Centenares de familias indígenas subieron el volcán Chicabal cargando ofrendas para pedir lluvia en uno de los lugares más sagrados del occidente de Guatemala. La peregrinación anual, realizada 40 días después de Semana Santa, es considerada por líderes comunitarios como una forma de resistencia espiritual y cultural frente al deterioro ambiental y el pensamiento económico dominante.
Por Santiago Boton
Las nubes descendieron lentamente sobre las aguas de la laguna Chicabal como si recibieran las plegarias pronunciadas en idioma maya Mam. Entre el humo del copal, flores y velas encendidas, centenares de familias indígenas subieron el volcán cargando ofrendas para pedir lluvia en uno de los lugares más sagrados del occidente de Guatemala. Para los pueblos mayas, Chicabal no es un atractivo turístico ni una reserva explotable, es una entidad viva donde la naturaleza escucha, responde y protege la continuidad de la vida.⠀⠀ ⠀⠀
La peregrinación anual, realizada 40 días después de Semana Santa, es considerada por líderes comunitarios como una forma de resistencia espiritual y cultural frente al deterioro ambiental y el pensamiento económico dominante.
“Sin lluvia no hay maíz, no hay frijol, no hay alimento. Si no hay alimento, no hay vida”, afirmó Wilson García, agricultor maya Mam originario de San Juan Ostuncalco, quien llegó acompañado de familias completas para participar en las rogativas. “Venimos a pedir la lluvia a la madre naturaleza, al padre creador y al espíritu del mundo”, agregó mientras observaba las nubes cubrir el cráter. ⠀⠀ ⠀⠀
La ceremonia ocurre en medio de una crisis global del agua. Datos citados por la Organización de Naciones Unidas y organismos internacionales especializados advierten que más de 4 mil millones de personas sufren escasez severa de agua al menos un mes al año y que más de la mitad de la población mundial carece de acceso seguro al agua potable.



Además, el 70% del agua dulce del planeta es utilizada por sistemas agrícolas frecuentemente ineficientes, mientras el 80% de las aguas residuales regresan sin tratamiento a los ecosistemas naturales.⠀⠀ ⠀⠀
En Chicabal, el agua no es concebida como recurso económico. “La Laguna de Chicabal significa un lugar sagrado, fuente de energía para pedir el equilibrio entre humanidad, naturaleza y cosmos”, explicó Martín Vázquez, joven defensor de derechos humanos y promotor de la reconstitución de los pueblos originarios.
Según Vázquez, el actual modelo estatal y económico continúa relegando estas prácticas ancestrales mientras impulsa visiones extractivistas incompatibles con la cosmovisión indígena. ⠀⠀ ⠀⠀
Las críticas más contundentes llegaron desde la voz de la trabajadora social Heybi Pérez, quien cuestionó directamente el impacto del capitalismo sobre los territorios indígenas y la naturaleza.
“El sistema capitalista ha enseñado que la tierra, el agua y los bosques son mercancías, pero para nosotros son familia. “Ahí está la gran contradicción del mundo actual”, expresó durante la ceremonia comunitaria. Pérez sostuvo que los pueblos originarios han resistido siglos de despojo cultural y territorial desde la invasión colonial, y advirtió que la crisis climática es también consecuencia de una civilización “desconectada espiritualmente de la tierra”.⠀⠀ ⠀⠀



En las escalinatas húmedas del volcán, ancianos y jóvenes insistieron en que la espiritualidad indígena no representa una confrontación religiosa, sino una filosofía de equilibrio y conservación. La protección del lago —ubicado dentro de una reserva forestal reconocida por la legislación guatemalteca— ha dependido históricamente de las propias comunidades, que organizan ceremonias, limpiezas y normas de respeto sin financiamiento estatal.⠀⠀ ⠀⠀
Cuando las nubes finalmente comenzaron a descender sobre Chicabal, los peregrinos guardaron silencio. Algunos guías espirituales aseguran que ese fenómeno anuncia precipitaciones para los próximos días. Pero más allá de la esperanza agrícola, la escena parecía contener otro mensaje: mientras gran parte del planeta discute cómo explotar los últimos recursos naturales, los pueblos mayas Mam continúan subiendo montañas para recordar que el agua no pertenece al mercado, sino a la vida misma.






