La leche derramada

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Miguel Ángel Sandoval

Ahora se puede discutir mucho sobre el resultado de una elección en el Congreso para un integrante de la Corte de Constitucionalidad. Es cierto que en los días previos hubo cierta efervescencia en los pasillos y oficinas del Congreso y un poco de animación en las calles aledañas, pero nada para quemar cohetes de vara. El punto es que la mayoría del Congreso eligió a un personaje con demasiados anticuerpos y expresión del pasado que como país queremos superar, pero nada más que eso. 

Esta elección se inscribe en un contexto mayor y es el que nos dice que, como país, estamos ante la disyuntiva entre “democracia o barbarie”. Se dice fácil, pero esto nos remonta a todos los episodios que hemos vivido en estas semanas, que arrancaron con sacudidas en el mes de enero y nos han mantenido en tensión permanente como sociedad todos estos días. Es cierto que las expresiones políticas y sociales no han sido del tamaño que quisiéramos, pero es innegable que el pulso entre las fuerzas que estamos en el terreno es fuerte y constante.

No se equivocaron quienes señalaron que 2026 era el momento de dar una pelea cerrada en el rescate o recuperación de varias instituciones, cuyo vínculo con la democracia es totalmente indisoluble. Ése fue el sentido de la elección en el Colegio de Abogados, ese es el sentido del proceso promisorio en la USAC y ese era el tema en el Congreso de la República. Es también el proceso pendiente para la elección del Tribunal Supremo Electoral con una lista amañada, y muy pronto el difícil tema del Ministerio Público. 

Este conjunto de instituciones debe tener un rol en el próximo proceso electoral. De eso ya estamos advertidos, pues vimos de qué tamaño jugaron estos actores durante el proceso electoral del año 2023, y supimos que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia o incluso de la CC habían sido negociados alrededor de una cama de hotel en un periodo reciente. Pero de nuevo, eso es la leche derramada.

Ahora lo que corresponde es construir nuestra propia ruta, definir nuestros objetivos, pensar en una victoria en el año 2027, que, sin lugar a dudas, nos permita esquivar todos los posibles obstáculos que se puedan presentar. Sea por resoluciones espurias del TSE o por investigaciones amañadas del MP, o sea por el uso de jueces a modo para continuar imponiendo nuevos capítulos de la guerra judicial, expresión de la barbarie judicial profundamente antidemocrática, como la que hemos vivido en estos tiempos. 

Es por ello que ahora solo nos corresponde, si es el caso, sacudirnos el polvo y seguir adelante, eso sí, construyendo la alternativa que hoy por hoy puede estar en el fortalecimiento del Frente Amplio por la Democracia (FAD). Sabemos que en política los milagros no existen, y que solo un proceso de construcción serio, responsable y con la vista puesta en las experiencias del pasado reciente, nos puede permitir la construcción de ese escenario de victorias que queremos para el 2027. 

De momento se perdió una elección en el ámbito del legislativo, pero eso es solo un incidente de camino. Quedarse anclados en lo ocurrido en el ámbito del legislativo, sería como si dejáramos de ver el bosque, que tiene muchas más muestras de avances democráticos. Si se analiza ese simulacro de elección en el Congreso para integrar la Corte de Constitucionalidad, resulta evidente que fue un acto de disciplina corporativa de los poderes fácticos tradicionales. Entonces, arremanguemos las mangas de blusas y camisas y vamos adelante. 

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