Democracia que agoniza y muere

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Créditos: Estuardo de Paz

Por Kajkoj Máximo Ba Tiul

La democracia guatemalteca sigue agonizando, así como están agonizando las democracias de América Latina y la norteamericana.  Ahora, las democracias ya no fracasan por golpes de Estado, con tanques y militares en las calles, como dicen Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en su libro Cómo Mueren las Democracias: “las democracias pueden fracasar a manos no ya de generales, sino de líderes electos, de presidentes o primeros ministros que subvierten el proceso mismo que los condujo al poder”.  

Pero también puede ser por alguien que se sienta con poco poder respaldado por grupos que viven al margen de la ley o que engañan hablando de democracia y libertad, pero son más criminales que los criminales que están en las cárceles, como cuando el Ministerio Público lo dirigía Consuelo Porras. O el control jurídico político que tienen ahora los magistrados de la Corte de la Constitucionalidad, al dejar libre a corruptos como Sinibaldi  y dejar para otro día el caso de las exautoridades de los 48 Cantones o favorecer al corrupto de Walter Mazariegos, para que siga, no solo deteriorando la formación de profesionales guatemaltecos, sino robando los recursos que servirían para mejorar la formación, bajo el protectorado de los grupos empresariales, narcos, lavanderos, etc.

Los herejes y los ateos nacen por la falta de coherencia y falta de compromiso social y político de dirigentes religiosos, que presentan a un dios castigador, mientras dentro de la Iglesia católica se enconden pedófilos, secuestradores, narcotraficantes, lavanderos de plata, corruptos y se olvidan de la opción preferencial por los pobres. De igual forma, la institucionalidad democrática se deteriora y hacen que los más éticos renuncien a participar en política. La hacen los políticos y los que ahora llaman outsider, cuando tampoco lo son. Muchos de ellos son empresarios corruptos y fracasados como De la Spriella, en Colombia, que según datos está más endeudado que cualquier otro e implicado en actos criminales ligados a la corrupción y al lavado, además de defensor de genocidas e impuesto por el gringo del norte, con un discurso que ni siquiera es populista, es demagogia pura que influye en la mente de una población joven y clase media, relacionados al TikTok, Facebook y a los influencers. 

Esta apatía de no participar en política seria y no demagógica se manifiesta en acciones pequeñas en los pueblos.  Salen un par de ciudadanos a protestar por la corrupción o contra el alto costo de la canasta básica o la energía eléctrica.  La mayoría de la población dice: “estos buscando hueso andan”, “verán, en las próximas elecciones se meterán a algún partido político” o “es gente que no tiene nada que hacer”. Esta actitud no ayuda a desarrollar una democracia robusta, fuerte y capaz de responder a los problemas de las mayorías, como salir de la pobreza, resolver el problema del hambre, falta de tierra, etc.  Es decir, una democracia comprometida con los de abajo. Como dicen en América Latina hay que hacer que la política se subordine a la ética.  Pero no cualquier ética, sino la ética de las víctimas, de los excluidos, de los ninguneados. No a la ética de los corruptos y criminales, que han destruido la democracia y la política.

América Latina vive bajo la apariencia de una democracia, como efecto mismo de lo que pasa en Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump 2.0 y de su doctrina Donroe, base de su proyecto “Escudo de las Américas”, que está terminando con la supuesta “mejor democracia” que había en el mundo, de la que presumía hasta hace unos años, porque Trump y su ambicioso proyecto expansionista están despojando de lo que queda de su contenido y sus normas y esto es lo que está provocando en América Latina.

Estados Unidos e Israel gobiernan el mundo, o intentan hacerlo, sustituyendo a la derecha por la extrema derecha.  No les interesa la construcción de Estados democráticos, menos apoyar proyectos refundacionales y tampoco les interesa controlar el narcotráfico y el crimen organizado. Estos solo son argumentos para llamar la atención de la ciudadanía, porque nos venden la “idea que controlaran la inseguridad”, cuando ellos mismos son la inseguridad.  

Estados Unidos priorizó la liberación de Juan Orlando Hernández en Honduras contra la decisión soberana del pueblo de elegir entre la continuidad o no del proyecto anterior.  En Colombia, priorizó a De la Spriella en contra del proyecto del Pacto Histórico. También a Keiko Fujimori en Perú y Fernández en Costa Rica, etc.  Eso nos demuestra que ahora ya no son los medios corporativos de comunicación, como era antes, quienes deciden en las elecciones, ni los militares, ni los partidos quienes imponen presidentes, sino el proyecto colonizador y expansionista de Estados Unidos e Israel, aunque ya lo habían hecho, pero de forma clandestina durante la primera guerra fría. Hoy, lo hacen a todas luces y en profundidad, mandando de avanzada al MOSSAD, la CIA, el Comando Sur, el Cuerpo de Ingenieros, como antes lo hacían con las brigadas del Cuerpo de Paz y el Instituto Lingüístico de Verano, ahora utilizando el avance de la tecnología como la Inteligencia Artificial o el millonario gasto, bajo la categoría de “ayuda humanitaria”. 

Lo hacen por medio de la extrema derecha mundial, como se manifiesta en los recursos canalizados por Milei al ahora presidente de Honduras para la liberación de Juan Orlando Hernández. Apoya a la extrema derecha guatemalteca para  elegir como magistrado a Molina Barreto, invierte recursos en las elecciones de Colombia y Perú. Y ahora en avanzada, para las próximas elecciones en Guatemala, apoya a grupos corruptos, como el que representa Rodrigo Arenas.

De ahí, que la muerte de las democracias “no se originan solo por la política institucional, sino por factores estructurales mucho más profundos, que transciende a líderes y a las reglas del juego”, como dice, Juan Pablo Luna en su libro ¿Democracia Muerta?  La muerte de la democracia hoy va de la mano de la “restauración conservadora tradicional y autoritaria”, como lo afirma Marco Fonseca. De esa cuenta, estamos de acuerdo con Pablo Stefanoni, cuando dice que ahora son las extremas derechas las que se rebelan, las que quieren cambiar el mundo, pero para ponerlo nuevamente a su medida y no a la de los más desposeídos.

Las religiones tienen su cuota de poder en esto.  La entronización de las iglesias evangélicas en los periodos del liberalismo y su fortalecimiento durante el conflicto armado interno, para nuestro caso, no solo fueron el acicate para bajar el nivel de presencia social y política de sectores de la Iglesia católica, sino para consolidar un modelo de sometimiento y repugnación por lo político y permitir el desarrollo de pseudos políticos que utilizan el discurso religioso para hacer adeptos.   

Esto permitió la presencia del sionismo en América Latina, como en Guatemala, que ahora tienen presencia por medio de iglesias evangélicas, municipalidades y políticos que hacen fiestas para celebrar la creación del Estado de Israel, mientras someten a otros pueblos como Palestina.  Embrutecen a los ciudadanos con migajas como proyectos de supuesto desarrollo y participación democrática. En el país y en América Latina, los gobiernos impuestos no solo visitan al canchón de Estados Unidos, sino también al genocida de Israel, así ofrecen viajes a alcaldes, como premio de consolación por permitir su entrada en los municipios.

Nuestras democracias, entonces, mueren porque política-religión-economía es la triada perfecta para instaurar derechas mucho más extremas que el pasado, que no solo tienen como enemigos al comunismo, sino a los pueblos originarios. Forman a personas que los convierten en “políticos oportunistas” y fortalecen “partidos políticos” de cartón, así como oenegés, asociaciones y espacios religiosos, para que conviertan a los ciudadanos en ovejas obedientes, que voten uniformemente por un líder sacado de la nada, renegando de los derechos que lideres más coherente y éticos lograron, como en Colombia de Petro, Ecuador de Correa, Bolivia de Evo, etc.

Entonces, los extremismos están reincorporándose con máscara de democracia y libertad, para permitir por fin del expolio de los territorios, como desarrollar el modelo extractivista por medio del proyecto de fracking, sobre el que hablaremos próximamente, porque ese es el modelo impulsado hoy por los imperialismos y que expondrá mucho más, no solo a los territorios de pueblos originarios, sino a la tierra entera.

Si antes decíamos que el Estado era el instrumento de dominación colonial y la democracia el sistema que los burgueses utilizan para el adoctrinamiento, hoy las instituciones a veces integradas y otras por separado, se convierten en armas políticas utilizadas para controlar a quienes no se dejan someter y, para eso, seguirán utilizando a “payasos y criminales de la política”. Mientras tanto, la ciudadanía sigue pidiendo que se “restablezca la democracia” cuando ya está muerta o por lo menos agonizando. La batalla sigue siendo dura y, por eso, el camino solo puede ser la “refundación” y no la “restauración”. Una refundación sobre bases más sólidas y no folclóricas, ni mucho menos “espiritistas”. Una refundación que nazca desde abajo.

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