NO SE HAN IDO (para leer en el cementerio)

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Créditos: Prensa Comunitaria

Kajkoj Máximo Ba Tiul

Este viejo refrán “cuando el río truena, es que piedras lleva”, puede ser propicio para hilar un análisis, sobre lo que hoy está pasando en Guatemala.  Desde un inicio advertíamos que este gobierno (Arévalo) era “un gobierno sin proyecto y sin plan”.   

Y desde el inicio de su mandato, afirmábamos que, su único soporte local, fueron las reuniones con grupos de ancestrales, unos reconocidos y otros no, así como de organizaciones sociales, sobre todo campesinas e indígenas, que poco a poco comenzaron a frustrarse y su entreguismo total a la comunidad internacional y sobre todo a Estados Unidos.  

Aun así, la esperanza no moría, aunque también sabíamos que no tenía la capacidad de desmontar el sistema o hacer cambios estructurales profundos, pero que sí, podría abrir la ruta, para construir un proyecto, instrumento o programa más sólido para el futuro, pero tampoco pasó, sobre todo porque para este último se requería de estructuras organizativas sociales o de sociedad civil fuertes y con una ideología clara, cosa que, en Guatemala, aún no hay.

Un gobierno que, desde la segunda vuelta electoral, los medios lo presentaron como “un gobierno progresista y de izquierda” que incluso, el presidente Petro en la toma de posesión dijo: “No me voy hasta que tome posesión”, pensando que iba a ser el inicio de un gobierno reformador en Guatemala y un aliado de gobiernos progresistas en el continente o por lo menos, no tan servil al imperio norteamericano y tampoco lo ha sido.

Poco tiempo duró la esperanza.  ¿Pero qué pasó?  Desde un principio, cuando eligió a su primer gabinete, comenzamos a advertir, que su gobierno ya había sido infiltrado por el pacto criminal en todas las dependencias, principalmente en los Ministerios, en secretarías y comisiones, como la CODISRA, la COPADEH y FODIGUA. Incluso en las reuniones bilaterales, que le llaman diálogo con autoridades indígenas, existen estructuras u organizaciones, que se sentaron a la mesa solo para ver que sacaban, sobre todo puestos y otros tienen vínculos con partidos del pacto criminal y grupos criminales.  

En las dependencias del Estado en los municipios y departamentos, muchos fueron galardonados con puestos como si fueran de semilla, pero “eran más militantes del pacto criminal” y que poco a poco han sacado las uñas, como se dice coloquialmente.

Los errores del gobierno, son producto de la falta de una estrategia táctica y política, para enfrentar no solo a los corruptos, sino a todos los criminales guatemaltecos.  Criminales de cuellos blanco y de no tan blanco.  En vez de articular procesos, por lo menos pequeños, conjuntamente con el pueblo, inició con un enfrentamiento fuerte con los alfiles del pacto criminal, sobre todo con la fiscal general, sin enfrentar a quienes verdaderamente dirigen el caos.  A estos los tocó de forma muy leve y sin darle mucha importancia.  

Al no escuchar el clamor de la gran mayoría, para convocar a un diálogo nacional, con la participación de todos los sectores y, no solo con los indígenas y campesinos, sino con todos los sujetos políticos del país, para construir una agenda mínima para la gobernanza del país, hizo que se perdiera en la colina y no ha podido, ni querido ver el bosque.

Confiarse, que el pacto criminal, lo iba a dejar gobernar, porque su gobierno contaba con el apoyo de la comunidad internacional, fue una ingenuidad.  Dejar que su proyecto solo fuera enfrentar la corrupción, sin avanzar en resolver pequeños problemas, fue otro error.  No tener la fuerza necesaria, para sacar de las distintas dependencias a los pequeños peones del pacto criminal, un error garrafal y es más reclutar a personas que en un principio decían ser semilla y que en realidad eran del pacto criminal, otro más grande.

“Mi jefe era de la familia de diputados viejos, y que decía simpatizar con semilla, pero a la primera, comenzó a tranzar los apoyos que venían para las comunidades, con alcaldes y diputados”, me contaba una amiga que trabaja en una institución del Estado.  “Quienes no dejan que camine nuestro programa, es la gente que dejaron los criminales en puestos claves”, me contó otro amigo que trabajaba en otra institución.  Pero también, se reclutó gente que en un principio dijeron simpatizar con los cambios que estaba promoviendo el gobierno de semilla, pero en realidad, lo decían para tener un trabajito, como pago de “derecho de piso”.

¿Qué pasó en el camino? No perdamos de vista, que tanto Semilla como partido, como movimiento político y como gobierno, es de ese tipo de “movimiento narcisista, con un gran nivel de egolatría”, su liderazgo piensa que solos lo pueden hacer.  Sin analizar que los errores, arrogancia, la inmadurez, los infantilismos se pagan caro.  

Se confiaron en las fuerzas que nunca tuvieron. Se conformaron con sus mesas de diálogo con algunas estructuras de ancestralidad indígena, que conocieron durante al paro, olvidando que Guatemala no solo se reduce a dirigentes y líderes que “supuestamente dirigieron el paro del 2023”, porque hubo líderes de barrios, comunidades, coloniales, caseríos, que también salieron y que tuvieron mucha más fuerza que los llamados “siete pueblos”. 

Quisieron resolver el error con las famosas reuniones para elaborar el pésimo borrador de ley de agua y que, como pueblos indígenas, nos vimos traicionados, porque no responde a las demandas de los pueblos en los territorios, desconoce la autonomía y la libre determinación de los pueblos y el avance que algunos territorios han tenido para recuperar sus tierras comunales.

Hasta ahora, han hecho gobierno, contando con “entidades y áreas gubernamentales que no saben, no conocen y no pueden hacer lo que deben hacer, que no escuchen ni sean capaces de hacer autocrítica, de darse cuenta de que no son, y tampoco tienen por qué ser infalibles, y con ello, no hace bien que continúen pretendiendo serlo. Ser arrogantes, encima de incapaces, eso sí que es pecado mortal”.  Por ejemplo, “vertimos alguna opinión sobre la famosa ley de agua, luego salen a su defensa, como si todo estuviera escrito en piedra”, una “comisionada de CODISRA, presentándose como la intocable”, “asesores que se consideran como los únicos grandes inteligentes del universo”, “diputados a los que es difícil acceder a ellos, porque ni una llamada le responden a la gente”.  “Desde que inició el gobierno, se le pidió que se acercara a todos o que los 23 diputados fueran a visitar los departamentos” y nada pasó.  

El presidente se quedó con la idea de que, en poco tiempo, hay elecciones para nuevo o nueva fiscal general y piensa que ahí es donde estará la oportunidad de “cambiar”, sin tomar en cuenta que los profesionales que le propongan, sean del pacto “criminal”.  Entonces, ¿qué va a hacer?  Se les olvida que al enemigo no “hay que subestimarlo”.  El enemigo, es enemigo y sigue vivo.  No es cierto, como dicen algunos que están conformando un proceso de articulación, que es para no “dejar que el pacto de corruptos/criminal, vuelva”.  ¿Cuándo se han ido? ¿A dónde se fueron?  

Podríamos decir así, si ya los hubiéramos derrotado.  Porque estos ahí están, vivos y coleando y han están infiltrados en las instituciones y dependencias del gobierno, algunos llegaron como “semilla”, pero eran del “grupo criminal”. “Mi jefe llegó diciendo que era de semilla y al poco tiempo ya estaba haciendo trances con los diputados mafiosos”, me contó una amiga que trabaja en esa dependencia.  “Como vamos a avanzar si los anticomunistas dejaron a sus patojos antes que se fuera Giammattei”, decía otro amigo, que trabajaba en otra dependencia.

Los errores, la mediocridad, la ingenuidad, la falta de coraje se pagan caro y lo peor es que sea un gobierno que no piensa, que está poniendo en peligro el futuro de todos los guatemaltecos que confiaron que íbamos a cambiar y que confiadamente piensa que cada acción de pacto criminal “son patadas de ahogado”, cuando no es así.  Los criminales conocen las debilidades del gobierno y por eso lo atacan y Arévalo piensa que con el acompañamiento de la OEA o la ONU va a poder enfrentar y se olvida que “es el pueblo de Guatemala, quien al final debe frenar a este grupo de criminales”, porque el proyecto del pacto, “más que buscar la verdad, buscan la desestabilización progresiva de un proyecto político que ha intentado, sin demasiado éxito, rescatar las instituciones capturadas durante la era del Pacto de Corruptos”.

Ante esto, el gobierno de Arévalo, en este tiempo que le queda, debe redefinir su ruta, su plan o proyecto.  “Claro,  en dos años, no se puede desmontar el sistema, pero si, por lo menos que los cambios repercutan en la vida de la gente y para eso, deberá cambiar funcionarios medios o firmar un pacto ético con todos ellos y mejorar su gabinete, redefinir acuerdos firmados con indígenas y campesinos, redefinir y reescribir anteproyectos de leyes como el de agua, pero, sobre todo, presentarse como quien representa la unidad nacional y dejar de utilizar el mismo mecanismo de casi insulto que utilizan sus detractores”.

De parte de las sociedad civil o ciudadanos (como ahora les gusta llamarse), deben saber que urge, la articulación o la construcción de un “Frente Político”, pero pensado y construido desde abajo y no un modelo “ladino/mestizo urbano, clase mediera para abajo”, que convenza a la población que no podemos perder la batalla, que no podemos perder la ruta o el futuro.  Una articulación que no caiga en la tentación de solo ver al MP, a la CC o a la CSJ, como los únicos golpistas, sino al pacto criminal, conformado por: empresarios, narcos, militares, lideres religiosos, lideres políticos, etc., que están alimentados por el fascismo y racismo, al estilo guatemalteco, pero fascistas y racistas y con “delirio de poder”.

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