En Comitancillo, San Marcos, don Victoriano Gabriel Aguilón se dedica a la elaboración de varas, un símbolo de autoridad y servicio en la cosmovisión maya Mam, donde representan respeto, responsabilidad y legitimidad colectiva. Desde los años noventa ha fabricado alrededor de 300 varas mediante un proceso artesanal que requiere varios días, usando maderas locales y de la costa, mientras enfrenta retos por migración y pérdida de transmisión cultural.
Por Alex PV
En el caserío Los Ángeles, del municipio de Comitancillo, San Marcos, se mantiene vigente la elaboración de varas comunitarias, un símbolo de autoridad tradicional utilizado por autoridades indígenas, ancestrales y comunales en procesos ceremoniales y en funciones organizativas comunitarias.
En este caserío el taller de Victoriano Gabriel Aguilón destaca como un espacio donde se fabrican estos bastones con base en conocimiento artesanal transmitido generacionalmente. Victoriano, maestro de primaria con 23 años de servicio y carpintero desde los 12 años, afirma que la vara no debe entenderse como un objeto decorativo, sino como una representación de responsabilidad, legitimidad y respeto comunitario, asociada al cumplimiento de funciones de servicio.
Comitancillo, conocido en el idioma Mam como Txolja, “Entre ríos o entre casas”, se ubica en la Sierra Madre del departamento de San Marcos según datos de la Asociación Maya-Mam de Investigación y Desarrollo (AMMID). En un análisis territorial es el municipio en el departamento con mayor resguardo cultural por la forma de su saludo ancestral, el idioma Mam en la cotidianidad, sus valores culturales propios y la vestimenta de las mujeres.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2018 se registraban alrededor de 72,000 habitantes, con un 99.5% de población de origen Mam, en un municipio donde se conserva el uso del idioma Mam en la vida cotidiana. En este entorno, la vara de autoridad conserva una función cultural y política, al articular identidad comunitaria, normas y sistemas propios de organización.
Diversas fuentes culturales, como Ajkemab’, Cultural Survival, el International Work Group for Indigenous Affairs (IWGIA) y otros han explicado que las autoridades indígenas en Guatemala cumplen tareas organizativas que trascienden la ceremonia, incluyendo defensa del territorio y preservación cultural. En esa misma línea, la vara se reconoce como un símbolo de autoridad porque representa “responsabilidad, equilibrio y justicia” y porque al entregarse reconoce el compromiso con la comunidad y la defensa del territorio. Estas interpretaciones se alinean con el significado comunitario señalado por Victoriano, para quien la vara representa una forma visible de la autoridad moral, no un privilegio personal.
Un proceso artesanal
En la vida de don Victoriano la fabricación de varas en Comitancillo se consolidó hacia la década de 1990, actualmente estima haber fabricado aproximadamente 300 varas, destinadas a autoridades ancestrales y comunitarias en las 86 comunidades del municipio. La producción de cada vara implica etapas específicas: tallado, cepillado, ensamblaje, colocación de punta y empuñadura, perforación del listón, pintura y colocación de collarín. El artesano indica que cada vara requiere entre dos y tres días, mientras que un juego completo puede tomar varias semanas, debido al nivel de acabado y al valor simbólico del objeto, el juego completo se refiere a la fabricación de una vara por autoridad conformada por 6 a 9 personas depende de la comunidad. La estructura que se repite en la mayoría de las comunidades son:
- Alcalde principal
- Vicealcalde / Suplente
- Secretario(a)
- Tesorero(a)
- Vocal I
- Vocal II
- Vocal III
- Alguacil
- Principales / Consejo de ancianos
En la fabricación de las varas el proceso es artesanal incluyendo la selección de materiales de acuerdo con cualidades físicas y disponibilidad territorial. Don Victoriano utiliza maderas como cedro, pino blanco local, tenecaste y chicharro. En parte, estas maderas provienen de municipios de la Costa Sur de San Marcos, lo cual convierte la vara en un objeto que, además de funcionar como insignia de autoridad, también expresa relaciones entre territorio, memoria y circulación comunitaria de recursos. Para el artesano, la vara es una pieza asociada a la norma comunitaria: es decir, a la obediencia a acuerdos internos y a la legitimidad colectiva del ejercicio de autoridad.
El esfuerzo de preservar el oficio
El oficio enfrenta riesgos por transformaciones sociales que afectan la transmisión generacional del conocimiento, especialmente por migración, cambios en aspiraciones laborales juveniles y debilitamiento de prácticas culturales sostenidas. Victoriano señala que sus hijos han seguido otros caminos, pero mantiene esfuerzos para enseñar a sus nietos el arte de tallar y fabricar estos símbolos primordiales para la autonomía comunitaria.

A pesar de los 60 años de edad que tiene el artesano sostiene una aspiración de seguir este camino, aunque la mitad de su tiempo se ha dedicado a la docencia en una comunidad vecina, paralelamente, ha adquirido un terreno en el área costera para sembrar árboles de chicharro, con la finalidad de asegurar materia prima y reducir dependencia de dinámicas externas de mercado, una acción que puede entenderse como estrategia de sostenibilidad cultural y ambiental vinculada al oficio.
Insignia de autoridad
La vara comunitaria como símbolo de autoridad no es exclusiva de Guatemala. En Honduras, por ejemplo, se registra el uso del bastón de mando indígena en la cosmovisión Lenca, descrito como un báculo con tallados del sol, la luna y una serpiente, elementos simbólicos asociados a respeto y autoridad comunitaria (Proceso Digital, 25 enero de 2022). En Costa Rica, existen referencias a bastones vinculados a tradiciones indígenas de Talamanca, donde se registran significados sagrados relacionados con mito y autoridad comunitaria. Estas coincidencias muestran la existencia de una matriz cultural mesoamericana y centroamericana más amplia en la que el bastón o vara funciona como insignia material de autoridad, servicio y responsabilidad colectiva.

La fabricación de estas varas no responde a un patrón único, pues sus diseños varían según municipio, sistema de cargos, tradiciones religiosas o ancestrales y símbolos locales. Sin embargo, comparten una lógica de elaboración que combina elementos materiales y culturales: suelen tallarse con madera dura, que puede variar de acuerdo con la disponibilidad territorial, y luego pasan por procesos de pulido, pintado y barnizado. Algunas incorporan adornos como cordones, cintas, incrustaciones o cruces, y en varios lugares las empuñaduras o detalles decorativos se elaboran en metal, lo que obliga a integrar distintos oficios. Por eso, en la práctica, la vara rara vez es resultado del trabajo de una sola persona.
Lo más común es que se construya mediante una micro cadena artesanal donde intervienen carpinteros y talladores para dar forma al cuerpo principal, metalistas u hojalateros para la elaboración de puños o placas, y pintores o barnizadores para el acabado final; en casos especiales se incluyen grabadores, orfebres y restauradores.
Por su parte Victoriano al ser carpintero de herencia de su finado padre realiza el 90% de este proceso, únicamente se apoya en la parte industrial (hojalateros) para la fabricación de la punta y empuñadura, que estos son de metal mandados a fabricar en el departamento de Quetzaltenango. Esta combinación de madera, metal y simbolismo convierte a la vara en un objeto donde se cruzan la artesanía técnica y la autoridad comunitaria.

Actualmente no existe un registro nacional público que indique cuántos artesanos se dedican específicamente a fabricar varas de autoridad en Guatemala. No hay un censo oficial que lo documente de forma directa, ya sea desde instituciones culturales, estadísticas nacionales o municipalidades. Aun así, se puede establecer con claridad que es un oficio altamente especializado y generalmente reducido: en muchos municipios existen pocos talleres o artesanos con el conocimiento, porque la demanda suele ser estacional ligada a cambios de autoridades y porque muchas varas se heredan de generación en generación o transición de varas, una práctica que ocurre anualmente cada 1 de enero en el calendario gregoriano. Por ello la restauración de las varas son más que la fabricación completa de una nueva. Además, la elaboración suele hacerse por encargo directo de autoridades comunitarias o cofradías, y no como producción masiva para comercio.
En términos territoriales, la circulación, fabricación y restauración de varas se concentra con mayor fuerza en departamentos donde el sistema de autoridades indígenas y comunitarias se mantiene con alta vigencia.
Destaca el altiplano occidental como región central, especialmente Totonicapán, donde el sistema de los 48 Cantones otorga a la vara un valor político y simbólico fundamental; también Quiché, donde en municipios con alcaldías indígenas y cofradías la vara forma parte de actividades públicas; y Sololá, donde los pueblos Kaqchikel, Tz’utujil y K’iche’ conservan estructuras comunitarias fuertes vinculadas a la gobernanza indígena.
En este mismo corredor se ubican territorios de Quetzaltenango, Huehuetenango y San Marcos, donde se destacan las formas de alcaldías comunitarias en las aldeas. Fuera del altiplano, otra región clave es el territorio Q’eqchi’, principalmente Alta Verapaz e Izabal, donde la vara ancestral continúa presente como signo de autoridad comunitaria en consejos y estructuras de organización indígena.
Continuidad del oficio, un desafío
En Comitancillo, la vara sigue siendo un símbolo vigente de organización comunitaria, identidad cultural y autoridad moral. Detrás de su presencia en ceremonias y actos públicos existe un trabajo artesanal especializado que, en este caso, se mantiene gracias a la trayectoria de Victoriano Gabriel Aguilón. Su oficio refleja la continuidad de un elemento importante en la vida comunitaria Mam, pero también muestra los desafíos actuales para conservar estas prácticas ante cambios sociales acelerados, migración y el riesgo de que el conocimiento no se herede entre generaciones.

En el taller de lámina de Victoriano, con piso de tierra y luz que entra por pequeñas aberturas, la elaboración de varas también es un espacio de convivencia. Ahí se reúne con su familia, recibe visitas y conversa sobre lo que representa la autoridad dentro de la comunidad. Mientras suena marimba de fondo, su familia ofrece por costumbre un caldo de gallina criolla como parte de la hospitalidad Mam y la idea de reciprocidad. “Mantengamos los valores comunitarios y culturales”, afirma, como un llamado a fortalecer las prácticas que sostienen la vida comunitaria.



