección a varios países del continente goza de un amplio rechazo. Como el caso de México, Cuba, o Colombia, en donde el resultado de las elecciones de noviembre supondrá un giro, pues no sería razonable pensar que una derrota política interna y con resultados más que cuestionados en oriente como Irán, permitan al gobierno de Trump y sus amigos mantener la misma postura.
Esto que señalo tiene que ver con el rumbo o el acento que debe poner el gobierno de Guatemala ante los cambios que se deben producir en noviembre en los EE. UU. Ya no será un Trump impositivo, pues no podrá sostener su visión y acciones de nuevo colonizador. En los tiempos que corren, las relaciones mundiales tienen o adquieren nuevos parámetros nos guste o no, lo entendamos o no.
Somos la última frontera con EE. UU., somos un puente para el narcotráfico y otros delitos transnacionales. Pero no se puede ser una frontera con la corrupción entronizada o con gobiernos de viejo tipo como en la época de los 80. Menos con gobiernos como el de Jimmy Morales de cuya vinculación con actividades ilícitas son de amplio conocimiento de EE. UU., pues numeritos como la “gallina con loroco” fueron de conocimiento de las agencias norteamericanas. No se puede tapar el sol con un dedo.
¿De qué se trata todo esto? Al buen entendedor con señas y al rústico a palos. Los vientos de cambio ya están sobre la mesa. Todo el lobby para la Fiscalía se perdió, o más claro, lo perdieron los que pagaron todo el escándalo del Congreso y la Corte de Constitucionalidad. A pesar de que en el tema de la CC en el Congreso hubo un error enorme de los políticos de los EE. UU., terminaron apostando a los viejos aliados.
En el caso nuestro, hemos planteado desde hace años que los EE. UU. si quieren tener en nuestro país a buenos interlocutores, serios, responsables, y preocupados con el desarrollo del país, no por la corrupción, deben cambiar de aliados. Todo el país no es corrupto, menos antinacional. Los viejos aliados han sido quienes llevaron a nuestro país al caos actual. No hace falta tener dos dedos de frente para darse cuenta de ello. El modelo agroexportador con migrantes y apenas ahora un poco vinculado al turismo no puede mantener esa vía, debe cambiar.
El país y sus liderazgos deben abrir el país de otra manera. No es posible que se pretenda tener en nuestra economía un coto de caza absoluto de los EE. UU. Nos hace falta tecnología y China la tiene, pues EE. UU. hasta el momento no ha sido todo lo generoso que debió ser en años y años de privilegios en nuestro país. En esa perspectiva, Taiwán, que en mediano plazo es parte absoluta de China, no puede ser la opción de la diplomacia guatemalteca. Se debe voltear a ver que en El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica o Panamá, mantienen relaciones diplomáticas con China. Y desde la perspectiva económica en todos estos países esa relación es provechosa.
De la misma manera, nuestro país debería explorar la membresía en los BRICS, pues se trata de una alianza no ideológica en temas de desarrollo económico en el esquema Sur-sur. Hay países con los que mantenemos relaciones diplomáticas como India, o Rusia, pero se debe ampliar la colaboración económica, cultural, científica. No hay razón para no hacerlo. Total, los EE. UU. tienen relaciones con todos los BRICS, como China, Rusia, Brasil, India, Suráfrica, y otros que son fundadores de ese movimiento entre países del Sur Global.
A veces uno escucha o lee a políticos o empresarios guatemaltecos que dicen en privado, hace falta tener relaciones con China y no solo con Taiwán, pero para esto hace falta una decisión política. No se puede vivir de espaldas al mundo. Sería interesante tener relaciones diplomáticas con China y comerciales con Taiwán. Qué perderíamos y qué ganaríamos con esa decisión. Creo que no hay nadie en sus cinco sentidos que se pueda oponer. Digo esto pues Taiwán es cuestión de tiempo para que se incorpore a China. Mientras nosotros, viviendo en la época de Chiang kai-shek.
Todos estos son temas que debemos de observar con mucha mayor amplitud en el momento que tengan lugar las elecciones de noviembre en los EE.UU., en las que las previsiones de los analistas más informados nos dicen algo simple: Trump deberá ser derrotado. Lo único que está pendiente es el margen que se tenga al momento del recuento.



