Un grupo de garífunas de diferentes comunidades de Honduras permanece en resistencia en el Campamento “Por la Vida del Pueblo Garífuna” y esperan que 200 personas más se unan a la resistencia en la capital del país para defender sus territorios y exigir el fin de la criminalización contra líderes.
Por Lucero Sapalú
Las horas se han convertido en días, los días en semanas y las semanas dentro de poco sumarán dos meses. Ese es el tiempo que varias comunidades del pueblo Garífuna han permanecido en resistencia pacífica frente al Palacio de Justicia, sede de la Corte Suprema de Justicia, que se ubica en Tegucigalpa, Honduras.
El pasado 10 de agosto las comunidades campesinas y garífunas se unieron y se establecieron de manera indefinida frente a la sede judicial para exigir justicia. Ese día nació el Campamento por la Vida del Pueblo Garífuna, una renovación del Campamento Feminista Viva Berta Cáceres, establecido allí mismo.
Es un plantón de legítima expresión ciudadana que permanece activo las 24 horas y los siete días de la semana, exigiendo el cese de la persecución judicial contra cinco integrantes de la comunidad de San Juan, la represión e intimidación de las fuerzas de seguridad y el cumplimiento de las cuatro sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a favor de la defensa de los territorios ancestrales.
Prensa Comunitaria no obtuvo respuesta del subsecretario de prensa del Gobierno de Honduras, Vladimir Vaca, al preguntarle si el gobierno de Nasry Asfura ofrece solución a las actuales demandas garífunas. El pasado 21 de septiembre, la Procuraduría General de la República de Honduras (PGR) convocó a la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) a una reunión para coordinar el cumplimiento de una de las cuatro sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), específicamente la del caso denominado Comunidad Garífuna de Cayos Cochinos vs. Honduras.
Ofraneh decidió no acudir a dicha reunión y en conferencia de prensa el 22 de septiembre argumentó que la lucha pacífica del pueblo garífuna es clara y contundente y no aceptará convocatorias del gobierno hasta que se acceda a dar cumplimiento a las cuatro sentencias de la Corte IDH y termine con los desalojos ilegales y la criminalización.
El presidente de Honduras, Nasry Asfura, asumió el cargo el 27 de enero de 2026 en un contexto lleno de incertidumbre, polarización, desplazamientos forzados, ataques a defensores de los humanos y violencia de género, según varias organizaciones del vecino país centroamericano. El clima tenso se agudizó el pasado 4 de junio, cuando el Congreso de Honduras aprobó la “Ley para el Fortalecimiento y Protección del Sector Agroindustrial”, una normativa que avala desalojos masivos y brinda apoyo a los intereses corporativos.
¿Cómo es un día en el Campamento por la Vida?
Al menos 100 pobladores permanecen día y noche en este lugar, donde han instalado carpas de campaña y han improvisado algunas champas, un tipo de pequeñas viviendas improvisadas elaboradas con láminas de acero, madera, trozos de nylon o tela de diferentes colores que utilizan para dormir, descansar, refugiarse del sol, la lluvia y el frío.
Otros han instalado tiendas de campaña donde viven con adultos mayores y niños. Adentro no cuentan con muebles u otros enseres, la mayoría únicamente posee una colchoneta y un par de sábanas. En las tiendas para acampar conviven de tres a cinco personas todos los días, entre hombres, mujeres y niños.
Tania Iden, integrante de la Ofraneh, explicó que la comunidad garífuna está en resistencia y exige el cierre de la causa penal contra los cinco compañeros de la comunidad de San Juan y el cumplimiento de las sentencias emitidas por la CIDH, las que reconocen los derechos colectivos del Pueblo Garífuna hondureño.
“Me siento muy orgullosa de mi pueblo, de mi cultura, me siento con fuerzas de atraer a otros compañeros a esta lucha. Si nosotros no luchamos por nuestros derechos, el gobierno lo que está buscando es extinguirnos como pueblo garífuna, como pueblo indígena aquí en Honduras”, puntualizó Tania.
Un aroma que enamora
Las horas pasan y en el ambiente se percibe un aroma que enamora pues llegó el momento del desayuno. Para esta tarea fue designado un grupo de mujeres, hombres y personas de la comunidad LGBTIQ+, que prepara los alimentos en una improvisada cocina con leña, también se observan apenas unas cuantas ollas y pocos sartenes. Este día, el 20 de septiembre, el menú incluye tajadas de plátano verde con frijoles y huevos fritos para todos los miembros del campamento quienes se alistan con plato, vaso y cuchara en mano.
Deinor Mejía miembro del Comité de Defensa de Tierras de la comunidad garífuna de San Juan, aseguró que hay varias sentencias a favor del pueblo, las cuales no se han respetado y por eso resisten de manera pacífica en este campamento.
Mejía explicó: “Por ahora no nos queda más que luchar y dar la cara, más que todo, nosotros los jóvenes, somos los más afectados porque ya no tenemos acceso a nuestros territorios para poder sembrar y hacer nuestras viviendas, de poder utilizar el territorio que nos pertenece ancestralmente, hoy nos toca luchar y defender pensando en nuestras próximas generaciones”.
En el campamento la higiene personal es un tema de mucha importancia y ante la aglomeración de personas, fue designado un lugar para ubicar las duchas, sanitarios y baños que han improvisado. Hay cuatro en total, dos para uso de mujeres y dos para hombres. En el caso de los sanitarios se contabilizaron seis para uso mixto.
Para poder bañarse, las personas deben ir a traer en cubetas el agua al depósito comunitario. Llevarlo hasta las duchas de madera improvisadas con nylon negro y descubiertas en la parte superior. El agua que utilizan para sus tareas diarias la obtienen de camiones cisterna y la trasladan hasta este lugar. Posteriormente la almacenan en un depósito.
Para el consumo de agua potable cuentan con garrafones y botellas de agua purificada que es racionada entre la comunidad. A pocos metros se observa una especie de bodega improvisada que funciona como almacén donde guardan medicinas básicas y productos de limpieza, entre otros artículos. La población que necesite algún tipo de artículo puede llegar a solicitarlo. Le toman datos personales, le entregan el producto y firma de recibido.
Un espacio de lucha comunitaria
La vida sigue en el plantón. Por momentos los garífunas conversan entre ellos, leen periódicos, revistas o libros mientras descansan en sillas de plástico prestadas, las tareas asignadas cambian entre grupos, pero la convicción y la lucha sigue más fuerte que nunca.
La coordinadora general de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras, Jessica Trinidad, resaltó que este campamento es un espacio de lucha comunitaria donde convergen compañeras y compañeros de varias comunidades del país como integrantes del pueblo garífuna, de la comunidad indígena lenca, del pueblo maya chortí, además de campesinos y campesinas.
Durante sus declaraciones dijo: “Estamos en el centro de la capital y aquí las mujeres jugamos un papel muy importante porque se nos ha asignado el rol del cuidado (del campamento). Las mujeres transmiten la cultura garífuna porque ellas preservan y promueven el idioma, el cuidado de la cosecha, el canto y todo lo que tiene que ver con nuestra identidad”. Jessica Trinidad recalcó que el papel de las mujeres en esta lucha es trascendental porque garantiza que la cultura y la espiritualidad seguirán formando parte de la identidad de esta comunidad ancestral.
Un cocina comunitaria a cargo de la alimentación
El sol está en su máximo esplendor y pasado el mediodía, el grupo designado, pone manos a la obra para preparar el almuerzo que incluye pescado, arroz y ensalada. La comida ha sido donada por organizaciones y personas que creen en la resistencia pacífica del pueblo garífuna.
Alias “Fresita” forma parte de un grupo de la comunidad LGBTIQ+ que acuerpa esta expresión ciudadana y afirmó que si el pueblo los necesita, ya sea en logística, cocina, espiritualidad o en otras áreas “elles apoyarán”. Para la elaboración de los alimentos, hay tres equipos organizados que se turnan, cada grupo está conformado por seis personas.
“Ofraneh para nosotros es como nuestra familia, formamos un grupo de danza que es grupo Arcoíris y estamos aquí para exigir que dejen en paz a nuestros pueblos en Punta Piedra, Triunfo de la Cruz, San Juan y Cayos Cochinos”, señala Fresita.
La entrevistada dijo que este gobierno sigue sin obedecer la sentencia de la CIDH, pero continúan con fuerza, valentía y esperanza para que todo mejore. “Confiamos en nuestros ancestros que también nos acompañan y que no nos han fallado en ningún momento”, mencionó.
Al culminar el día, se inician los preparativos para la cena, se pelan los plátanos para la elaboración de patacones, se empieza a rejuntar el fuego y se pone agua para hervir y luego preparar café. Para la cena hay patacones con frijol, queso y una taza de café. Las personas se enfilan para poder recibir su alimentación. Los platillos se diversifican pero la base de la cocina hondureña y del pueblo garífuna son los mariscos, plátanos y bananos verdes.
Danza y resistencia
Por la tarde el ambiente cambia al ritmo del garawon (tambor), las sisira (maracas) y el puro, las percusiones retumban, el sonido seduce al oído y el pueblo canta y danza frente a la Corte Suprema de Justicia donde exigen justicia por su pueblo.
A las 18:00 horas, por medio de la sagrada ceremonia ‘El Chugú’, la comunidad garífuna se conecta y se comunica con sus ancestros. Es un momento sagrado para pedir orientación espiritual. Amada López dirige la ceremonia. Es una de las integrantes más antiguas de Ofraneh y es también reconocida por su acompañamiento en espiritualidad hacia la comunidad garífuna. Su lucha para defender los derechos humanos del pueblo garífuna inició hace 29 años.
En este campamento hay grupos que llevan un mes, otros llevan más de un mes y aseguró que cada vez hay más personas que se integran para relevar a otros compañeros para que puedan descansar. “Aquí la lucha son las 24 horas a favor de nuestra organización y a favor de las cinco personas que enfrentan un proceso penal que son nuestros compañeros de San Juan”, puntualizó Amada.
También nos compartió que han enfrentado algunos incidentes con el gobierno, porque no quiere ceder a las peticiones del pueblo. Y reiteró que existen cuatro sentencias de la Corte IDH y que ningún ente gubernamental las quiere reconocer. “La mayoría de las personas se han trasladado hacia Cayos Cochinos pero estamos esperando a 200 hermanos garífunas para que se sumen a este campamento aquí en Tegucigalpa”, finalizó la activista.
En el campamento realizan además diversas danzas al ritmo del tambor. Cada grupo, integrado por unas diez personas, pasa uno tras otro, sin coreografía ensayada y ni orden preestablecido, solo se sigue la melodía para continuar. Los bailes más tradicionales son los Chugu, Dugu Gunchey Banguidi.
El ocaso de la jornada
El sol se oculta, llega la noche y con ella uno de los principales desafíos del pueblo garífuna que pernocta en el campamento: obtener energía eléctrica para no permanecer a oscuras durante la jornada. Para solventar este inconveniente ellos ingeniaron un mecanismo para obtener este suministro del alumbrado público. Sin embargo, el flujo eléctrico en el sector está habilitado únicamente de 18:00 a 22:00 horas para cargar los celulares o para preparar su casa de campamento y enfrentar las lluviosas y frías noches.
Entra en escena la cocina improvisada para la hora de la cena. El menú de esta noche incluye catrachas con frijol y queso. La catracha es parte del menú hondureño, son tostadas de maíz con frijol y queso. Las tortillas son elaboradas desde cero y luego fritas hasta lograr una consistencia de tortilla gruesa o tostada. Algunos otros días también consumen las baleadas hondureñas, unas tortillas de trigo, frijoles rojos, crema, queso rallado, huevo, plátano maduro y carne.
A las 22:00 horas el suministro eléctrico es suspendido y los pobladores se preparan para dormir, algunos aprovechan el momento para fumar un puro de tabaco a la luz de la luna. Hay algunos días que son tranquilos, duermen desde las 22:00 hasta las 5:00 horas, pero hay días complicados como el 19 de septiembre, cuando la capital hondureña fue azotada por una fuerte lluvia que obligó a la población a despertarse, pues el agua entró a las carpas e inundó el campamento. Fue un día complicado, pero eso no fue excusa para abandonar la lucha.
Mientras esto ocurre, un grupo de personas es designado para permanecer en guardia el resto de la noche y la madrugada del día siguiente. El objetivo es permanecer alerta y resguardar a los pobladores del campamento ante cualquier intento de desalojo ilegal, actos violentos o represión por parte de grupos de choque.



