Por Kajkoj Máximo Ba Tiul
En la actualidad nos enfrentamos a nivel mundial a una época, posiblemente no de las más oscuras que ha vivido la humanidad, pero si de las más complejas de estos últimos 30 años después de la guerra fría. El racismo, la xenofobia, la homofobia, el machismo, etnocentrismo, maximalismo, colonialismo, y otras categorías y conceptos, en la que descansa el sistema político, económico, cultural, social y religioso, que se impulsa desde los imperios, principalmente desde Estados Unidos e Israel.
Estos dos países (imperios) siguen apostándole a que todo el mundo sea su “protectorado”, con apoyo de las extremas derechas locales, como bien lo dice el expresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, que “a diferencia de lo que la extrema derecha estadounidense o europea busca impulsar con ese neoestatismo productivista de largo aliento, las extremas derechas latinoamericanas se han empantanado en un enmohecido neoliberalismo globalista de porvenir decapitado que tiende a convertir a los países en protectorados coloniales de las grandes potencias poseedoras de proyectos históricos”[1]. Extremas derechas como las nuestras que entre las extremas derechas, como las que ahora controlan los diferentes proyectos depredadores del mundo, son vistas como la “chusma” del mundo, al estilo de doña “Florinda”, que siendo del tercer mundo se consideran en lo local los grandes herederos de Europa[2].
A veces hay que tenerle más miedo a los “fascistas del tercer mundo” que se alimentan de los discursos de “odio revanchista convertido en política de Estado contra los derechos, los migrantes, los “zurdos”, los comunistas, los indios, las feministas o cualquier atisbo de igualitarismo social, que desempeña el papel de una expiación colectiva que canaliza el miedo al extravió del futuro[3]. Y que lo transmiten a sus reproductores, como el papel que juega aquel personaje que insultó a las autoridades indígenas en la entrada del Congreso al decirles: “aquí no tienen nada que hacer”, cuando el lugar donde se construyó la ciudad de Guatemala es territorio de los pueblos originarios, del pueblo Kaqchikel.
La discusión sobre el racismo se hace cada vez más importante hoy. Desde su origen se reprodujo con la colonización y el poder, para justificar el modelo económico y político bajo el principio de que “los bárbaros y salvajes no tienen la capacidad de tener su propio modelo de vida” y que los únicos que pueden crear un sistema para todos es el “blanco”, antes europeo, ahora “blancos nacionales o locales”.
El poder creado por el maximalismo blanco justifica que es necesario el genocidio en Palestina, como lo fue en Guatemala, Argentina, Chile, Africa, Alemania, por mencionar algunos casos. “Si queremos desarrollo tiene que haber sangre”, les dijo a líderes de las comunidades de Río Dolores, en el año 2015, un exembajador de Alemania en Guatemala.
El maximalismo blanco, con su ideología racista, depredadora y de extrema derecha hoy llamado fascismo, necesita de estructuras políticas afines que le puedan generar un cuerpo legal para tener fortaleza, “los indígenas no tienen ningún documento que les reconozca que estas tierras son de ellos” e hicieron creer que los títulos, documentos, etc., son sólo de contenido cosmogónico[4].
Se comienza a hablar de racismo de manera formal a finales de los siglos XV y XVI. Antes de la colonización europea a América Latina había xenofobia, los bárbaros y salvajes, eran los pueblos que no se dejaban conquistar. Con la Ilustración, en el siglo XVIII y XIX, se desarrolla el racismo llamado científico, que dividió a la humanidad en categorías biológicas. En nuestra región, la colonización europea justificó la explotación económica, la expropiación de tierras y la esclavitud para destruir los territorios ancestrales. Así como ahora lo justifica el imperialismo gringo e israelí o como lo justifican las “serviles” burguesías nacionales.
En los siglos XIX y XX se formaliza la palabra “racismo” y se comienza a masificar. Se comenzaron a hacer informes, el primero sobre racismo, desde el Sistema de las Naciones Unidas, del relator especial José R. Martínez Cobo (1981-1984), que concluyó que el clima social en que vivían la mayoría de las poblaciones indígenas era propio a los tipos concretos de discriminación, opresión y explotación. Se afirma en ese informe que “en muchos países los pueblos indígenas no tenían las mismas oportunidades de empleo, ni igual acceso que los otros grupos a los servicios públicos y/o a la protección en las esferas de salud, las condiciones de vivienda, la cultura, la religión y la administración de justicia. También señalaba que no podían participar significativamente en la vida política y que, por mucho tiempo, las poblaciones indígenas se habían resignado a esa situación o se habían esforzado por asimilar la cultura no indígena como única forma para lograr vivir en mejores condiciones”[5].
Durante la historia, las “ideologías raciales han sido construidas para justificar el poder, las desigualdades y las conquistas”[6]. Conquistas, invasiones, como las que hoy emprende, contra el mundo Estados Unidos, Israel, Rusia, China o cualquier otro país que se considera imperial, lo hacen fundamentándose en el racismo, con la idea que “ellos deben mandar y los otros obedecer”. Pero igual, cuando la burguesía local, ahora fortalecida con el narcotráfico y llamada jocosamente como el Pacto de corruptos, se piensa como los mandones, porque se sienten con poder, lo hacen con base a esas relaciones racistas que han construido desde la colonia.
El racismo, entonces, es relacional y puede variar pero no metamorfosearse. Muta y lo hace desde los racistas, enviando su odio hacia los otros considerados menores o en el caso de los Estados, considerados no ciudadanos o sin derechos, como son las mujeres, niños, jóvenes, pueblos indígenas, ancianos, etc.
De hecho, el racismo ha sido y es motivado por “proyectos políticos”[7] y en este caso también por el neofascismo y por el tecnofascismo. En cada país hay grupos fascistas y que deberíamos llamarlos también de “extrema derecha” o incluso “de derecha”, que salen con un discurso supuestamente no racistas o se presentan como “amigos de camino de los ninguneados”, cuando en realidad destilan actitudes racistas, como los políticos que se presentan con trajes indígenas o que dicen representar a pueblos originarios.
En ese sentido, debemos saber que la “historia no se repite en bucle. Creemos que estamos ante algo más parecido a una secuela, donde la lógica del fascismo —la lógica de la deshumanización, la exclusión, la supremacía racial y la jerarquía— se aplica ahora en un momento de crisis existencial global”[8]. Esa es la lógica del fascismo y de la extrema derecha que se recompone para seguir “acumulando riquezas y explotando los territorios de los que consideran incapaces” y esta es la pelea histórica que no hemos logrado detener.
Entonces, el racismo no lo podremos contener solo con melancolías o con discursos esencialistas/culturalistas. O pidiendo que se incluya este u otro elemento en las escuelas o instituciones del Estado. El racismo se debe enfrentar construyendo contrahegemonía, como lo pensaba Gramsci, que significa “la creación de una cultura ideológica y visión del mundo nuevo y que sea alternativa al poder existente. Y esto solo lo pueden crear los sectores subalternos para desafiar y reemplazar el poder y el consenso de la clase dominante” y que tampoco es el plurinacionalismo, ni el buen vivir, sino el “volver al komún”.
Mientras eso no se dé, las discusiones sobre el racismo terminarán siendo como un “espacio de contemplación”, como los retiros espirituales pentecostalistas (católico o protestante), en donde se va a contar y a hablar de pecado, del otro o el mío, esperando en un momento apocalíptico o la segunda venida de un salvador/mesías/libertador.
[1] https://garcialinera.substack.com/p/el-proyecto-cortoplacista-de-las?utm_source=multiple-personal-recommendations-email&utm_medium=email&triedRedirect=true), visto última vez el 17 de septiembre de 2026.
[2] https://www.facebook.com/photo/?fbid=1557163599785873&set=a.645766460925596&locale=es_LA, visto última vez el 17 de septiembre de 2026.
[3] https://garcialinera.substack.com/p/el-proyecto-cortoplacista-de-las?utm_source=multiple-personal-recommendations-email&utm_medium=email&triedRedirect=true), visto última vez el 17 de septiembre de 2026.
[4] Ochoa García, Carlos Fredy, Xelajuj, en la historia antigua. Maya’ Wuj, Guatemala, 2026.
[5] https://www.nacionmulticultural.unam.mx/100preguntas/pregunta.php?num_pre=77, visto última vez el 17 de septiembre de 2026.
[6] Bethencourt, Fracisco, Racismo, ARPA, Barcelona 2025.
[7] Ibidem.
[8] Klein, Naomi, https://www.democracynow.org/2026/9/15/klein_taylor_end_times_fascism?utm_source=Democracy+Now%21&utm_campaign=c0e31a15c7-Daily_Digest_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_fa2346a853-c0e31a15c7-193045975, visto última vez el 17 de septiembre de 2026.



