La cara de asco no se maquilla

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Vicente Carrera

Hoy en Guatemala hay un negocio que crece más rápido que cualquier obra pública: el negocio de los asesores de imagen política. Empresas que se dedican, supuestamente, para tener claridad, pero en realidad se dedican a asesorar a quien tenga con que pagarles, a como se presenta una falsa imagen. No importa si el cliente tiene vocación de servicio. No importa si conoce las necesidades de su pueblo. Importa que tenga con que pagar.

El problema es que ninguna asesoría enseña lo esencial. La palabra funcionario es relativa a lo que funciona: es alguien que debe funcionar para su gente. Y en este país vemos, elección tras elección, a muchos que llegan al puesto y no funcionan. Ganan la curul, la alcaldía o la presidencia. Pero no sirven. Ni siquiera saben lo que es inherente a esos puestos. Lo único que tienen claro es cuánto quieren llegar a robar.

Lo que aprenden muy bien es a posar.

Porque eso es lo que hoy venden los asesores de imagen política: la pose para la foto. Al candidato mediocre le recomiendan aparecer en redes sociales cargando a un bebé; besando un perro, abrazar ancianos en plazas y mercados; tomarse fotos con personas de la diversidad a las que ayer despreciaba desde el púlpito o desde la curul. Todo cuidadosamente encuadrado, con buena luz y mucho filtro.

Lo que no les pueden enseñar es a quitar la cara de asco.

Y la gente ve ese asco. El pueblo guatemalteco ya no es ingenuo. Sabe distinguir entre quien abraza sinceramente y quien contiene la respiración. Entre quien escucha y quien espera que termine la grabación para subirse en su camioneta blindada y salir corriendo de allí.

Pero hay algo más grabe que la cara de asco. Detrás de muchas de esas historias hay corrupción extrema: hay robos desmedidos al erario; hay asesinatos; hay, en algunos casos, genocidio. Y ningún video, ninguna fotografía, ningún mitin lleno de gente acarreada en buses y viáticos puede borrar ese pasado.

Solo hay una cosa que podría empezar a hacerlo: el arrepentimiento.

Pero el arrepentimiento real no se anuncia en una conferencia de prensa. Se demuestra. Se hace real cuando se reconoce el daño hecho; cuando se devuelve lo robado, cuando se da la cara ante la justicia y ante las víctimas. Eso no se ve en la política guatemalteca, sobre todo en la llamada derecha. Lo que vemos es maquillaje, Y el maquillaje, tarde o temprano, se corre.

¿Cuánto cuesta una campaña de imagen? ¿Cuánto se paga por una estrategia que invente una sonrisa? ¿Y de dónde sale ese dinero?

Son preguntas que vale la pena hacerse antes de dar un like, y mucho más, antes de dar un voto.

Porque del otro lado existe algo que ningún asesor de imagen política puede fabricar. Hay jóvenes políticos que caminan por las calles sin guardaespaldas y la gente les aborda para saludarles, para hacerse una selfie con ellos, con gusto y admiración. Jóvenes políticos que abrazan a las personas sin mirar al lente. Que se sientan a escuchar con atención lo que su pueblo tiene que decirles, aunque no les guste lo que escuchan. A ellos les sale fluido, porque no buscan engañar con actuaciones mediocres.

Y no tiene que gastar un centavo en asesores políticos.

No se trata de idealizarlos. A ellos también hay que exigirles, fiscalizarlos y pedirles cuentas. Pero la diferencia se ve a leguas: unos necesitan que les enseñen a parecer cercanos. Los otros ya son cercanos.Rumbo a 2027, la pregunta no es quién tiene la mejor foto. La pregunta es quién tiene la mejor historia que sostenga una vida digna.Porque la foto se toma en un segundo. La historia se escribe en toda una vida.

Y esa no la puede editar nadie.

#CiudadaníaSinMiedo

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