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Hasta siempre Juan Lojo, revolucionario guatemalteco

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Créditos: Prensa Comunitaria
Tiempo de lectura: 2 minutos

 

Ágil como un gato… Su inteligencia era tan aguda que casi le perjudicaba… Sin embargo, lo primero que me impresionó en Felipe fue su disposición a servir.

Marjorie Melville, ¿Para quién es el cielo?

Por Fabián Campos

Juan Lojo es un nombre que para la población guatemalteca menor de sesenta años puede no tener ningún significado, sin embargo, fue un hombre crucial para la lucha armada y el proceso histórico de Guatemala de la segunda mitad del siglo XX.

Como militante de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) respondió a los seudónimos de “La sombra”, “Luis” o “Barbas de oro”. José María “El Coche” Vides, le espetó el sobrenombre de “El Psicoloco”.

Juan Lojo fue uno de los puentes que permitieron el encuentro entre la guerrilla y la teología de la liberación, cuando esta corriente teológica y política todavía no adquiría ese nombre de la pluma de Gustavo Gutiérrez; Enlace entre la revolución y los jóvenes de clase media y alta del Grupo Cráter que se radicalizaron en la década de 1960; Eslabón entre la insurgencia y los pueblos indígenas del Altiplano guatemalteco. En suma, Juan Lojo, su vida y obra son fundamentales para entender la guerra civil y mucho de cómo hoy se configura Guatemala.

De su toma de conciencia y compromiso insurgentes se desprendieron operativos que le permitieron a Luis Turcios Lima regresar de la Tricontinental y encontrarse con un fondo de guerra crucial para iniciar los planes de la primera ofensiva guerrillera en Guatemala.

Con esa acción individual se inició en territorio guatemalteco la parte centroamericana de crear “dos, tres Viet Nam” enarbolada por Ernesto Guevara de la Serna.

En plenos preparativos para la ofensiva guerrillera, el 2 de octubre de 1966, en un trágico evento automovilístico, aún no aclarado del todo para algunos especialistas y testimoniantes, Luis Turcios Lima perdió la vida junto con su acompañante Silvia Ivone Flores.

“La sombra” acompañó a César Montes tras asumir como comandante de las FAR. Le presentó a Margarita Bradford y a los hermanos Melville. Realizó parte de los preparativos para la asistencia insurgente a la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). El plan Turcios siguió su marcha por intermediación de Juan Lojo.

El fin de año de 1967, la conspiración de los indígenas del Altiplano, los Mariknoll y las FAR fue descubierta. Juan Lojo tuvo que abandonar el país y se asentó definitivamente en México.

Ese es uno de los motivos de que, incluso para militantes de los años setenta en adelante, el nombre de Juan Lojo no tenga el significado que realmente tuvo en la historia de la guerra civil guatemalteca.

El pasado jueves 6 de junio, Juan Lojo enfrentó la muerte con determinación e implacable sentido revolucionario. Porque, como el mismo señalaba con su voz de trueno, nunca se deja de ser guerrillero. “Así como no hay exasesinos o exvioladores, no hay exrevolucionarios. Los traidores siempre fueron traidores”.

Irreverente, polémico, hombre de tempestades y terremotos, descansa en paz.

 

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