
La justicia, ni pronta ni cumplida pero justicia al fin
Por: Lucrecia Molina Theissen 5 de febrero de 2013. Guatemala era un infierno, Ríos Montt era el demonio y yo era un animal perseguido por despiadados cazadores. Ya había sucedido lo de Marco Antonio y, pese al dolor que aún hace que se me doblen las rodillas, me mantenía en pie sostenida por la terquedad y la rabia respirando el aire envenenado, saturado de muerte y de las mentiras proferidas por el pastor evangélico al que consideraba un loco altamente peligroso. Ignorante de lo que sucedía en










