Etnicidad y acción política: de la resistencia histórica a la propuesta de un Estado plurinacional 

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Créditos: Derik Mazariegos

“El libro está organizado a partir de una desconfianza constante hacia todas las formas de esencialismo y, especialmente, hacia las categorías que parecen estabilizarse en el discurso, como la diferencia, la identidad, el multiculturalismo o la comunidad. Santiago plantea cómo estas categorías se convierten históricamente en algo que hoy damos por sentado. Estas categorías no salen de la nada: tienen su propia historia”, Alejandro Flores.

Por Derik Mazariegos

La historia reciente de las luchas indígenas en Guatemala, sus contradicciones y sus desafíos actuales fueron el eje de la presentación de Ri Qak’aslemal ri Qana’ojinik. Etnicidad y acción política. Escritos sobre pueblos indígenas y Estado en América Latina, realizada el sábado 11 de julio de 2026 en la Carpa Cultural de la Embajada de México, en Fórum Majadas, como parte de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, FILGUA.

Durante la actividad, el antropólogo Santiago Bastos Amigo dialogó con el investigador Alejandro Flores y el dirigente maya k’iche’ Domingo Hernández Ixcoy sobre una obra que reúne cerca de veinte años de análisis acerca de los pueblos indígenas, sus formas de organización y su relación con el Estado.

La presentación del libro abrió una conversación sobre cómo las categorías utilizadas para interpretar la realidad, como etnicidad, diferencia, comunidad o multiculturalismo, adquieren nuevos significados a medida que cambian los procesos históricos y las relaciones de poder.

Para Alejandro Flores, los trece ensayos reunidos en el volumen conforman una especie de autobiografía intelectual de Bastos, pues permiten seguir tanto la transformación de sus preguntas como los cambios experimentados por las luchas indígenas durante las últimas dos décadas.

“No hay solamente una combinación de ensayos, sino una especie de autobiografía intelectual. Más allá de la colección de artículos, hay una trayectoria de un pensamiento antropológico que yo considero auténtico”, señaló.

Flores destacó que uno de los aportes centrales de la obra es su rechazo a las explicaciones esencialistas. En lugar de considerar la diferencia cultural como la causa natural de la desigualdad, el libro estudia cómo esa diferencia se construye dentro de relaciones históricas de poder.

“La diferencia adquiere significado porque forma parte de relaciones históricas de poder, y el problema deja de ser la existencia de grupos culturalmente distintos para pasar a ser la producción histórica de sujetos étnico-raciales. La diferencia deja de explicar la desigualdad y pasa a entenderse como uno de los mecanismos mediante los cuales esta es producida”, explicó Flores.

El recorrido del libro atraviesa distintos momentos de la acción política indígena: el desarrollo del movimiento Maya, el auge y los límites del multiculturalismo, el avance del extractivismo, el fortalecimiento de las comunidades y el protagonismo adquirido recientemente por las autoridades ancestrales.

Foto: Derik Mazariegos

De la resistencia a la estrategia

Domingo Hernández Ixcoy situó el libro dentro de un proceso más amplio de recuperación del pensamiento y la historia de los pueblos originarios. A su criterio, la obra permite conocer experiencias organizativas fundamentales, pero también discutir sus límites sin convertirlas en relatos idealizados.

Hernández sostuvo que los pueblos indígenas han mantenido una voluntad histórica de lucha frente al colonialismo, el racismo y el patriarcado. Sin embargo, planteó que la resistencia, por sí misma, debe acompañarse de articulación, formación política y una estrategia común.

“Lo que hemos tenido en Guatemala y en gran parte del continente es la resistencia, la voluntad de lucha, de enfrentar el colonialismo, de enfrentar el racismo y de enfrentar el patriarcado. Para alcanzar y revertir todo esto que hemos estado viviendo, lo que nos ha faltado es la articulación, la estrategia”, afirmó.

Para Hernández, construir una estrategia requiere formar personas capaces de estudiar la historia de manera rigurosa, interpretar el presente y orientar procesos organizativos de largo plazo.

“Una amiga me decía que todo lo que nos hacía falta era hacer una estrategia. Entonces yo le decía: tal vez lo que nos hace falta es preparar a los estrategas. Por eso le apostamos a la formación política, a la formación de cuadros que sean la columna vertebral para comenzar a cambiar la situación, para pensar, leer y conocer nuestra historia y la historia de otros pueblos”, expresó.

También advirtió que idealizar las luchas puede impedir una evaluación honesta de sus resultados.

“El gran problema es que a veces no nos animamos a la crítica. Cuando idealizamos las luchas, generalmente no estamos hablando de la historia de manera objetiva, de manera seria. Hay que hacer un balance de lo que se viene trabajando”, señaló.

Desde esa lectura del pasado, Hernández llevó la conversación hacia una propuesta para el presente: la construcción de un Estado plurinacional para el buen vivir de los pueblos. Consideró que las instituciones guatemaltecas atraviesan una crisis que ya no puede resolverse mediante reformas superficiales.

“Hoy tenemos nuevos aportes de los pueblos indígenas. Uno es nuestro planteamiento sobre la propuesta de un nuevo Estado plurinacional. Ustedes saben cómo está el Estado de Guatemala; ahora le quieren arreglar un poquitín, pero la casa ya está un poco jodida. No se trata de ponerle parches, sino de profundizar en el análisis”, afirmó.

Hernández explicó que distintas organizaciones y movimientos indígenas han trabajado en una propuesta común de Estado plurinacional orientada al buen vivir. Para el dirigente, este proyecto busca responder a un sistema que produce guerras, migración, desnutrición, violencia y destrucción de la naturaleza.

Foto: Derik Mazariegos

Comprender una realidad en transformación

Al responder a los comentarios, Santiago Bastos explicó que la recopilación surgió inicialmente para una edición publicada en Chile. Al revisar sus textos escritos desde 2005, descubrió una continuidad que no había identificado mientras desarrollaba cada investigación por separado.

“Cuando me puse a recoger los textos, me di cuenta de que sí había algo ahí, una unidad que yo no conocía. Ha habido cambios y transformaciones, porque cuando uno tiene 35 años no piensa igual que cuando tiene 60, y el país tampoco es el mismo. Pero sí hay una propuesta para entender cómo ha sido conformada Guatemala y cómo comprender la lucha de los pueblos indígenas por romper esa dimensión étnico-racial”, explicó.

Bastos señaló que su propósito no ha sido construir una teoría definitiva sobre los pueblos indígenas, sino elaborar herramientas para interpretar procesos concretos y cambiantes.

“Yo no soy un teórico ni pretendo serlo; yo intento comprender lo que ocurre y mis análisis van detrás de lo que ocurre. Primero había que comprender qué era el movimiento maya. Después vino el multiculturalismo, luego llegaron el extractivismo y el despojo. Más adelante, la comunidad se convirtió políticamente en algo que nos ha llevado hasta este momento, en el que las autoridades ancestrales son actores políticos legítimos en Guatemala”, indicó.

Desde esta perspectiva, los conceptos tienen valor cuando ayudan a comprender una realidad, pero pierden utilidad cuando se convierten en explicaciones rígidas.

“No me fío de los conceptos. Creo que los conceptos son herramientas, si te sirven, los usas. En la lucha indígena hay un intercambio continuo de categorías. Las categorías que surgen de la lucha se incorporan al análisis y las categorías del análisis se incorporan a la lucha”, afirmó.

Investigar sin condescendencia

La conversación también abordó la relación entre investigación, acompañamiento y compromiso político. Bastos explicó que ha procurado mantener una posición crítica incluso frente a las organizaciones y movimientos con los que ha trabajado.

“Yo he intentado ser un analista que hace política, pero no un político que analiza”, expresó.

Para Bastos, acompañar las luchas indígenas no significa renunciar a cuestionar sus decisiones, contradicciones o límites. Por el contrario, considera que una relación respetuosa debe reconocer a los pueblos y sus organizaciones como sujetos responsables de sus acciones.

“La actitud crítica es parte, para mí, de la honestidad. No se trata de condescender. Para mí, la condescendencia es la forma de racismo más perversa que hay: ‘pobrecitos’. No, pobrecitos no. Ustedes son responsables de lo que hacen. Entonces hay que dialogar y negociar desde ahí”, señaló.

Al finalizar la presentación, una persona del público preguntó si los pueblos indígenas tienen futuro frente a las condiciones actuales de Guatemala y América Latina. Bastos evitó formular una predicción, pero afirmó que las alternativas frente a la crisis política, social y ambiental están relacionadas con los procesos impulsados desde los pueblos.

“Si hay futuro en el mundo y en esta parte del mundo, tiene que ver con todo lo que está ocurriendo ahora con los pueblos indígenas. No sé hacia dónde, pero sé que va por ahí. El capitalismo autoritario y disgregador que estamos viviendo nos está llevando al carajo; por ahí no hay futuro. Las alternativas, por lo menos, se están generando”, concluyó

Foto: Derik Mazariegos

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