Luz Leticia Hernández Agustín estudiaba Economía en la Universidad de San Carlos de Guatemala, trabajaba para costear sus estudios y cuidaba de sus cinco hermanos. Tenía 25 años cuando fue detenida por fuerzas de seguridad del Estado, en noviembre de 1982, por el secuestro del sobrino de Efraín Ríos Montt y desde entonces se desconoce su paradero. Este es el recuerdo que su familia tiene de ella previo a su desaparición.
Por Glenda Alvarez
La familia Hernández Agustín todavía conserva una alcancía que Luz Leticia ganó cuando era niña por su excelencia académica. Su padre, Jorge Hernández, la guardó durante décadas. Es uno de los objetos que permanece en la casa y que hoy permite a sus hermanas reconstruir quién era ella antes de su desaparición forzada.
Marta y Mirtala Hernández Agustín la recuerdan por los pasteles que llevaba a la casa para compartir, por los vestidos que elegía con cuidado, por las distintas formas en que arreglaba su cabello y por la música de Sandro. Pero, sobre todo, la recuerdan como la hermana mayor que las acompañó durante la infancia y ayudó a orientar la vida de una familia de recursos limitados.
“Fue nuestra hermana y una parte importante de nuestra familia. Como hermana mayor, siempre fue la que nos guió, nos orientó e incluso nos cuidó físicamente cuando éramos menores”, relató Marta en una entrevista con este medio.
Para Mirtala, la quinta de seis hermanos, Luz Leticia fue una referencia desde sus primeros años. “Lety era como el norte de nuestras vidas, porque uno imita lo que ve. Era una amiga, una hermana; era amorosa con nosotros. Yo solo recuerdo la parte amorosa, porque recibí mucho cariño de ella”, recordó.

Luz Leticia en su primera comunión junto a sus hermanos pequeños. Foto: Fam. Hernández Agustín.
Aunque en la casa no había abundancia económica, Mirtala recuerda una vida familiar cálida y cercana. Los seis hermanos salían a caminar juntos y regresaban juntos. Dentro de esa convivencia, Luz Leticia asumió responsabilidades que iban más allá de su edad. Era reservada y responsable, pero también encontraba tiempo para compartir con sus hermanos pequeños.
Esos recuerdos cotidianos han sobrevivido durante casi 44 años. La última vez que la familia supo de Luz Leticia fue en noviembre de 1982, cuando fuerzas de seguridad del Estado la detuvieron en una vivienda de la colonia Monte Real II, en la zona 4 de Mixco, y desde entonces se desconoce su paradero.
Luz soñaba ser economista
Luz Leticia nació el 22 de noviembre de 1957. Era la mayor de seis hermanos y hermanas, hijos de Valentina Agustín y Jorge Hernández. La familia creció cerca de las vías del tren, en el barrio La Reformita, entre las zonas 12 y 13 de la ciudad de Guatemala.
Ser la primogénita implicó asumir responsabilidades desde muy joven. Colaboraba voluntariamente con su mamá en las tareas del hogar, cuidaba a sus hermanos menores y procuraba que continuaran estudiando.
Mirtala considera que su hermana observó desde pequeña los esfuerzos de sus padres para sostener a la familia. Su madre buscaba cómo asegurar la comida y su padre, quien había trabajado como mozo colono en fincas de la costa sur, les hablaba de la pobreza y las privaciones que vivió durante su niñez.
Para Mirtala, ese origen familiar influyó en la sensibilidad de su hermana frente a la desigualdad y en su convicción de que las personas debían tener mejores oportunidades.
Luz Leticia estudió en el Instituto Belén y se graduó de perito contador en la Escuela Nacional Central de Ciencias Comerciales. En 1976 ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).

Luz Leticia en el centro junto a sus compañeras en la Facultad de Económicas de la USAC. Foto: Fam. Hernández Agustín.
Marta recuerda que su hermana tenía facilidad para las matemáticas, los números y las ciencias. Aprobó 15 cursos de la carrera de Economía y también se inscribió en el Centro de Aprendizaje de Lenguas de la USAC (CALUSAC) para estudiar alemán y un idioma maya que su hermana recuerda como K’iche’.
“Tenía aspiraciones de avanzar, de crecer intelectualmente”, afirmó.
Mientras estudiaba, trabajaba para pagar sus gastos universitarios. Pasó por empleos formales, entre ellos el almacén El Mar y labores contables en un banco del sistema, según el relato de su familia. Cuando comenzó a recibir su propio salario, compraba ropa, cuidaba su presentación y llevaba pasteles para compartir en casa.
Mirtala conserva muchos recuerdos de su hermana. Narró cómo una vez tomó prestado un reloj de pulsera de Luz Leticia y lo rayó al caer de una bicicleta. Su hermana no la regañó. Para ella, esa reacción sencilla mostró el carácter afectuoso de Lety, le importaba más su hermana que el objeto dañado.
Una acción en el contexto de la represión estatal
La juventud de Luz Leticia transcurrió durante uno de los periodos más violentos de la historia reciente de Guatemala. A finales de de 1970 y comienzos de 1980, estudiantes, docentes, sindicalistas, dirigentes sociales, integrantes de organizaciones políticas y personas consideradas opositoras al Estado fueron perseguidas, detenidas ilegalmente, torturadas, asesinadas o desaparecidas. La represión golpeó especialmente a la USAC.
Marta y Mirtala recuerdan que Luz Leticia hablaba con tristeza de estudiantes y trabajadores universitarios asesinados. También participó en manifestaciones junto con otras de sus hermanas. Mirtala las veía regresar a casa después de las protestas y escuchaba sus relatos sobre lo ocurrido en las calles.
“Lo que cada una hacía, lo hacía por convicción”, recordó Mirtala.
A su juicio, la pobreza que había marcado a la familia, las desigualdades que observaban y la violencia estatal llevaron a Luz Leticia a interesarse cada vez más por la situación política del país.

Luz Leticia se interesó en la situación política del país y participaba en manifestaciones. Foto: Impunitywach
En 1980, Luz Leticia se incorporó a Nuestro Movimiento, una organización de la insurgencia urbana que se había separado de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA).
El 25 de septiembre de 1982, Ileana del Rosario Solares Castillo, integrante del mismo grupo, fue capturada por agentes estatales en la zona 11 capitalina. Las autoridades negaron tenerla bajo su custodia y su paradero continúa sin conocerse.
Ante esa desaparición, Nuestro Movimiento secuestró el 13 de octubre a Jorge Mario Ríos Muñoz, sobrino de Efraín Ríos Montt, con la intención de canjearlo por Ileana y presionar al gobierno para que reconociera que la tenía detenida.
Luz Leticia participó en esa acción.
Marta y Mirtala explicaron que interpretan esa decisión dentro de un contexto de resistencia y denuncia frente a un Estado que perseguía, detenía ilegalmente y desaparecía a quienes consideraba opositores.
“El Estado de Guatemala era uno de los principales secuestradores, con sus fuerzas de seguridad, ya fueran declaradas o clandestinas”, señaló Marta.
Desde su perspectiva, la retención de Ríos Muñoz buscaba recuperar con vida a una mujer que se encontraba en manos del Estado y denunciar una práctica que las autoridades ocultaban.
Las hermanas tampoco eluden que el secuestro fue una acción al margen de la ley. Sin embargo, Marta hace una distinción entre esa responsabilidad y la respuesta de las fuerzas estatales.
“Eso no significaba que ellos hubieran decidido sobre la vida de ella completamente”, lamentó.
La familia sostiene que cualquier responsabilidad de Luz Leticia en el secuestro debía establecerse mediante el debido proceso, no a través de una detención clandestina y su posterior desaparición forzada.
“Siempre se pidió que fuera consignada y puesta a disposición de un juez, y que se le hiciera el proceso legal en el que se probara su culpabilidad o inocencia”, explicó Marta.
Mirtala considera que el Estado buscaba imponer silencio y desalentar cualquier forma de oposición.
“Han cambiado los tiempos, pero no las prácticas”, afirmó al relacionar lo ocurrido con su hermana con otras formas de represión y sometimiento que, a su juicio, continúan afectando a la población.
El operativo en el que fue detenida
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala la captura de Luz Leticia y Ana María López Rodríguez el 21 de noviembre de 1982. Las fuerzas de seguridad realizaron el operativo en una vivienda de la colonia Monte Real II, zona 4 de Mixco, donde permanecía retenido Ríos Muñoz.
La operación del rescate fue realizada por integrantes del Servicio de Inteligencia Militar y del Batallón de Reacción de Operaciones Especiales (BROE) de la entonces Policía Nacional.
Junto con Luz Leticia y Ana María fueron detenidos María Cruz López Rodríguez y Leandro Gabriel Calate Temú, entre otras personas.
La CIDH estableció que Luz Leticia, Ana María e Ileana fueron vistas con vida en una cárcel clandestina que funcionaba en la antigua Escuela Politécnica del Ejército. Uno de los testimonios que permitió reconstruir lo ocurrido fue el de María Cruz, hermana de Ana María y sobreviviente del operativo.
María Cruz relató que permaneció detenida en la antigua Escuela Politécnica junto con su hermana, Luz Leticia, Ileana y Leandro, y que desde ese lugar escuchaban los gritos de otras personas sometidas a tortura.
María Cruz fue presentada posteriormente ante uno de los Tribunales de Fuero Especial instaurados durante el régimen de Ríos Montt. Fue condenada a 30 años de prisión y más adelante recibió una amnistía. Leandro Calate también reapareció bajo custodia estatal, pero murió después de ser herido por agentes de seguridad durante un traslado.
Luz Leticia, Ana María e Ileana nunca volvieron a aparecer.
Una búsqueda que marcó a toda la familia
Pocos días después del operativo, los Hernández Agustín supieron que Luz Leticia había sido detenida. Comenzaron la búsqueda en cárceles, hospitales, tribunales y oficinas públicas. Presentaron recursos de exhibición personal y solicitaron información a distintas autoridades, pero ninguna diligencia permitió conocer su paradero.
La CIDH documentó una exhibición personal (habeas corpus) presentada por Jorge Hernández el 15 de diciembre de 1983 y otros recursos impulsados por la familia. Ninguno produjo una respuesta efectiva.

Marta Hernández Agustín (izquierda) y Mirtala Hernández Agustín (derecha) junto a su madre, Valentina Agustín de Hernández (centro), sosteniendo fotos de Luz Leticia. Foto de Eric Ross y Kala Garrido/Nisgua.
La búsqueda también expuso a la familia a la indiferencia institucional. “Los 44 años han sido de una lucha constante”, dijo Marta.
En el camino, agregó, enfrentaron “cuestionamientos, burlas, negativas, tardanzas” y distintas formas de minimizar el sufrimiento causado.
“No ha sido fácil y nos ha llevado toda nuestra vida”, resumió.
Jorge murió en enero de 2021, a los 88 años, sin conocer la verdad sobre el destino de su hija. Valentina, Marta y Mirtala continuaron la búsqueda que él sostuvo durante décadas.
Más de cuatro décadas para llegar a juicio
Juan Francisco Cifuentes Cano fue capturado el 21 de mayo de 2021. En 1982 fue comandante del BROE.
En enero de 2023 fue acusado por el caso “Luz Leticia y Otros” por desaparición forzada y delitos contra los deberes de humanidad. Es el único acusado que ha llegado a juicio en este proceso.
La fase intermedia se prolongó hasta diciembre de 2025 debido a cambios de jueces, suspensiones y acciones legales. El 1 de diciembre de ese año se resolvió enviar a Cifuentes Cano a debate oral y público.
El juicio comenzó el 5 de mayo de 2026 ante el Tribunal Octavo de Sentencia Penal, Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente.
Durante las audiencias declararon Marta y Mirtala Hernández, se reprodujeron los testimonios anticipados de sus padres y comparecieron testigos, expolicías y peritos que analizaron documentación del Archivo Histórico de la Policía Nacional, entre otras pruebas.
El tribunal anunciará su decisión el 17 de septiembre
El 24 de agosto, la Fiscalía de Derechos Humanos del Ministerio Público y las querellas solicitaron al Tribunal una condena de 170 años de prisión contra Cifuentes Cano, 80 años por desaparición forzada y 90 por delitos contra los deberes de humanidad cometidos contra Luz Leticia, Ana María y Leandro Calate.
El 25 de agosto, la defensa pidió una sentencia absolutoria bajo el argumento deque la Fiscalía no demostró la responsabilidad individual de Cifuentes Cano en las detenciones y cuestionó testimonios y otros medios de prueba presentados durante el debate.

Marta y Mirtala Hernández, hermanas de Luz Leticia en la audiencia del caso Luz Leticia y otros. Foto: PIB Guatemala
El 1 de septiembre concluyeron las últimas intervenciones de las partes. Según informó Marta Hernández después de la audiencia, el Tribunal convocó para este próximo 17 de septiembre para la lectura del fallo.
Mientras los jueces deliberan si el único acusado es responsable de los delitos que se le atribuyen, una pregunta permanece sin respuesta desde 1982: ¿dónde está Luz Leticia?
Marta espera que quienes conozcan por primera vez la historia de su hermana no la recuerden únicamente por su desaparición, sino como “una persona que se preocupaba por el bien de otros y por una Guatemala diferente y mejor”.
En la casa familiar todavía permanece la alcancía que ganó de niña. También permanecen los relatos de la hermana mayor que orientaba, cuidaba, compartía sus pasteles y pedía a Mirtala que bailara. Son los recuerdos con los que su familia ha defendido, durante casi 44 años, la vida que el Estado intentó borrar.



