La “Gazanificación” del sur del Líbano: Ocupación territorial y el avance del proyecto del “Gran Israel”

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Créditos: Humo subiendo entre las aldeas del sur de Líbano, después de enfrentamientos entre el ejército isaraelí y Hezbolá. Fotografía de Karamallah Daher

“La guerra debe terminar con un “cambio fundamental” que materialice la soberanía judía sobre la mayor cantidad de tierra posible, con el mínimo de población árabe presente. Es la política del hecho consumado: destruir para que no haya nada a qué regresar; ocupar para que el retorno sea un imposible jurídico y físico”. 

Bezalel Smotrich Ministro de Finanzas israelí el 5 de septiembre de 2017 en la presentación del “Plan de decisión”.

Humo subiendo entre las aldeas del sur de Líbano, después de enfrentamientos entre el ejército isaraelí y Hezbolá. Fotografía de Karamallah Daher

Por Jorge Fernández

El 2 de marzo de 2026 marcó la reactivación definitiva de la guerra abierta entre Israel y el partido-milicia libanés Hezbolá, un conflicto que ha escalado rápidamente tras el ataque coordinado de Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero, donde fue asesinado el líder supremo Alí Jamenei. 

Lo que comenzó como una respuesta de Hezbolá, con el lanzamiento de proyectiles hacia el sur de Haifa, en la costa norte de Israel, ha derivado en una campaña de bombardeos masivos y una incursión terrestre que ya mantiene bajo control israelí el sur del territorio libanés

La incursión del ejército israelí en el sur del Líbano ha trascendido la narrativa de una “operación limitada” para consolidarse como una ocupación formal que ya abarca aproximadamente el 10% del territorio libanés. 

Con el despliegue de una tercera división y el bombardeo sistemático de infraestructura civil, el gobierno de Benjamín Netanyahu ejecuta una estrategia de control territorial que busca redibujar la frontera hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros de la línea divisoria.

El desmantelamiento de la vida en el sur

La ofensiva ha provocado una crisis humanitaria sin precedentes en la región. Según datos de las autoridades locales y organismos internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de un millón de personas han sido desplazadas de sus hogares, convirtiéndose en refugiados dentro de su propio país. 

La cifra de víctimas mortales sigue en ascenso; hasta la fecha, se reportan más de 1,000 asesinados, la mayoría civiles fuera de las zonas de combate directo, entre ellos se cuentan paramédicos, rescatistas, personal médico, así como niñas y niños. 

“Hemos ordenado acelerar la destrucción de viviendas libanesas en aldeas de la línea de contacto”, declaró el ministro de defensa israelí, Israel Katz, vinculando directamente la destrucción de infraestructura civil con un objetivo militar de “neutralización”. 

Esta táctica de demolición sistemática ha convertido la zona fronteriza en un área intransitable y despoblada, donde incluso las labores agrícolas, como la cosecha de aceitunas, han sido suspendidas por el riesgo de ataques directos y por el envenenamiento de los campos con pesticidas regados por avionetas israelíes. 

Esta táctica de “tierra arrasada” no se limita a la eliminación de objetivos militares. El ministro de Defensa, confirmó que se ha ordenado acelerar la destrucción de viviendas libanesas siguiendo el modelo utilizado en la zonas gazatíes como Beit Hanoun y Rafah. El objetivo es claro: crear una “zona de nadie” que impida el retorno de la población civil a sus territorios legítimos.

La destrucción de los medios de subsistencia: Olivos y puentes

Para asegurar que el desplazamiento sea indefinido, la estrategia israelí ha atacado directamente los pilares económicos del sur libanés:

  • Sector Agrícola: Los históricos sembradíos de aceitunas y arboledas de olivos, base de la economía local, han quedado abandonados o destruidos. Durante la última cosecha, los agricultores fueron blanco de ataques regulares, impidiéndoles el acceso a sus tierras incluso bajo coordinación internacional.
  • Infraestructura de Conexión: Israel ha bombardeado siete puentes estratégicos sobre el río Litani. Mientras el mando militar argumenta que busca cortar rutas de suministro de Hezbollah, el gobierno libanés denuncia un intento de amputar geográficamente el sur del resto de la nación para afianzar la ocupación.
  • Aislamiento Logístico: El avance sobre localidades como Khiam busca aislar el sur del valle de la Bekaa, cerrando cualquier posibilidad de movimiento civil o asistencia humanitaria efectiva.
  • Saqueo y violencia: Entidades internacionales como Amnistía Internacional han denunciado el saquero de bienes, dinero, tortura a civiles que los soldados israelíes han cometido en las aldeas sureñas del Líbano. 

Sembradíos de olivo destruidos en el sur de Líbano después de las incursiones del ejército israelí en el año 2025. Foto extraída de Acción Contra el Hambre. 

El “Gran Israel” como hoja de ruta política

Detrás de los bombardeos a infraestructuras civiles y el desplazamiento masivo, late una pulsión ideológica que el primer ministro Benjamín Netanyahu ya no se molesta en ocultar. En declaraciones recientes, Netanyahu afirmó identificarse “mucho” con la visión del “Gran Israel” (Eretz Israel), un mapa expansionista, que reclama no sólo Palestina, sino partes de Jordania, Siria, Irak, la parte oriental de Egipto y por extensión simbólica, el control sobre el suelo libanés.

Esta visión estratégica y religiosa tiene sus raíces en los textos bíblicos del Génesis y el Deuteronomio, que describen tierras desde el “río de Egipto hasta el Éufrates”. Históricamente, líderes como Chaim Weizmann en 1919 o David Ben-Gurion defendieron que un Estado judío parcial sería solo “el comienzo”. Ben-Gurion fue claro: los límites de las aspiraciones sionistas no pueden ser fijados por ninguna entidad externa.

Tras la oportunidad que brindó la Guerra de los Seis Días en 1967, la expansión dejó de ser solo un proyecto territorial para convertirse en una estrategia de dominación regional. La Doctrina Yinon, formulada en 1982, propuso fragmentar los Estados árabes en entidades sectarias para facilitar la hegemonía israelí. 

Hoy, ministros como Bezalel Smotrich Ministro de Finanzas, e Itamar Ben Gvir Ministro de Seguridad Nacional, promueven abiertamente este Gran Israel sin fronteras, promoviendo la colonización permanente del sur del Líbano, Gaza, Cisjordania y zonas limítrofes de Siria.

Para el gabinete de seguridad israelí, esta no es una guerra de fronteras, sino una “misión histórica y espiritual”. Bezalel Smotrich, fue claro en el “Plan de Decisión” (2017) en el que se planteó la anexión de Cisjordania: la guerra debe terminar con un “cambio fundamental” que materialice la soberanía judía sobre la mayor cantidad de tierra posible, con el mínimo de población árabe presente. Es la política del hecho consumado: destruir para que no haya nada a qué regresar; ocupar para que el retorno sea un imposible jurídico y físico.

Analistas advierten que el enfoque actual busca el “máximo de tierras para Israel con el mínimo de población árabe”, facilitando un éxodo que limpie el territorio para futuros intereses expansionistas.

Bezalel Smotrich Ministro de Finanzas, e Itamar Ben Gvir Ministro de Seguridad Nacional charlando en una de sus reuniones gubernamentales. Fotografía por Jaroslav Lukiv.

Voces críticas desde el interior: La advertencia del supremacismo

El rumbo que ha tomado el Estado israelí ha generado alarmas dentro de su propio estamento militar. Moshe Yaalon, exjefe del Estado Mayor y exministro de Defensa, ha comparado la ideología de “supremacía judía” del actual gobierno con doctrinas raciales del pasado, advirtiendo sobre un proceso de “limpieza étnica” en curso.

Yaalon señala que la impunidad otorgada a los colonos y la prohibición de detener a “terroristas judíos”, mientras se mantiene un régimen represivo contra palestinos y libaneses, es una muestra de la animalización del conflicto. Según el exministro, el gobierno está llevando a Israel hacia la autodestrucción institucional al priorizar agendas mesiánicas sobre el derecho internacional.

Un ciclo histórico que se repite

La memoria de la invasión de 1982 y la masacre de Sabra y Chatila resuena en la destrucción actual. El ejército llegó hasta Beirut y permitió que milicias aliadas perpetraran la masacre donde entre 2,000 y 3,500 refugiados palestinos fueron asesinados mientras dormían. Israel mantuvo una “zona de seguridad” ocupada durante 18 años, hasta que la resistencia armada de Hezbolá, grupo nacido precisamente como respuesta a esa invasión, forzó su retirada en el año 2000.

Hoy, con la infraestructura del Líbano en ruinas y un millón de personas en el limbo, el despliegue de medios de ingeniería y la demolición de aldeas enteras sugieren que Israel no busca una tregua, sino la consolidación de una frontera móvil que responda a sus aspiraciones territoriales de largo aliento.

Sobrevivientes de la masacre de Sabra y Chatila observando los cuerpos de los caídos. Fotografía extraída de Diario Al-Quds Libération

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