San Benito de Palermo y la rogativa por la lluvia de las familias campesinas de Palencia

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Créditos: Larisa Osorio

Las familias campesinas del municipio de Palencia sacan a su santo patrono a caminar hasta el pozo donde, cuenta la historia, apareció su imagen hace más de un siglo. La noche del viernes lo acompañaron con alfombras, cuetillos y velas encendidas, en una rogativa por la lluvia y las cosechas.

Por Wellinton Osorio

Fotografías de Larisa Osorio 

La noche del viernes 18 de septiembre de 2026, después de un año en que cientos de campesinos palencianos ya dieron por perdida su cosecha, cientos de familias del territorio de Palencia salieron en procesión de rogativa por la lluvia a pedir la intercesión de San Benito de Palermo. 

Es una tradición dedicada al santo a quien se consagra la feria titular, una fe que acompaña a los campesinos Palencianos desde antes de la fundación del municipio. En esta ocasión, como cada año que el agua escasea, los vecinos pidieron al párroco sacar en procesión al santo patrono para rogar su intercesión por la lluvia. 

Palencia es uno de los 17 municipios del departamento de Guatemala, se ubica a unos 28 kilómetros de la ciudad capital. 

San Benito de Palermo es el santo patrono del municipio de Palencia y su feria patronal se celebra cada 27 de abril, fecha que coincide con la llegada del invierno. Durante las procesiones, misas y alboradas, las familias campesinas llevan a bendecir sus semillas y ruegan la intercesión de San Benito para que la lluvia les permita sostener las siembras y levantar la cosecha. Cuando los inviernos son secos y el agua escasea, la tradición es sacarlo a recorrer las principales calles del municipio y llevarlo hasta el pozo que lleva su nombre, donde la historia cuenta que unos campesinos lo encontraron hace muchos años.

Este año las familias se reunieron primero en la iglesia para la misa y por la noche salió la procesión rumbo al pozo de San Benito del cantón Ojo de Agua, de donde regresó por la calle real que atraviesa el casco urbano. Durante el cortejo los vecinos decoraron el anda con flores y adornos, quemaron cuetillos y bombas y tendieron alfombras a su paso; muchas personas esperaron a San Benito con velas encendidas para acompañarlo. 

Para la proseción la invitación fue que las familias llevaran flores para decorar en comunidad el anda de San Benito de Palermo. 

La procesión salió después de dos años en que la lluvia ha sido escasa, también desde el año pasado los campesinos Palencia vienen diciendo que perdieron la semilla y la cosecha sin que el Estado aparezca. Este año volvió a repetirse, porque en mayo, cuando se siembra, prácticamente no cayó agua y la milpa y el frijol de las familias que cultivan para su autoconsumo se secaron y perdieron. Palencia ya figura dentro del Corredor Seco Ampliado que la SESAN y el MAGA delimitaron en 2023, y el INSIVUMEH calcula que el fenómeno de El Niño seguirá dejando menos lluvia de la normal por lo menos hasta mediados del año entrante. 

Pero esta historia de la rogativa y el agradecimiento por la lluvia entre los campesinos palencianos es mucho más antigua que el municipio mismo. La fundación del municipio suele fecharse en 1835, pero es con la rebelión de la Montaña, en 1838, que nace la Palencianidad, la palabra usada para la celebración de la identidad Palenciana.  Entre los municipios del nororiente del departamento que llevan el nombre de San José (San José Pinula, San José del Golfo y San José Palencia), esta es la única parroquia que celebra su feria en honor a San Benito de Palermo. 

Campesinos y feligreses palencianos llevan en hombros a San Benito de Palermos por la calle Real.

Durante la colonia los frailes dominicos intentaron instaurar el culto a San José con escasos resultados, y todo empezó en 1624, o en 1674 según otros registros locales, cuando don Mathías de Palencia compró una propiedad conocida como Hacienda San José. Con él llegaron los primeros religiosos a cristianizar a la gente de La Montaña, y ellos trajeron la primera imagen de San José.

Desde el siglo XVII hasta la rebelión de la Montaña de 1838, los frailes dominicos intentaron que el Santo Patrono del municipio fuera San José, pero las familias campesinas palencianas tenían otras formas de vivir su fe. Dedicadas a la agricultura, a la siembra de la milpa y el güisquil y a la vida en las frondosas montañas, acostumbraban a reunirse a finales de abril, cuando las cabañuelas y la luna lo indicaban, en los pozos, los ríos y los nacimientos, para pedir que el invierno les permitiera sembrar y levantar sus cosechas. A fin de año, durante la tapisca, volvían a reunirse para dar gracias, estás celebraciones coinciden con las mismas fechas que se celebran en todo el territorio Xinka y Mestizo de La Montaña; y muchas de esas tradiciones siguen vivas en las cofradías, que todavía se reúnen en tiempos de cosecha y tapisca. 

Un llamado por el agua 

Hace algunos años en conversaciones con don Viviano Ortiz (QPD), él contaba que estas actividades para rogar por “buena lluvia” a finales de abril se mantuvieron durante mucho tiempo. La gente llevaba candelas, flores y comida, e iba primero a los pozos a rezar, aunque los dominicos intentaron de muchas formas que las familias tomaran a San José como patrono y nunca lo lograron.

La fe a San Benito empieza cuando aparece su imagen en el pozo que hoy lleva su nombre, en el cantón Ojo de Agua, el mismo que ahora da agua potable a cientos de familias del casco urbano. Desde entonces las familias campesinas de Palencia le guardan fe y le atribuyen los milagros de lluvia. 

Un joven palenciano sale al encuentro de la proseción, con una imagen de San Benito en hombres. 

Sobre la fe de los palencianos a San Benito circulan muchas historias, aunque casi todas fallan en las fechas, y una de las más repetidas cuenta que el culto llegó durante la colonia, cuando los finqueros trajeron personas esclavizadas desde las Antillas para la cosecha de la caña de azúcar, y que esas personas lo propagaron entre los campesinos, también forzados a trabajar en las fincas. Pero en los años en que funcionó el ingenio de los dominicos San Benito todavía no era ni beato, y la iglesia lo hizo santo hasta 1807, casi cien años después de la fecha que fijan esos relatos. 

Lo que sí es cierto es que, en 1848 el gobierno de Rafael Carrera devolvió a la orden de Santo Domingo de Guzmán las propiedades expropiadas a la Iglesia católica en Palencia. Se las entregó con el encargo de juntar a la gente para formar un pueblo, darle escuela y evangelizarla. En esos años los dominicos empezaron a traer imágenes de santos y a repartirlas entre cofradías y comunidades que ya mezclaban sus propias creencias con las católicas. Entre ellas llegó la de San Benito de Palermo, que se quedó en la iglesia del casco urbano sin una cofradía o comunidad de acogida. 

Sobre esto, don Viviano contaba una historia que escuchó de varios abuelos y que empieza a finales de 1871, cuando la expulsión de los jesuitas y el destierro del arzobispo descabezaron a la Iglesia católica y encendieron las alarmas de los dominicos ante una persecución inminente del régimen liberal. Al verse desprotegidos, los frailes empezaron a preparar la salida en silencio, escondiendo sus archivos, repartiendo la platería entre familias de confianza y poniendo a salvo su dinero. En 1872, Justo Rufino Barrios expulsó a los dominicos y al resto de comunidades religiosas del país, también a la orden en Palencia, y expropió varias propiedades, entre ellas tierras comunales de cofradías del casco urbano que nunca fueron de la orden. El 27 de agosto de ese año la Ley de Manos Muertas terminó de consolidar el despojo de tierras comunales en Palencia y obligó a salir del país de inmediato a los religiosos que no se pasaron al clero secular. 

Proseción de regativa por la lluvia a San Benito en la entrada al pozo de San Benito. 

En esos meses, antes de salir del país, los dominicos escondieron buena parte de sus bienes, sus libros y sus imágenes de santos, y entre esas imágenes estaba la de San Benito de Palermo, que ocultaron en un bosque cercano a la parroquia. Don Viviano recordaba que el escondite coincidió con las rogativas y permisos que los campesinos hacían cada abril, y que al llegar al pozo las familias encontraron la imagen entre unos platanares, justo antes de la entrada del invierno.

Así empieza la historia del aparecimiento de San Benito en el pozo, que las familias celebraron los primeros años como un milagro y que con el tiempo se volvió la rogativa que todavía sacan cuando falta el agua.

Familias campesinas esperan con una alfombra de velas, el regreso de de San Benito, después de la visita al pozo donde se le apareció a campesinos, un siglo atrás. 

Conforme pasaron los años, las familias agradecieron a San Benito por el buen invierno y las buenas cosechas. En la feria y la procesión hubo demostraciones agrícolas y exposiciones de verduras y semilla que los agricultores intercambiaban. Las alfombras las hacían con verduras y flores, y las colocaban para que, después del paso del santo, quienes acompañaban el cortejo las tomaran, una forma de ofrendar, compartir la cosecha y pedir un buen invierno para la siguiente siembra.

Anoche también hubo alfombras, y las familias volvieron del pozo con el santo en hombros y las velas todavía encendidas, pidiendo lo mismo que se pide en La Montaña desde antes de que el municipio tuviera nombre, la lluvia. 

Un niño acompaña la proseción con una replica en miniatura del anda e imagen de San Benito de Palermo. 

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