Por Miguel Ángel Sandoval
Con mucha incredulidad veo que hay algo así como una docena de ministros citados para interpelación por el Congreso de la República. No es algo banal, ni algo que se pueda pensar que es normal. Es la expresión de que diputados, no sé si todos o solo unos cuantos, han optado la vía del chantaje o de boicot al Gobierno, o solo pinchar las llantas para que, junto a su lentitud, deje de funcionar de un solo. Es absolutamente surrealista.
El tema es complejo. Se sabe que una de las funciones de los diputados es la de pedir explicaciones a los funcionarios públicos, especialmente a los ministros. Es la labor de fiscalización, normal por lo demás. Pero siempre que haya alguna situación extraordinaria, o que existan razones de fondo para animarse a plantear la interpelación. Lo contrario es la vulgarización de esa prerrogativa que tienen los diputados.
Si recordamos, varios ministros fueron en su momento llamados para ser interpelados en jornadas que duraron varios meses. Casi un año en alguna ocasión. Quizás el caso más notable fue el del canciller del país que por ley tenía que permanecer en el país con sesión en el pleno del Congreso o sin ella, pero amarrado a la silla de una alguna oficina en el caserón de la novena avenida, y sin poder asistir a reuniones o enviar a delegados que, en ocasiones, no se aceptan por protocolo. Mientras las relaciones internacionales del país, fueran reuniones, sesiones de la ONU, se hacían por Zoom. Solo se recuerda que algunos organismos financieros internacionales no aceptan viceministros. O sea, pues. La parálisis o el boicot.
¿Quién con una luz se pierde? Es por ello que conversando con amigos una idea sale con fuerza: se trata de un puro y elemental chantaje. Nada más que eso. Quieren plata extra, comisiones adicionales, hay todo lo que el chapín de a pie está seguro que es lo que buscan los nada honorables. Pero el tema central es que esta serie de interpelaciones se pretenden realizar la víspera de la discusión del presupuesto nacional. Nada les pide el cuerpo como se dice…
Pero hay algo más. De manera general, las interpelaciones duran más de la cuenta, pues buena cantidad de diputados desconocen de los temas de cada cartera, y piden o dicen puras pendejadas. Que la lista de empleados, que digan con lujo de detalle, lo que hicieron los domingos de los tres meses de su mandato. Así por el estilo. Infelizmente no hablo al tanteo.
Si vemos con un poco de más detenimiento, resulta que plantear la interpelación de una docena de ministros no es más que un show, un mal espectáculo. Se puede adivinar que todos los convocados, salvo que den unas cuantas plazas o faciliten contratos y ese tipo de cositas, serán declarados ineptos, o se les dará el típico expediente del voto de desconfianza. Aunque quizás los más dramático, es la lista de diputados que con un telefonazo de Cayalá votaron por el impresentable de Barreto para la Corte de Constitucionalidad y junto con eso, otras gracias. En otras palabras, una lista de diputados incapaces de defender la soberanía nacional, o la constitución son ahora los que se ponen la chaqueta de honorables para interpelar a un gobierno entero.
Es la perversión, a ojos vista, de un mecanismo republicano, democrático, que corresponde a las funciones de los diputados pero que en este caso es el chantaje, la presión, y lo más grave, el boicot descarado a un gobierno que aun siendo lento y no cumplir con las expectativas de mucha gente, es de lejos, distinto a los últimos que representaron con creces al Pacto de Corruptos. Eso es lo que las interpelaciones en serie o en cadena preparan para los próximos días, antes por supuesto, de la discusión sesuda del presupuesto nacional. Ya estamos avisados.
Pero para tener una mejor idea del fraude y boicot en que se convirtió la interpelación, un pequeño calendario: el jueves 27 de agosto, serán interpelados las 10:30 horas, la ministra de Trabajo y previsión social; ese mismo día, el ministro de Salud, a las 11:00 horas, y antes del almuerzo, a las 11:30 horas, la ministra de Economía. O sea, media hora por ministro. ¿Y qué pasará cuando la diputada confunda los papeles de una interpelación con otra? ¿A que le tiran?
Aunque lo más ridículo de todo es una diputada de uno de los partidos opositores al Gobierno, que de una solicita la interpelación de diez ministros, algunos de los que ya fueron interpelados en agosto la harán de nuevo en septiembre por esta diputada. Tres ministros: Educación, Salud y Gobernación en un mismo día, con media hora para cada uno. Esto es una burla, escarnio, porquería. No es para nada un procedimiento parlamentario serio, constructivo. Es como digo, la vulgarización de esta institución que se conoce como interpelación parlamentaria.
Concluyo. Estas interpelaciones tienen que ver, y esta es la agenda oculta, con la negociación del presupuesto nacional. Quieren trancar al Ejecutivo y de paso al Congreso, para pedir, exigir, chantajear, con cuotas, prebendas, plazas, contratos, pues el funcionamiento de cada uno de los ministerios, les pela. Así las cosas.



