Los resultados de Guatemala en PISA 2026  y las desigualdades que los atraviesan

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Créditos: Estuardo de Paz

Estudiantes guatemaltecos obtuvieron las puntuaciones más bajas entre los países latinoamericanos participantes. Maestros señalan que las carencias de infraestructura, las dificultades lingüísticas y las condiciones socioeconómicas también afectan en el aprendizaje. 

Por Jorge Fernández

Guatemala retrocedió en las tres áreas evaluadas por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) de 2025 y obtuvo los resultados más bajos entre los países latinoamericanos participantes. Solo una minoría de los estudiantes evaluados alcanzó las competencias mínimas en matemática, lectura y ciencias.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó los resultados el pasado 8 de septiembre. Cada tres años, la evaluación mide las competencias de los estudiantes de 15 años en lectura, matemática y ciencias. 

En esta edición participaron cerca de 760.000 estudiantes de 91 países y economías, entre ellos 13 de América Latina y el Caribe.

Para Guatemala el resultado es “una realidad muy dura”, según el pronunciamiento del Ministerio de Educación (Mineduc). El país obtuvo 334 puntos en matemática, 337 en lectura y 351 en ciencias, cifras muy por debajo del promedio de la OCDE. 

Además, los resultados demuestran un retroceso frente a 2022, con una caída de 10 puntos en matemática, 37 en lectura y 22 en ciencias. 

Solo el 8% de los adolescentes evaluados alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemática, el 17% en lectura y el 21% en ciencias. Es decir, más del 75% de los jóvenes de 15 años evaluados no alcanzó el nivel mínimo de competencia en ninguna de las tres áreas.

Por otra parte, Guatemala quedó última entre los países de América Latina y el Caribe que participaron y se ubicó entre los últimos lugares a nivel mundial. 

El mayor descenso se registró en el sector privado, con 45 puntos menos en ciencias, 64 en lectura y 37 en matemática, frente a un retroceso menor en el sistema público, donde la puntuación en  matemática incluso subió levemente, de 326 a 331 puntos.

El Mineduc atribuyó parte del retroceso a la pandemia, pues los estudiantes evaluados en 2025 cursaban la primaria cuando las escuelas cerraron por la covid-19. 

El Ministerio aseguró  que los resultados reflejan “la trayectoria acumulada” de esos años de interrupción. Además,  señaló que amplió la cobertura de la prueba  de 47.7% a 54.5% de la matrícula esperada, lo que habría incorporado a más jóvenes de contextos históricamente excluidos a la muestra evaluada, un factor que, según las autoridades, también incide en el promedio nacional.

Guatemala en comparación con América Latina

De los 13 países latinoamericanos que participaron en PISA 2025, ninguno alcanzó el promedio de la OCDE (Ciencias 482, Lectura 461, Matemáticas 463) en ninguna de las tres áreas. Pero dentro de ese común denominador de rezago existen resultados distintos.

Uruguay y Chile registraron los resultados más altos de la región en distintas áreas. Uruguay obtuvo el mejor resultado latinoamericano en ciencias, con 445 puntos, nueve más que en 2022, mientras Chile lideró en lectura, con 436 puntos. 

Costa Rica obtuvo el mayor avance regional en ciencias, al subir de 411 a 424 puntos. El Salvador mejoró su puntuación en el área de ciencias y mantuvo resultados similares al del año 2022 en lectura y matemáticas; sin embargo, se mantiene entre los países con peores resultados de la región en todos los rubros.

En Centroamérica, sólo Costa Rica, El Salvador y Guatemala participaron en esta edición. Costa Rica obtuvo el mejor desempeño con 424 en ciencias, 416 en lectura, 387 en matemática, seguida por El Salvador. 

Guatemala quedó última entre las tres, mientras que algunos de los mayores retrocesos de la región latinoamericana se registraron en Guatemala, Paraguay y Argentina.

Un dato del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dimensiona el problema de América Latina; en promedio, la región presenta un rezago equivalente a cuatro años de escolaridad en ciencias, el área que esta edición de PISA evaluó con mayor profundidad, en comparación con Alemania, Japón, Estados Unidos, Corea del Sur y los países nórdicos. 

Esto quiere decir que un adolescente latinoamericano de 15 años sabe, en promedio, lo que un estudiante de la OCDE sabía a los 11 años.

La inversión de Guatemala para sus estudiantes

El Mineduc documentó en el informe PISA-D, el antecedente de esta prueba en Guatemala, que durante los años que un estudiante recorre desde preprimaria hasta tercero básico, el Estado guatemalteco invierte en promedio 6,104 dólares, la inversión más baja de la región y una de las más bajas del mundo. 

El informe oficial afirma que esa inversión “explica en gran medida el alcance de los resultados”.

Asimismo señala que cuatro de cada 10 estudiantes guatemaltecos repiten uno o más años, una de las tasas más altas de la región y 1 de cada 3 estudiantes asiste a aulas con 41 o más compañeros. 

El 17% de los jóvenes de 15 años debe trabajar para aportar al ingreso familiar y el 80% de quienes tienen un idioma materno distinto al español aprendió a leer en castellano, una circunstancia que el Mineduc reconoce que “tiene efectos negativos en el aprendizaje”. 

A esto se suma que solo la mitad de los adolescentes de 15 años sigue dentro del sistema escolar en el nivel que le corresponde; la otra mitad queda fuera, y por tanto ni siquiera llega a ser medida por PISA.

Las percepciones desde dentro de los salones de clases

En Baja Verapaz, uno de los departamentos con mayores rezagos históricos educativos en el país, tres maestros describen cómo se vive todo esto desde el salón de clases.

Teresa López, maestra de primaria en Granados, identificó un abandono de contenidos por parte del Ministerio de Educación. Según su testimonio, temas fundamentales como el conflicto armado y la historia reciente de Guatemala aparecen poco o nada en los pénsumes escolares. Aseguró que ese contenido fue eliminado del currículo durante el gobierno del presidente Alejandro Giammattei.

López agregó que apenas en esta administración se ha comenzado a retomar de forma parcial. También cuestionó la existencia de cursos como “Emprendimiento”, incorporado hace varios años al currículo, que, a su juicio, no aporta frente a otras carencias formativas más urgentes. 

Además, la maestra expresó que considera  que los estudiantes que crecen en ambientes familiares violentos, o cuyos padres emigraron a Estados Unidos y han quedado al cuidado de otros familiares, enfrentan mayores dificultades para aprender, una situación que ella atribuyó al impacto emocional y psicológico de esas circunstancias.

Ovidio Oxlaj, maestro de educación básica en Rabinal, expuso que el instituto contó durante años con computadoras destinadas a la clase de computación, pero que rara vez había electricidad para usarlas y que ni él ni sus compañeras tenían la formación necesaria para impartir esa materia. Hasta este año fue contratado un profesor capacitado para esa clase.

Ezequiel Morataya, maestro de primaria en Purulhá, señaló como principal carencia la infraestructura. En el centro escolar algunas aulas son de ladrillo y techos de lámina, mientras otras tienen paredes solo de lámina. Durante la  época de lluvia, varios maestros deben compartir las pocas aulas de ladrillo disponibles. 

A esto se suma la dificultad lingüística, pues tiene alumnos que hablan mayormente Pocomchi’ y muy poco español, mientras que él y sus colegas no son bilingües, lo que complica directamente la enseñanza. 

También mencionó que gran parte de su alumnado vive en condiciones de escasos recursos y que la nutrición incide de forma directa en el rendimiento escolar.

Pese a todo esto, tanto Teresa López como Ovidio Oxlaj coincidieron en que, en los últimos años, bajo el mando de la Ministra de Educación, Anabella Giracca, los centros escolares han tenido mejoras materiales, remozamientos, desayunos y refacciones. 

También se han realizado ampliaciones de infraestructura que, aunque no resuelven los problemas de fondo, sí representan un avance frente a lo que tenían antes.

PISA y las realidades de Guatemala

Cualquier examen estandarizado no puede preguntarle a un estudiante si su maestro es bilingüe en el idioma que se habla en su casa. Ninguno puede medir si hubo luz eléctrica para dar la clase de computación, o si el aula en la que hizo la prueba tenía techo de lámina goteando en junio. 

Ninguno registra si esa mañana comió, si sus padres están en Estados Unidos, o si tiene que trabajar antes o después de recibir clases.

Estas circunstancias no le restan valor a los resultados PISA, ni le niegan la importancia que tiene como un medidor educativo, pero sí confirma que el verdadero riesgo es que, dentro de tres años, cuando toque volver a conocer otra vez estos resultados, el país siga hablando solo de puntos ganados o perdidos, sin haber resuelto las desigualdades que atraviesan a la niñez y a la juventud guatemalteca.

Mientras esos rezagos sigan sin verse, el diagnóstico no hará más que repetirse o agudizarse. Y en un tiempo en que el antiacademicismo y las políticas de la desmemoria están al acecho, ofrecerle a la juventud una educación que vaya más allá de lo “útil” y se proponga ser un medio de emancipación resulta más necesario que nunca.

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