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Fotografía Nómada

Fotografía: Nómada

Por Carlos Fernández @carlosfercid

22 de junio 2019

El proceso electoral del pasado 16 de junio ha transcurrido sin mayores sorpresas.  Sandra Torres y Alejandro Giammatei han pasado al balotaje tal y como lo anticipaban las encuestas. En el caso de Giammatei candidato por el partido Vamos, que corre por cuarta ocasión para la presidencia y a quien le precede su fama por su supuesta participación en la ejecución extrajudicial de reos en el célebre centro de detención Pavón, así como su cercanía a grupos de militares en situación de retiro con posibles vínculos a violaciones a los derechos humanos y otras formas de crimen organizado, lo hacen generar anticuerpos con un segmento del electorado con profundo desafecto a los sectores militares y empresariales del país.  La realidad es que un posible gobierno de Giammatei, no sería tan distinto en términos generales con los de Jimmy Morales. Las similitudes además de las ideológicas, serían también en cuanto a las posibilidades de mover su agenda de gobierno.  El Congreso de la República por tercera ocasión contará con una mayoría sustantiva del partido Unidad Nacional de la Esperanza – UNE- de la candidata Torres y la experiencia nos dicta que, para gobernar Guatemala, hace falta más que ser el Presidente Electo.

El partido UNE, en los últimos doce (12) años se ha dedicado sistemáticamente a hacerse de cuanto espacio de poder les sea posible, comenzando por la designación de magistrados de salas hasta llegar al control de la Corte Suprema de Justicia -CSJ-, Corte de Constitucionalidad -CC- que dicho sea de paso, garantizó la participación de Torres, a quien se le señala del posible delito de haber recibido financiamiento electoral ilícito; Ministerio Público -MP-, Tribunal Supremo Electoral -TSE- y cuanto espacio de poder real les fuera posible.  Para resumirlo, la UNE es responsable de la debacle legal, operativa y moral en la que ha sucumbido el Estado guatemalteco, en tanto se han dedicado a co-gobernar cuando les conviene tal y como lo demostraron al refrendar la agenda del denominado #PactoDeCorruptos, al sumarse a intentonas de leyes de amnistía a crímenes de guerra, promover y aprobar leyes para reducir condenas en delitos de financiamiento electoral ilícito, entre otras tantas.  Además, es innegable que la UNE ha sido la piedra de origen para otros partidos tales como el extinto LIDER o el aún vigente, TODOS.  La UNE ha utilizado a mansalva su mayoría parlamentaria y la capacidad para generar alianzas espurias y promover no solo agendas oscuras, sino para tomar el control de las principales comisiones de trabajo en el Congreso de la República y obstaculizar a quien, para su infortunio, ocupe la silla presidencial.  Por si esto fuera poco, sus posibles vínculos con el magnate de la televisión abierta Ángel González dueño de Albavisión, le proporcionan la plataforma mediática perfecta y sin filtros para llegar al interior de la república donde sus noticieros, son la única ventana al acontecer nacional.

Sandra Torres ha perdido elecciones en más de una ocasión, pero no el usufructo del poder real y la UNE ha sido el artefacto con el que ha cooptado el funcionamiento del Estado. Lo que le falta, es sentarse en la silla presidencial para completar su personal apuesta por hacerse del trono y satisfacer su ego. Pero esto no será tarea fácil, en tanto su intención de voto tiene un techo de cristal y lo ha alcanzado nuevamente en la primera vuelta electoral.  Los caminos de Torres para ganar la presidencia son limitados y se reducen a:  1) Inmovilizar el voto urbano que les es adverso, generando conflictos en áreas urbanas y semiurbanas por sus adeptos el día de las elecciones.  2)  Mover campañas en redes sociales para desincentivar el voto de los urbanos y que el margen de abstencionismo sea lo suficientemente alto, similar al que le permitió a Álvaro Colom ganar la presidencia o 3) La imposible tarea de ganar el afecto de los urbanos y convencerlos que no es la malvada de la película y que esta vez un gobierno de la UNE, no será tan corrupto como el anterior.

Mientras Torres y su comparsa intentan reestructurar su estrategia frente al balotaje y enfrentar al enemigo encarnado en el votante urbano, el TSE que es producto de los dados cargados en la elección de magistrados, se devana los sesos para explicarle a la comunidad nacional e internacional que las inconsistencias en las actas y el sistema electrónico montado por su propio departamento de informática, son simples errores humanos o de programación y no parte de un intento de amañar los resultados de las elecciones.  El jefe del departamento de informática, ha aceptado en una reunión con los fiscales de los partidos políticos el día sábado 22 de junio de 2019, que no solo hubo errores de digitación, sino actas y datos duplicados en el sistema. Es decir, que no solo se trata de problemas de digitación, sino que podríamos estar frente a un problema de diseño de software, lo que implica que los votos contabilizados y presentados entre el 16 y 17 de junio, están inflados por un “problemilla” de programación.  

Aún con estas desagradables situaciones, consolidar un fraude será en extremo difícil, no por el diligente actuar Magistrados del TSE, quienes ya avalaron la inscripción de candidaturas con procesos legales en curso y que han sido la principal afrenta a la transparencia e idoneidad del proceso, además de darse vida a cuerpo de rey, gastando la no despreciable cantidad de Q 291,503 (DOSCIENTOS NOVENTA Y UN MIL QUINIENTOS TRES QUETZALES) en hospedaje y alimentación para ellos y su séquito de colaboradores durante el evento electoral, en un hotel de lujo; un insulto cuando en el país las cifras de desnutrición han aumentado según datos del Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SIISAN) entre un 4.7 y un 116% en diferentes zonas geográficas del país, el fraude se les hará imposible por la auditoría digital de la ciudadanía que puso en evidencia las graves inconsistencias y encendió todas las alarmas para de esta manera, poner un freno al descaro con el que pretendían avalar resultados amañados.

Así las cosas, Giammatei puede ganar la presidencia, pero Sandra Torres va gobernar desde el Congreso nuevamente o si logra concretar su sueño de ser presidente, lo hará desde la dictadura perfecta.

Autoría y edición

Columnista de opinión

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