Tecnología y el komun

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Kajkoj Máximo Ba Tiul

Juan se levanta a eso de las cuatro de la mañana para iniciar un viaje que lo llevará de su casa a otro municipio.  Sale corriendo, se despide de su familia y de sus animalitos con la esperanza de regresar a buena hora por la tarde.  Se encamina hacia el parque para abordar el bus que lo llevará al lugar de destino.  Tiene que pasar el mercado y, su esposa le dice: “¡tené cuidado con los perros!”. El mercado es el hotel de los perros que no tienen donde dormir, donde comer y se han apropiado de ese lugar.  Como en todo el país: “Quién no se queja de los perros callejeros”.

De pronto, entre cantos de zanates que se están levantando, como si fueran personas que se levantan para ir a una fiesta o porque llegó la hora de ir al mercado, gritan, gritan, gritan.  Como si se regañaran, porque otros quieren seguir durmiendo, como a veces nos pasa en las comunidades cuando encienden el molino, las señoras comienzan a hablar en la cocina y uno se tapa el oído para no escuchar, pero ni modo, “hay que levantarse”. Así están los zanates y en medio de ese grito, llega al bus y el ayudante anunciando el lugar de destino.  Juan se sube y dice ¡buenos días!, como de costumbre, nadie le responde.  Algunos van durmiendo, pero muchos van con el celular en la mano, tiktoqueando o facebuqueando, como dicen los muchachos.  

A Juan se le olvidó que desde hace un tiempo estamos en el mundo de la tecnología, de la inteligencia artificial, del WhatsApp, del TikTok, en donde el tiempo de “desearle un buen día al vecino” se acabó.  Las buenas costumbres se están terminando, dijeran nuestros abuelos y nuestras abuelas.  Si antes uno que otro llevaba un libro para leer, ahora es mucho más raro y si sacas uno, pareces un bicho raro.  Se te quedan viendo y se ve en los gestos y como si dijeran, “que tradicional, que conservador”.

Juan creció en el tiempo en donde entablar una conversación era fundamental, incluso con alguien desconocido.  En aquellos tiempos, te sentabas en el bus y lo primero era: buenos días, a dónde vas, dónde trabajas.   A veces hasta se llegaba a preguntar sobre su red familiar.  Se conocían muchas historias, a veces bien contadas otras no tanto, pero siempre había de que hablar.  Se hablaba sobre comida, trajes, tierras, mapas, tiempos, clima, familias, etc.  Y muchas veces, se llegaba a la conclusión que se conocían las mismas redes familiares.  Esto no sucede hoy.

Pero en este viaje Juan mira que todos parecemos zombis.  Todos sentados, cada quien en su mundo, queriendo dominar la tecnología, sin darnos cuenta que es la “tecnología la que nos domina a nosotros”.  Gerardo Duré, un amigo de Argentina, escribió en un artículo que la “Inteligencia privada, guerra informativa y disputa geopolítica en América Latina: el papel de Israel y la nueva derecha regional”, nos presenta un mapa,en donde nos muestra, como la tecnología nos controla y para qué nos controla, como si fuéramos marionetas en sus manos[1].

Juan llega a donde tenía que llegar.  Grita: ¡aquí me quedo!, el ayudante escucha, por un momento deja su celular y le dice al piloto: “¡bajan!”,  Juan les pregunta que a qué horas regresan; le contestan que a cada hora, hasta el medio día.  Entonces Juan, responde, ¡entonces trataré de estar a esa hora para irme con ustedes!  Bueno pues, gracias, adiós, adiós.

Y entonces, Juan comienza a pensar, ¿cómo es que ahora nadie quiere platicar?  ¿Se están rompiendo las relaciones sociales? Si antes la mayoría viajaba con la cabeza tapada porque iban durmiendo, ahora todos con la “cabeza agachada” ¿Lo humano se está perdiendo poco a poco o lo estamos sustituyendo por otra cosa?  ¿Es solo transhumanismo o también es posthumanismo? Situaciones que están también destruyendo nuestras propuestas como pueblos originarios, porque atentan contra el modelo del “komun”. 

De hecho, la tecnología y la IA llegaron para quedarse como cualquier pandemia.  No dicen nada cuando entran y rompen con nuestras relaciones sociales.  Así como entró el modelo de la privatización, el extractivismo, los monocultivos y los químicos, así está llegando, hasta volverse un elemento más de la cultura humana. Todos son parte de un solo sistema, el capitalismo, el neocapitalismo o el neoliberalismo, cualquier nombre que tenga, es lo mismo.  La tecnología llegó para controlarnos más, para colonizarnos más. 

Son capaces de contagiar a todos, desde los niños hasta los viejos.  Y nunca nos preguntamos si lo que estamos consumiendo es bueno o malo. Como cuando consumimos comida chatarra. Estos medios de comunicación o plataformas digitales, como muchos medios en el siglo pasado, no son neutrales, son espacios donde se disputa el sentido común de la sociedad y saben cómo atacarlo.  Entonces, la concentración mediática y tecnológica no puede separarse de las relaciones históricas de dependencia que han marcado a América Latina durante siglos[2].

Como diría cualquier persona de nuestro pueblo ya no se trata solamente de quién tiene el micrófono, sino de quién controla el escenario completo, las luces, el sonido y hasta la entrada al lugar. Esa es quizás una de las transformaciones más profundas de nuestro tiempo[3].

La tecnología, dirigida por el tecnofacismo, ¿está atentando contra los valores y principios del “komun” y entonces qué debemos a hacer?


[1] Duré, Gerardo, Inteligencia privada, guerra informativa y disputa geopolítica en América Latina: el papel de Israel y la nueva derecha regional,  https://comitesromero.org/actual/es/node/1305, visto última vez el 12 de junio del 2026

[2] José A. Amesty Rivera, https://www.amerindiaenlared.org/contenido/28740/los-fascistas-ya-no-usan-uniformes/, visto última vez el 14 de junio de 2026.

[3] Ibidem

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