Por Carolina De León
Antes de leer esto, pregúntate: ¿Sabes quién eres? ¿Sabes de dónde vienes? ¿Sabes lo que tus abuelos cargaron para que hoy tú puedas caminar con la cabeza en alto?
Porque lo que está pasando en Nebaj no nació ayer. Lleva años construyéndose en silencio, y hoy ya no se puede ignorar.
Y a los jóvenes que han levantado la voz para faltar el respeto a los abuelos y abuelas, a los cofrades que han dedicado su vida entera a preservar lo que somos: ¿qué clase de pueblo serán ustedes mañana si hoy destruyen sus propias raíces? La falta de respeto a los mayores no es valentía. Es ignorancia. Y la ignorancia se cura, pero solo si uno tiene la humildad de escuchar.
Un llamado desde las raíces del Pueblo Ixil
Hay algo que duele en Nebaj. No es una herida nueva, pero hoy sangra más fuerte.
Las cofradías de nuestro pueblo no son una costumbre pasada de moda. No son vergüenza. No son brujería. Son la memoria viva de quiénes somos. Son el corazón del Pueblo Ixil, construido sobre tierras comunales, sostenido por abuelos y abuelas que dedicaron su vida entera a preservar lo que somos. Este espacio no es temporal, fue dado por los antepasados, y su resguardo es un derecho ancestral que trasciende cualquier acuerdo de junta directiva.
Esto le pertenece a todo el pueblo. Es comunal. Es de todos.
Lo que hoy ocurre es que un sacerdote llegado hace poco tiempo está intentando borrar siglos de historia. Ha dicho desde el púlpito que las cofradías son una “cultura ajena”, ha prohibido el uso de candelas llamándolo profanación, y ha calificado de brujería la espiritualidad ixil, que es la base de la identidad y resistencia de este pueblo. Y lo más doloroso: está usando a los jóvenes para dividir a la comunidad, sembrando irrespeto hacia los abuelos y abuelas que han cargado esta identidad con sacrificio y amor.
Como padre, como obispo, como representante de la fe, su misión es construir puentes, no muros. La iglesia nació para unir a los pueblos, para acompañarlos, para escucharlos. Lo que está ocurriendo en Nebaj es todo lo contrario: está fracturando a la comunidad, está sembrando división entre generaciones, está borrando siglos de identidad.
Le pedimos que recuerde que su rol no es imponer, sino servir. Que la paz social de Nebaj está en sus manos. Que una decisión de tal magnitud, que afecta la identidad de todo un pueblo, no puede tomarse de forma unilateral. El diálogo, el respeto y la escucha son los pilares de cualquier comunidad de fe verdadera.
Lo que dice la ley y el derecho canónico:
El Código de Derecho Canónico establece principios claros que protegen a nuestra comunidad:
Canon 214: Los fieles tienen derecho a rendir culto a Dios según las normas propias de su rito y forma legítima de espiritualidad.
Canon 215: Los fieles pueden asociarse libremente para fines de caridad, piedad o apostolado, lo cual es plenamente aplicable a las cofradías.
El marco legal de Guatemala también nos respalda. El Estado reconoce el derecho a la identidad cultural, la libertad religiosa y la organización comunitaria indígena. Además, el Convenio 169 de la OIT establece la obligación de respetar las prácticas culturales y espirituales de los pueblos indígenas, y el Acuerdo de Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas garantiza nuestros derechos culturales y espirituales.
De las 12 cofradías que existían, hoy solo quedan cuatro. Cuatro que siguen de pie.
Cuatro que se niegan a desaparecer. Cuatro que merecen respeto.
Esta no es una batalla de credos. Es una batalla por la dignidad. Por la memoria. Por el derecho de un pueblo a ser lo que siempre ha sido.
A los jóvenes de Nebaj: conocer sus raíces no los hace menos modernos, los hace más libres. El respeto a los abuelos no es debilidad, es sabiduría. La cofradía no les pertenece a unos pocos, le pertenece al pueblo entero.
Una decisión de tal magnitud, que afecta la identidad de todo un pueblo, no puede tomarse de forma unilateral.
Nebaj tiene raíces profundas. Y las raíces no se arrancan.



