Por Kajkoj Máximo Ba Tiul
Conocí a Fernando aproximadamente en el año de 1980, en el movimiento cooperativista y luego en el movimiento de catequistas. Un hombre que se distinguió por su sonrisa, educado, reflexivo y comprometido. Fue de los primeros miembros de la comunidad de Najtilabaj, que se asoció a la cooperativa de Ahorro y Crédito San Cristóbal, R.L., según se contaba entre los demás socios y uno de los primeros catequistas de la comunidad y de esa región.
Conocí a Fernando cuando fue catequista, en ese tiempo el padre Fernando Bermúdez era párroco de San Cristóbal Verapaz, un español que llegó unos meses después que dejara la parroquia el padre Santiago Indeku, de origen belga[1]. Después de Fernando, llegaron al municipio un grupo de sacerdotes filipinos de la Congregación del Inmaculado Corazón de María, entre ellos Conrado de la Cruz[2], Wili, Carlos y Wilfredo. Ellos se encargaban de atender la cuasi parroquia de Santa Cruz y la parroquia de San Cristóbal Verapaz.
Fernando fue un “gran hombre y símbolo de la lucha por la soberanía del pueblo Poqomchi”, dice Fernando Bermúdez, con quien seguimos manteniendo una amistad. Es cierto, desde que conocí a Fernando Jom demostró su solidaridad con su comunidad. Lo aprendió de la formación de catequistas, como parte de Teología de la Liberación, y del cooperativismo, cuando este movimiento era fuerte en Guatemala.
Recuerdo a Fernando hablar a su comunidad utilizando la biblia. Les instruía diciendo que “así como los cristianos habían aprendido a vivir juntos y a tener todas las cosas en común y que nadie pasaba necesidad porque todos lo compartían”, haciendo referencia a los “hechos de los Apóstoles”, así “debería ser y hacer la comunidad de Najtilabaj con todos los que sufrían, principalmente con los pobres”.
Muchas veces me encontré con Fernando en su comunidad y en el pueblo. En 1979 más o menos, nos encontrábamos en las reuniones del Comité de Unidad Campesina en la finca Chisanim[3], que fue una de las que se compró con apoyo solidario para repartírsela a los indígenas sin tierras de acuerdo a la visión de otros hombres muy comprometidos con la causa de los pobres, como Policarpo Cal Chen y Juan Vitalino Calel Caal, a quienes Fernando cita en el testimonio que rindió para el informe sobre la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) y para la Comisión Sobre Esclarecimiento Histórico (CEH), copia que me entregó cuando nos volvimos a ver después de muchos años.
“Ingresé al Comité de Unidas Campesina (CUC), encabezado en la zona por Vitalino Caal (ya fallecido[4]), Lázaro Morán (quien fue secuestrado) y Fernando Jom[5]. El tiempo fue utilizado para planificar cómo organizarnos mejor, pero llevó tiempo realizarlo, en el mes de enero de 1978 hicimos los contactos con el sacerdote Santiago (se refiere a Santiago Indekeu), siendo yo miembro del grupo catequista y dirigente de la comunidad Najtilabaj”.
Durante muchas noches de lluvia los íbamos a visitar a su comunidad. Siempre nos quedábamos platicando en su casa y no alcanzaba el tiempo para platicar. La comunidad nos recibía muy contenta. A veces se reunía gente de Najtilabaj, Chicar, San Isidro, Chituj, Katalji y de otros lugares para hablar sobre la difícil situación del país y de la comunidad y cómo algunas gentes a quienes el ejército y los comisionados los habían convencido diciéndoles que “la gente que se reunía en las ermitas, capillas o casas particular eran guerrilleros”.
Fernando Jom Cojoc, primo de Fernando es citado innumerables veces en el Informe de REMHI[6]. Los sobrevivientes del genocidio “Poqomchi”, lo describen como un asesino. “Una vez deshizo a machetazos e hizo picadillo a muchos niños, delante de la comunidad de Najtilabaj”[7]. Otro entrevistado dice, “nosotros vimos, cuando los expac[8] y los comisionados militares de Las Pacayas, Rancho, Najtilabaj y del pueblo, dirigidos por Fernando Jom Toc, tiraban a los niños desde un peñasco y los niños caían de cabeza y ahí morían”[9].
Fernando fue una persona incansable. Cuando ya no se podía hacer reuniones de día, se comenzaron a hacer de noche y muchas veces bajo la lluvia que en esa época era fuerte en la región. Después de las reuniones, a las que asistí muchas veces, terminábamos en grandes comidas, tortillas grandes que nada tenían que envidiarle a la luna, porque eran blancas y redondas, como era costumbre entre los Poqomchi y los Q’eqchi’. Ahí dormíamos, sobre una tablita y un nailon encima. No se sentía frío, porque los restos de leña calentaban más que una sábana o una cobija, además del calor de la gente, que motivaba a seguir luchando.
Poco a poco, la organización territorial se iba fortaleciendo. En 1981, había muchas comunidades organizadas. Como dice Fernando: “formamos un grupo en cada comunidad, así hicimos en todas las aldeas… en ese tiempo, había un alto dirigente del CUC, quien nos visitaba constantemente, su nombre era Vicente”. Posiblemente se refería a Vicente Menchú, a quien también vimos muchas veces en Chisanim, en la sede la Cooperativa y en la Parroquia, algunas veces acompañado de Gregorio Yujá.
Después de ese tiempo de reflexión, formación y organización, comienza la persecución en contra de las comunidades que estaban tratando de buscar el camino para su liberación y, como seguirá diciendo Fernando en su testimonio: “también los opositores comenzaron a organizarse y cada ocho días llegaban a la zona militar a quejarse de lo que nosotros hacíamos, y lograron sus propósitos, porque en poco tiempo la zona militar nos informó porescrito que estábamos fuera de la constitución y habíamos dejado de ser miembros del ejército”. Y aunque Fernando también era comisionado militar, a sus compañeros no les importó y llegaron a malinformarlo en el ejército.
Comienza el período de masacres[10], persecución, desaparición y hostigamiento en contra de las comunidades, personas y familias organizadas. Se desarrolla el desplazamiento forzado. Fernando recuerda las masacres en Chirexquiche’ en 1981, en el mismo año la masacre y posteriormente la toma del centro de Najtilabaj como destacamento militar y entonces tuvieron que tomar la decisión de quedarse que significaba morir en manos del ejército o huir que significaba defender la vida. “Fue por eso que salimos a escondernos dentro de las montañas, para que no nos mataran a nosotros y a nuestra familia”.
Fue en este momento cuando dejé de ver a Fernando, porque igual muchos de nosotros tuvimos que salir del pueblo. Hasta que supe que lo tenían retenido en la aldea modelo de Akamal después de haberse acogido a la amnistía decretada por Ríos Mont en 1983.
Aceptar la amnistía fue el resultado de la persecución a la que eran objeto todas las comunidades que se habían desplazado hasta la sierra de Chamá y construir sus medias champas con nailon u hoja de caña, a orillas del río Chixoy. Muchas veces dirigida por el grupo de comisionados militares de San Cristóbal Verapaz y de las aldeas de Las Pacayas, Rancho y Najtilabaj, quienes acompañaban al ejército de Cobán, Ixcán y Zona Reyna. Estos fortalecidos con el cuerpo élite “Tz’ultaq’a”, que eran una versión de los Kaibiles en la región. A veces eran perseguidos solo por comisionados y sus ayudantes, así como miembros de expatrulleros, dirigidos por comisionados militares del municipio de San Cristóbal Verapaz, quienes después de sacarlos del lugar donde estaban, les robaban sus animales y su comida.
La gente desplazada ya no tenía comida, ropa y padecía de muchas enfermedades por la lluvia. Y por eso, Fernando dice: “fue difícil tomar la decisión de entregarse, ante laposibilidad de morir a manos del ejército, ya que éste nos había dejado sin semillas, sin cultivos, ni frijol, ni caña, ni aguacate y creíamos que no se podía esperar nada bueno de los soldados, todos estábamos desconfiados”.
Fernando, como era el líder más buscado del grupo, fue torturado, fue interrogado por militares y G2 a la vista de su comunidad y de quienes eran sus enemigos: “me torturaron con la bayoneta, recibía 25 puñetazos en el estómago, condenado a un mes en la bartolina con un solo tiempo de comida”; me decían: “… son buenos para aguantar hambre, pues te vamos dar solo un tiempo de comida. Me pedían que dijera en donde había dejado las armas…¿qué armas? si solo era catequista y dirigente del CUC y mis armas eran solo la biblia y los conocimientos del CUC”.
En el año de 1984, volví a ver a Fernando en una de las calles del municipio, a eso de las seis de la tarde. Yo estaba saliendo de una de esas tiendas donde antes se compraba de todo, las que ahora se llaman “abarroterías”. Se volvió a reír y medio escuché que me dijo que “tuviéramos cuidado”, porque la situación no había pasado. Se fue corriendo, porque siempre le ponían a alguien que lo siguiera.
Después, ya no volví a verlo, hasta cuando la URNG se convirtió en partido político y entonces me dijo que“estaba contento porque se estaba organizando de nuevo el movimiento en el municipio, pero que había mucha desconfianza entre los compañeros y que había muchos mañosos. Y se refería que había algunos que se estaban aprovechando de los recursos”.
Fernando decía “que iba a seguir hasta donde se pudiera. Pero que igual estaba frustrado, porque no había modo que se lograra el cambio”. Cada vez que regresaba al pueblo lo encontraba y platicábamos. Después supe que se volvió evangélico y pastor de su iglesia. Muchas veces lo visité en su casa. Entre la plática, volvíamos a hablar de la lucha, la organización y la formación.
La última vez, ya cansado y mayor de edad, con algunos pelos blancos, con su misma sonrisa con la que lo conocí, me dijo: “hasta perdí a mi hijo”, se refería a Fernando su hijo, que se involucró en el movimiento con apenas 12 años y que siempre me preguntaba “qué tanto hacen con mi papá yo también quiero estar ahí”. Su hijo fue asesinado por el ejército después de que se incorporó como especialista, al ser capturado por el mismo ejército en una de las comunidades de la Sierra de Pampakche’.
Fernando, ese hombre humilde que quiso liberar a su comunidad de la opresión, del racismo, de la pobreza, del analfabetismo, dice en su testimonio: “después a mí me pasó una cosa terrible, el “chillón”, Nicolás Xoy, le dijo al ejército que el primer memorial[11], no lo pude haber hecho yo, porque no puedo escribir a máquina, sino que seguro que me lo había hecho uno de mis hijos, el que tenía 21 años, que en este tiempo era estudiante, así fue que el 14 de agosto de 1987, cuando mi hijo fue a jugar futbol a Tactic, lo asesinaron a balazos”.
Fernando, un hombre y padre de familia, un dirigente que se nos adelantó, dejando muchos ejemplos de paz, solidaridad, apoyo mutuo, comunidad. Un hombre que nació y se formó para ser líder. Un hombre que siempre pensó en la revolución. Un hombre como esos que ahora hacen falta en nuestro país. Un hombre que a pesar de su sufrimiento siguió soñando que los “acuerdos de paz, si no se enseñaban a la gente, no servían para nada”.
Fernando se nos ha ido. Ahora, se encontró con quienes estuvo caminando por todos lados, caminado hacia la libertad. A Fernando, no le decimos adiós sino “Hasta Siempre Compañero y Hermano”.
[1] Santiago Indekeu fue el fundador del hospitalito para niños que por muchos años estuvo en la Parroquia de San Cristóbal, en donde estuvieron muchos niños y niñas de las comunidades, que quedaban huérfanos por el conflicto. Muchos de ellos fueron dados en adopción a familias de otros países y de Guatemala.
[2] El 1 de mayo de 1980, el P. Conrado de la Cruz y el catequista Herlindo Cifuentes de la parroquia de Tiquisate, fueron secuestrados y desaparecidos en las cercanías del Palacio Nacional de la Ciudad de Guatemala cuando presenciaban la marcha de los sindicatos por el día de los trabajadores.
[3] Esta finca ahora convertida en propiedad privada, en potrero y restaurante privada, porque algunos directivos de la cooperativa que llegaron después del asesinato de don Poli, la descapitalizaron y comenzaron a vender los bienes de la cooperativa, https://www.centroreflexionesnimpoqom.com/post/revista-el-odio-pudo-m%C3%A1s-que-el-desarrollo, visto última vez el 23 de agosto de 2026.
[4] Dijo fallecido, aunque en la realidad, está desaparecido.
[5] Se nombra a él mismo o se refiere a otra persona del mismo nombre, porque en esa región, suelen haber muchas personas con el mismo nombre y el mismo apellido.
[6] https://www.remhi.org.gt/bd/ver_responsable2.php?cual=928, visto última vez el 21 de agosto de 2026.
[7] Entrevista en el mes de agosto de 2026.
[8] Se refiere a los Patrulleros de Autodefensa Civil, un grupo paramilitar de Guatemala, en tiempos del genocidio.
[9] Entrevista en el mes de agosto de 2026.
[10] https://prensacomunitaria.org/2026/07/pan-nimaq-iqi-las-pacayas-sobrevivientes-de-tres-masacres/, https://prensacomunitaria.org/2025/02/141198/, visto última vez el 21 de agosto del 2026.
[11] Se refiere a un memorial que se mandó al presidente Vinicio Cerezo, diciéndole que las familias que seguían retenidas en Akamal, querían regresar a la comunidad de Najtilabaj. El encargado un coronel asimilado de nombre Julio Corzantes, los orejas y miembros del ejército no querían dejarlos salir, porque querían quitarles sus tierras.



