Con altares, música y comida recuerdan a los difuntos en los territorios y la capital

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Créditos: Cementerio de Totonicapán. Foto Hugo Bulux

Miles de familias guatemaltecas aprovecharon este 1 de noviembre para acudir a los cementerios a compartir con sus seres queridos. Música, comida, ofrendas, altares y barriletes forman parte de las tradiciones con que la población honra la memoria de quienes han trascendido.

Por Prensa Comunitaria *

El 1 de noviembre es una fecha que se reviste de tradiciones de la cultura guatemalteca como la elaboración del fiambre, el “Sqech Koya” (juego de gallos) en Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, los barriletes y las visitas a los cementerios donde se recuerda y honra a quienes trascendieron este plano terrenal.

Es una fecha que aprovechan las familias para acompañar las tumbas de sus seres queridos, llevarles flores y compartir comidas que se preparan un día antes, como el ayote y los chuchitos como acostumbran familias en San Lucas Tolimán, o la dedicación de canciones mediante la contratación de bandas o marimbas.

Un altar para los muertos en Comalapa

En Guatemala también se realizan altares para recordar a los integrantes de la familia que ya fallecieron. En Comalapa, Chimaltenango, las familias preparan sus altares con flores de muerto, veladoras, frutas y fotografías de sus seres queridos. También sirven alimentos, como una expresión de cariño y respeto.

Juan Girón es una de las personas que, con el paso del tiempo continúa practicando las tradiciones que vienen de sus ancestras y ancestros. Antes del almuerzo señala que suele beber una sopa de hierbas y al medio día una taza de caldo, que representa la memoria, la convivencia familiar y el vínculo con los muertos.

El altar de Juan Girón, en Comalapa. Foto Joel Solano

Sin embargo, también lamenta que muchas de estas costumbres ya se están perdiendo y la juventud ahora prefiere consumir comida rápida.

La familia Caniz de Comalapa también elaboró un altar con Parutz’ o flor de muerto, flores de pino, veladoras y fotos. Cada uno de estos elementos representa el vínculo que permanece entre generaciones y la tradición de un pueblo que, a través de sus costumbres y su cosmovisión, honra la memoria de sus antepasados.

Música y comida en los cementerios

En los cementerios es tradicional que las familias contraten los servicios de músicos para que entonen melodías dedicadas a sus familiares fallecidos.

En el cementerio de Santa Eulalia, Huehuetenango, un grupo de músicos toca una melodía nostálgica para sus muertos. Este cementerio se caracterizó por estar adornado únicamente con plantas y flores naturales, ya que la municipalidad prohibió los adornos de plástico o nylon.

Acá, la familia de Feliciano Santiago, almorzó en la tumba que resguarda los restos de sus familiares.

Personas arreglan tumbas en el cementerio de Santa Clara La Laguna. Foto Ángel Chocoy

“Aquí están mis seres queridos y decidimos venir a almorzar junto con ellos, decidimos venir a convivir un rato con ellos ya que hoy es el día de los santos” indicó Feliciano.

En Totonicapán esta tarde se registró afluencia de visitantes, entre ellos estaba Santiago Ajpop, de 80 años, quien señaló en su idioma K’iche’ que solo Dios sabe el momento en que uno muerte y la causa de su muerte, si es por enfermedad o algún accidente.

Don Santos Tzul también visitó el cementerio de Totonicapán, acompañado de su esposa, para visitar la tumba de su abuelo, de quien dijo se siente orgulloso de llevar su nombre.

Bandas como la “Santísima Trinidad de Mario Ajcum” amenizaban la tarde con canciones solicitadas por los familiares. El precio de una melodía es de Q25.

Músicos cantan en el cementerio de Totonicapán. Foto Hugo Bulux

El frío y viento de esta época propicia el vuelo de barriletes, los cuales volaban sobre el cementerio.

El mercado de Totonicapán registró bastante comercio, vendedoras preparaban este día coronas de flores que eran adquiridas por las personas que visitan el cementerio y quienes recuerdan con nostalgia a quienes se han ido de esta tierra. 

El precio de las coronas subió respecto al año pasado, según las vendedoras el año pasado una corona sencilla costaba Q40 en tanto este año el valor de la misma estuvo entre Q70 y Q75.

Este año hubo un reporte de aumento en los ramos de flores y coronas. Foto Imelda Tax

En San Lucas Tolimán, un día antes, las familias cocinan ayote y chuchitos, los cuales son llevados el 1 de noviembre al cementerio.

Comidas preparadas para los difuntos en San Lucas Tolimán. Foto Everaldo Morales

En Tzalbal, Nebaj, el cementerio se llenó de comida, música y flores. Como cada año las familias llevan flores, güisquil cocido, ayote y elote, entre otras comidas características de esta fecha. La marimba tampoco hace falta.


Guías o contadores del tiempo realizan ceremonias para invocar y agradecer el legado de los difuntos de la familia.

En Todos Santos Cuchumatán, como todos los años, se realizó el “Sqech Koya”, una tradición única del pueblo maya Mam en el occidente de Huehuetenango, con la cual honran a sus difuntos y ancestros. Es una tradición rica en rituales y significado que cada año atrae a turistas nacionales y extranjeros.

Economía se dinamiza

El 1 y 2 de noviembre es una fecha que las personas guatemaltecas aprovechan para vender comida, flores, cantar canciones en las tumbas y otras actividades.

Sin embargo, en 2027 las familias señalaron que varios de los productos de la época, como los ingredientes del fiambre y las flores, subieron de precio.

En el cementerio general de la zona 3, de la ciudad capital, Verónica Marín, señaló que este año el precio de ingredientes para el fiambre subió.

“Está todo caro, los embutidos, las flores” dijo Marín. Agregó “acá estamos visitando a nuestros difuntos”. Su familia llegó a adornar las tumbas, a comer ayote y fiambre y a compartir un rato.

El cementerio general recibió a miles de visitantes. Foto Eddy Zeta

Alfredo Patzán, uno de los vendedores de flores en el cementerio de la zona 3en la capital, agradeció a las personas que llegan a comprar flores y reconoció que sí hubo un aumento, por la sequía y el alza de gasolina.

Dependiendo de la flor, los ramos suelen costar entre Q15 y Q20 dijo.

Gerardo Martínez, otro visitante en el cementerio general, viajó desde San Juan Sacatepéquez, para visitar la tumba de su madre.

Martínez señaló que el alza de la gasolina afecta el transporte público, que ha subido de precio. Ellos acostumbran a reunirse en familia para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Acá vengo a visitar a mi mamá” indicó.

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