En Pueblo Nuevo Suchitepéquez, durante el Miércoles y Jueves Santo, grupos de niños y jóvenes recorren las calles con la figura de Judas. Esta tradición refleja la importancia de las prácticas comunitarias que forman parte de la otra Semana Santa.
Por Imelda Tax
Como parte de las tradiciones de Semana Santa, en Pueblo Nuevo Suchitepéquez varios grupos de personas, entre ellos niños y jóvenes, recorren las calles principales del municipio encabezados por la figura de Judas. Este recorrido se realiza entre el Miércoles y Jueves Santo, como una expresión comunitaria que combina memoria religiosa, organización colectiva y convivencia.

Antes de iniciar el recorrido del Miércoles Santo, la quema de juegos pirotécnicos marca el comienzo de las presentaciones. El sonido de las matracas gigantes, elaboradas en madera y cargadas por los participantes, anuncia el paso de Judas por las calles. En esta tradición participan niños desde los ocho años, aunque en su mayoría son jóvenes quienes integran los grupos.
Don Virgilio de León explica que el recorrido inicia el Miércoles Santo a las 2 de la tarde y finaliza a las 7 de la noche. Para el Jueves Santo, la jornada comienza a las 6 de la mañana y concluye al mediodía. Durante ambos días, los grupos recorren distintos puntos como Pueblo Nuevo Suchitepéquez, San Francisco Zapotitlán, Zunilito, San José, así como las fincas Las Ánimas y Pecul.
El objetivo del recorrido es recolectar pan o aportes económicos que las personas entregan como ofrenda a Judas. En cada parada, los participantes gritan de manera colectiva “Pan para Judas”, una consigna que forma parte del ritual y que convoca a la comunidad a participar.

Durante la media jornada de ambos días se observan alrededor de 15 grupos, cada uno con su propio Judas. La presencia de estos grupos muestra cómo la tradición es asumida por distintas familias y sectores de la comunidad, que se organizan para mantenerla viva año con año.
Según explican los participantes, el sentido de esta práctica es recordar la historia bíblica de Judas, quien traicionó a Jesús y tras su arrepentimiento, se quitó la vida. Sin embargo, más allá de su origen religioso, la tradición también se ha convertido en un espacio de encuentro social y continuidad cultural.

Don Antonio Lux recuerda que, años atrás, en la casa anfitriona se mantenía a Judas y se le ofrecía puro y licor. Las personas llegaban a ese lugar para jugar dados, ceras o tipachas alrededor de la figura, y quien ganaba recibía un premio económico. También señala que asumir la responsabilidad de elaborar un Judas implicaba una “penitencia” de siete años, “La penitencia son siete años para hacer el Judas, luego se queda otra persona por otros siete años a cargo”, comenta.
Con el paso del tiempo, la tradición ha cambiado. Antes, Judas era representado con vestimenta similar a la de San Simón o Maximón; actualmente, muchos lo visten con traje formal, similar al de un comité. A pesar de estas transformaciones, la práctica continúa siendo impulsada por las nuevas generaciones.

Al finalizar el recorrido del Jueves Santo, todos los grupos se reúnen con sus respectivos Judas para realizar una presentación colectiva. Posteriormente, las figuras son colgadas y se premia económicamente al mejor Judas. Como acto final, se les retiran las prendas y las estructuras son desarmadas, marcando el cierre de la actividad.
Esta tradición, que tiene más de 108 años, sigue vigente en Pueblo Nuevo Suchitepéquez como una expresión viva de memoria, organización comunitaria y continuidad cultural en el marco de la Semana Santa.



