“Esta tradición tiene más de cien años, según lo que cuentan los ancianos de la comunidad. Surgió como una forma de compartir el dolor de Jesucristo el día viernes”, explica Augusto Ramos, primer regidor de Chivarreto.
Por Derik Mazariegos
Con fotografías de Fabricio Alonzo
Cada año, durante el Viernes Santo, en San Francisco el Alto, Totonicapán, la comunidad de Chivarreto y sus tradicionales peleas a puño limpio, vuelven a reunir a autoridades comunitarias,comerciantes, migrantes y visitantes alrededor de un cuadrilátero.
Ahí, cuerpo a cuerpo y sin guantes, se desarrollan combates que llaman la atención por su crudeza y por el contraste con el calendario religioso en que ocurren. Sin embargo, lo que pasa en ese ring no se agota en los golpes. Detrás de cada pelea hay organización, decisiones colectivas y una red de actores que sostienen la actividad. En ese sentido, “esta tradición tiene más de cien años, según lo que cuentan los ancianos de la comunidad. Surgió como una forma de compartir el dolor de Jesucristo el día viernes”, explica Augusto Ramos, primer regidor de Chivarreto..
En redes sociales, el evento suele circular como una curiosidad de Semana Santa, en el occidente de Guatemala. La mirada se detiene en los golpes, en el cuerpo expuesto, en el instante en que dos personas se enfrentan. Pero esa imagen, por sí sola, dice poco sobre lo que realmente está ocurriendo en esta tradición con más de 100 años de existencia.

Lo que pasa ese día empieza antes. En quienes organizan, en quienes envían dinero desde lejos, en quienes montan y arman el cuadrilátero, en quienes venden, narran y participan de las peleas a puño limpio. El ring es apenas el punto de encuentro de todo eso. Mirar la pelea es quedarse con lo más visible. Lo que la sostiene ocurre en comunidad.
Las reglas son pocas pero claras. Solo participan personas adultas, deben estar sobrias, entrar por voluntad propia y no llevar joyas durante la pelea.

Chivarreto puede entenderse como un ritual, una práctica social reiterada que adquiere sentido más allá de la acción inmediata, definida por su temporalidad, sus actores y los significados que le atribuye la comunidad. En este sentido, incluso acciones que podrían parecer caóticas se vuelven comprensibles al situarse dentro de un orden social y simbólico. Experiencias como el tinku, ritual andino practicado principalmente en Bolivia, muestran cómo comunidades se enfrentan físicamente en fechas y lugares específicos, formando parte de una lógica cultural y espiritual que canaliza tensiones y restablece equilibrios entre las personas con la tierra, lo que permite pensar que, en ciertos contextos, estos combates adquieren sentidos que van más allá de los golpes mismos.

Una tradición que activa la economía
Chivarreto es una tradición que activa la economía de muchas familias en Semana Santa. Alrededor del cuadrilátero, desde temprano se instalan puestos que encuentran en ese día su principal momento. Entre ellos, la venta de alimentos, gaseosas y una que otra venta de bebidas que animan el calor de los golpes a puño limpio, pero hay algo que muchas personas buscan al llegar, las playeras conmemorativas, pensadas como recuerdo para quienes llegan desde otros lugares.

Sasha Hernández vende camisetas con distintos diseños a Q50. Explica que, aunque pueden hacer pedidos en otros momentos, es durante el Viernes Santo cuando la venta se activa con más fuerza. “Hoy es cuando lo colocamos”, dice. No tiene un cálculo exacto de cuántas vende en el día, pero confirma que sí hay movimiento.
Los negocios no están separados del evento, surgen de él y dependen de su realización. La concentración de personas en un mismo espacio genera una demanda que no existe de forma permanente. La llegada de visitantes abre un mercado momentáneo, donde productos como las playeras adquieren valor porque remiten a esa experiencia.
En el caso de Sasha, la idea nació dentro de su familia, como una forma de aprovechar esa afluencia. Este tipo de intercambios forma parte de una dinámica más amplia en la que el evento concentra personas y activa la economía en la comunidad.
Al mismo tiempo, otros recursos llegan desde fuera. Antes de las peleas, se leen públicamente los nombres de personas migrantes, originarios de la comunidad que envían aportes desde distintas ciudades de Estados Unidos. Solo en contribuciones directas, los montos superan los Q11,000, y en años anteriores han financiado infraestructura clave, como el cuadrilátero construido en 2012 con una inversión de Q80,000.

En Guatemala, las remesas representan cerca de una quinta parte de la economía nacional y sostienen el consumo de miles de hogares, especialmente en territorios indígenas y rurales. En departamentos del occidente, como Totonicapán, la migración se ha convertido en una de las principales estrategias familiares de subsistencia.
Lo que ocurre durante el Viernes Santo conecta la economía comunitaria de la aldea con redes de apoyo de personas en Estados Unidos, uniendo a vecinos, incluso a la distancia.
La presencia de las mujeres
La presencia de mujeres en Chivarreto se expresa en distintos niveles y ha ido cambiando con el tiempo. En los últimos años, su participación en las peleas se ha vuelto más visible. Aunque no es mayoritaria, sí rompe con la idea de que el enfrentamiento es exclusivamente entre hombres. Cuando las mujeres entran al cuadrilátero, disputan el espacio físico y tensionan los límites tradicionales de quién puede participar y bajo qué condiciones.
“Cuando vivía en Estados Unidos siempre me salían videos de Chivarreto. Un día dije que quería estar ahí. Hoy que lo hice, me encantó”, dice Marjorie Calderón, quien participó por primera vez en el ring.
La presencia de mujeres en el ring, así como su visibilidad en otros espacios del evento relacionados a la economía local, muestra que la práctica se adapta, incorpora nuevas dinámicas y responde a transformaciones sociales más amplias, incluyendo cambios en las relaciones de género.




