Al 14 de agosto, Guatemala registraba 36,527.39 hectáreas afectadas por incendios. En Palencia, una brigada forestal comunitaria se organiza cada temporada seca para enfrentar quemas fuera de control y posibles incendios intencionales; una experiencia que muestra la capacidad de organización comunitaria frente a las brechas institucionales en prevención e investigación.
Por Glenda Álvarez
En Palencia, municipio de Guatemala, las labores de prevención comienzan cuando disminuyen las lluvias, antes del periodo de mayor riesgo de incendios, que según la experiencia comunitaria se extiende de diciembre a marzo.
Blanca Morales y otros siete vecinos recorren y vigilan sus terrenos, retiran vegetación seca, construyen brechas cortafuego y distribuyen depósitos de agua en diferentes puntos. También mantienen un grupo de contactos en la red social de WhatsApp para compartir alertas y coordinarse cuando detectan humo o alguna quema que pueda salirse de control.
Blanca tiene una trayectoria de más de diez años en la defensa de los recursos naturales de Palencia. Es lideresa comunitaria, profesional del derecho y productora avícola orgánica. Su trabajo se ha enfocado en la protección y regeneración ambiental de la microcuenca de Las Cañas, este es un territorio de mucha importancia hidrológica a escasos 26 kilómetros de la ciudad capital. Blanca participa en jornadas de reforestación con especies nativas y en acciones para proteger los nacimientos de agua.

Blanca Morales, lideresa comunitaria, ambientalista y parte de la brigada forestal comunitaria contra incendios en Palencia. Créditos: Derik Mazariegos
Como lideresa también ha promovido denuncias, procesos de fiscalización y espacios de diálogo por la contaminación y los incendios ocurridos en las cercanías del vertedero municipal de El Tabacal.
“Generalmente la brigada la conformamos ocho personas. La mayoría son dueños de los terrenos y personas voluntarias que siempre tratan de estar disponibles”, explicó Morales.
El grupo de WhatsApp reúne a las personas que participan directamente en las labores de prevención y control, pero también incorporaron a un integrante de la Secretaría Ejecutiva de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (SE-CONRED).
Cuando identifican un incendio, se comunican con el encargado de la institución en el área, quien canaliza la alerta y gestiona el apoyo de los Bomberos Voluntarios. Sin embargo, la falta de recursos y el difícil acceso a las laderas y barrancos donde ocurren los incendios pueden retrasar o limitar la respuesta.
En las últimas semanas, el grupo perdió a uno de sus integrantes. Ángel Yovanny Secaida Véliz, quien era parte de la brigada forestal comunitaria, fue localizado sin vida, luego de sufrir un accidente mientras se encontraba pastoreando su ganado en un terreno topográficamente complicado.
Para Blanca y la brigada, la muerte de Ángel es una pérdida irreparable para el grupo, pues era uno de los encargados de alertar a la comunidad ante un incendio forestal.
Brechas para detener el avance del fuego
Una de las principales acciones preventivas de la brigada comunitaria consiste en construir brechas cortafuego horizontales -un franja de terreno completamente limpio- siguiendo el contorno de los terrenos. Para hacerlas, cortan el jaraguá, el zacate y el monte, y limpian franjas de entre tres y cuatro metros de ancho.
Aunque se trate de laderas pronunciadas, retiran la vegetación y raspan el suelo hasta dejarlo libre. La finalidad es que, cuando las llamas alcancen esa franja, encuentren menos vegetación para continuar propagándose, sin materiales inflamables este fuego se apague y ganen tiempo para proteger el bosque.
En estas labores utilizan machetes, azadones y un McLeod o rastrillo forestal. Esta última es una herramienta que combina una hoja para cortar y raspar el suelo con dientes de rastrillo para remover vegetación, abrir líneas de defensa y retirar material combustible.

Brigada comunitaria intentando controlar un incendio en Palencia. Créditos: Wellinton Osorio
Según Blanca, antes de limpiar algunas franjas también aplican herbicida alrededor del terreno. Posteriormente cortan y retiran la vegetación. Ella reconoce que el uso del producto impide sembrar en esa parte, pero explica que recurren a este procedimiento para conservar una separación que les permita proteger el bosque.
La propiedad está dividida entre un sector con árboles adultos y otro en proceso de regeneración impulsado por los mismos vecinos. Los pinos más antiguos pueden resistir algunos incendios superficiales, aunque resultan vulnerables cuando el fuego alcanza las copas. Los árboles jóvenes, algunos de apenas 15 o 20 centímetros, pueden morir completamente con el paso de las llamas.
Retirar los residuos que se convierten en combustible
Las labores preventivas se intensifican cuando terminan las lluvias, generalmente entre noviembre y diciembre. Después de recoger las cosechas, la brigada recomienda a los agricultores juntar los residuos de la milpa y el bagazo del frijol, en lugar de dejarlos dispersos sobre el terreno.
Cuando se secan, estos residuos se vuelven altamente inflamables y pueden acelerar la propagación del fuego. La preocupación es mayor este año porque, según las observaciones de Blanca, varias siembras se perdieron por la falta de lluvia y algunos terrenos quedaron cubiertos de hojas y tallos secos.
El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología proyectó para agosto, septiembre y octubre de 2026 condiciones asociadas con El Niño, entre ellas déficit de lluvia y aumentos de temperatura de hasta 3 °C en algunas regiones de Guatemala.
Por su parte, el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos estimó una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027. También calculó un 69% de probabilidad de que, entre octubre y diciembre, alcance una intensidad histórica y supere los eventos registrados desde 1950.

Uno de los incendios de grandes proporciones en el municipio de Palencia. Créditos: Wellinton Osorio
La lideresa teme que estas condiciones puedan adelantar el periodo de incendios en Palencia. Por eso, los vecinos comenzaron a vigilar antes de los meses en los que normalmente intensifican su organización.
Agua distribuida para reducir tiempo y esfuerzo
Ante un incendio forestal, la brigada utiliza bombas de fumigar manuales y eléctricas para transportar agua. Cada mochila tiene una capacidad aproximada de 15 litros. Además, los vecinos colocaron toneles y otros recipientes con agua en diferentes puntos de la reserva.
La distribución del agua responde a las dificultades del terreno, cuando se produce un incendio en una ladera o barranco, regresar a buscar agua implica perder tiempo y someterse a un mayor desgaste físico. Con la mochila, el agua y el resto del equipo, la carga puede alcanzar, según la estimación de Blanca, entre 60 y 75 libras.
El peso se suma al calor, el humo y la inclinación del terreno. Los voluntarios se exponen a caídas, intoxicación por humo, insolación y quemaduras.
La brigada sabe que su capacidad tiene límites. Hay incendios que abarcan extensiones demasiado grandes o que se producen en barrancos y laderas a los que no pueden ingresar sin poner en riesgo sus vidas. La organización comunitaria permite anticiparse, alertar y responder ante fuegos pequeños, pero no sustituye al personal capacitado, al equipo de protección ni a la responsabilidad de las instituciones públicas.
Tres departamentos concentran cuatro de cada diez incendios
La experiencia de Palencia adquiere especial importancia porque al formar parte del departamento de Guatemala se encuentra entre los territorios con más incendios registrados.
Según datos brindados por Edson Sandoval, subdirector de Incendios Forestales de la (SE-CONRED) hasta el 14 de agosto de 2026, el departamento de Guatemala ocupa el segundo lugar de siniestros liquidados.
“Esto se podría decir que año con año son los más afectados”, explicó Sandoval.
El funcionario explicó que la temporada de incendios de este año acumula más siniestros que la anterior, pero con menor extensión afectada.
En 2025 se contabilizaron 1,715 incendios y 41,147.91 hectáreas quemadas -equivalen aproximadamente a 57,630 campos de fútbol (usando la medida estándar FIFA de 0.714 hectáreas o 7,140 metros cuadrados por campo).-; mientras que en 2026, hasta el 14 de agosto se han reportado 1,826 incendios, 111 más que el ciclo pasado, con 36,527.39 hectáreas afectadas hasta la fecha.
Las actividades humanas principal causa, pero no identifican responsables
El subdirector de Incendios Forestales estima que cerca del 99% de los incendios registrados en Guatemala está relacionado con actividades humanas. Entre las causas probables mencionó quemas agrícolas que se salen de control, quema de basura, basureros clandestinos próximos a zonas boscosas y eventos posiblemente intencionales.
Los incendios naturales provocados por rayos, caída de lava o material volcánico son excepcionales, según el funcionario.
El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), presentó una proporción similar en su informe sobre la gestión del fuego durante 2025, señaló que el 99% de los incendios forestales atendidos en áreas protegidas tuvo origen antropogénico, principalmente por quemas agrícolas descontroladas, manejo inadecuado del fuego y negligencia. La institución reportó 318 incendios forestales dentro de áreas protegidas durante la época seca de ese año.
Sandoval aclaró que la SE-CONRED no cuenta con equipos de investigación penal y únicamente establece causas probables. La investigación de posibles responsabilidades corresponde al Ministerio Público (MP).
No obstante, según Blanca Morales, en mayo de 2024 mientras ella y su familia trataban de contener un incendio que alcanzó su propiedad, afirmaron haber observado a trabajadores de la empresa encargada del vertedero municipal de Palencia, iniciar otro incendio.
La Policía Nacional Civil (PNC) identificó a las personas y la familia interpuso la denuncia ante el Ministerio Público, pero luego de un tiempo su denuncia fue desestimada. Para Blanca, la falta de respuesta institucional en estos casos es preocupante y desalentador.
“No hay muchas personas que se atrevan a denunciar en estos casos y cuando alguien lo hace pasan este tipo de cosas”, lamentó.
No todos los incendios pueden atribuirse a los agricultores
Aunque la SE-CONRED incluye las quemas agrícolas descontroladas entre las principales causas probables de los incendios, Blanca asegura que no se debe responsabilizar de manera generalizada a quienes trabajan la tierra.

Don Moisés Quevedo Martínez en labores durante uno de los incendios forestales en Palencia. Créditos: Wellinton Osorio
Según su experiencia, quienes dependen de sus cultivos procuran conservar la fertilidad de los terrenos porque un incendio también puede destruir la materia orgánica y obligarlos a invertir más en fertilizantes durante el siguiente ciclo agrícola.
“Un buen agricultor no va a quemar su campo porque a la hora de hacerlo, se queman los nutrientes. El año siguiente nos va a costar más y vamos a tener que invertir más en abono para que la cosecha cargue”, aseguró.
El cambio de uso del suelo
Blanca sospecha que algunos incendios están relacionados con el interés de transformar terrenos forestales en espacios para construir proyectos de construcción como viviendas, bodegas u otros proyectos.
La lideresa explica que la memoria comunitaria permite observar los cambios ocurridos durante periodos largos. Montañas que hace 10 o 15 años estaban cubiertas de árboles y que sufrieron incendios recurrentes aparecen posteriormente ocupadas por construcciones.
“Uno recuerda que una montaña era puro monte y que todo eran árboles, quince años después pasa por el mismo lugar y encuentra casas, bodegas o un centro comercial”, manifestó.
Para la lideresa la quema reiterada también vuelve los terrenos menos atractivos para la agricultura, debido a la pérdida de fertilidad y al aumento de los costos de producción. Esto alimenta la sospecha de que algunos incendios podrían buscar facilitar otro uso del suelo.
Lo que no se mide: biodiversidad y restauración
Sandoval explicó que más allá de la clasificación de un incendio como forestal o no forestal SE-CONRED no cuenta con las herramientas o mecanismos para determinar con precisión qué especies de flora o fauna resultaron afectadas en casa siniestro.
El sistema mide cuánto se quema y el tipo de bosque afectado, pero no la biodiversidad que se pierde ni qué se necesita restaurar después.
Esa ausencia de datos sobre biodiversidad afectada y sobre procesos de restauración ecológica post-incendio es, junto con la investigación de causas y la prevención, uno de los vacíos que atraviesan el sistema guatemalteco de gestión del fuego.
Se apagan los incendios, pero no siempre se previene, no siempre se investiga y casi nunca se documenta lo que el fuego destruyó más allá del número de hectáreas. Otro grave problema es que no hay acciones directas del gobierno municipal o del Estado para la recuperación de lo perdido. Frente a este escenario la prevención es la herramienta más importante de las y los comunitarios para enfrentar este problema en Palencia.

Don Moisés Quevedo Martínez compartiendo con estudiantes sobre prevención de incendios y creación de brechas corta fuegos. Créditos: Wellinton Osorio



