“Este premio no es tanto para mí como un escriba, sino para los ancestros y la gente que estuvo antes que nosotros y que nos heredó estos conocimientos y saberes”
Wingston González
Por Jorge Fernández
El escritor guatemalteco Wingston González fue reconocido con el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA) 2026, distinción que la Universidad de Guadalajara anunció el pasado 25 de agosto. Su obra “Yágütaguarügü“, que en idioma Garífuna significa “Un poquito más allá”, fue seleccionada entre 69 propuestas presentadas en 22 idiomas indígenas de nueve países, entre ellos México, Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina, Perú y Paraguay.
González se convierte así en el primer ganador del galardón que no proviene de México, un hito para las letras guatemaltecas y para la literatura garífuna en general.
Un poemario y una diáspora
“Yágütaguarügü” narra la odisea de la comunidad Garífuna desde su expulsión de las Antillas, en lo que hoy se conoce como San Vicente y las Granadinas, hasta su llegada a las costas centroamericanas. El jurado, con Gloria Chacón, académica y escritora maya, como portavoz, valoró que el libro aborda tanto la diáspora histórica como la actual, incluida la comunidad Garífuna radicada en Los Ángeles, además de tratar la resistencia frente a la colonización y la preservación del idioma y las tradiciones ancestrales.
El fallo del comité fue unánime. Según la Secretaría de Cultura de México, se reconoció el trabajo del autor con la herencia lingüística y filosófica del pueblo Garífuna, así como su manera de presentar la poesía como una forma de sabiduría.
Para González, el premio representa también una oportunidad de visibilizar un idioma que se habla en comunidades del Caribe centroamericano y en ciudades como Houston, California y Nueva York, pero que ha ido perdiendo hablantes con el paso de los años. El autor ha señalado que la tradición oral garífuna, sobre todo en las costas del Atlántico, sigue siendo un pilar cultural poco documentado fuera de la música, y que su escritura ha encontrado también inspiración en las lenguas indígenas mexicanas.
“Este premio no es tanto para mí como un escriba, sino para los ancestros y la gente que estuvo antes que nosotros y que nos heredó estos conocimientos y saberes, porque los Garífunas decimos que el conocimiento que heredamos de los ancestros es para que vivamos en esta tierra, con la idea de que lo sigamos completando”,dijo el autor en la ceremonia de anunciación del premio.
El pueblo Garífuna: de San Vicente a Livingston
La historia Garífuna combina dos orígenes. Por un lado, los Caribes que llegaron desde el Delta del Orinoco, en lo que hoy es Venezuela y se mezclaron con la población Arawak de la isla de San Vicente, dando lugar a los Caliponan o Caribes Rojos. Por otro, el componente africano; se estima que en 1635 dos barcos con personas esclavizadas naufragaron frente a San Vicente, sus cautivos escaparon a nado y los Caliponan les dieron refugio. De esa unión nació la cultura Garinagu, o Caribes Negros, una amalgama entre las tradiciones caribes de pesca y agricultura y la espiritualidad, música y danza de raíz africana.
Ese pueblo en la isla de San Vicente se consolidó como un enclave de hombres y mujeres libres que resistió a las potencias coloniales del momento, tanto a Francia como a Inglaterra. La disputa entre Garífunas e invasores se agravó en 1795, cuando bajo el liderazgo de Joseph Chatoyer (Satuyé), autoridad “paramount” o jefe de los otros líderes de la isla, los Garífunas se levantaron contra los ingleses en la Segunda Guerra del Caribe. Chatoyer murió en combate el 14 de marzo de ese año; en 2002 el gobierno de San Vicente y las Granadinas lo declaró héroe nacional, el primero en recibir ese título, y hoy es recordado como una figura fundacional de la identidad garífuna.
Los ingleses después de su victoria deportaron a 4,644 Garífunas a la isla de Baliceaux, una isla de las Granadinas, donde sobrevivieron apenas 2,026 personas, y el 12 de abril de 1797 abandonaron en Roatán, frente a Honduras, a estos sobrevivientes.
Desde ahí la historia es de dispersión, pues la mayoría pudo trasladarse a la costa hondureña y con el tiempo fundó aldeas a lo largo de todo el litoral caribeño centroamericano, entre ellas Livingston, el pueblo donde nació Wingston González. Esa cadena de naufragios, guerras y migraciones sucesivas resuena como trasfondo histórico general del que parte “Yágütaguarügü”.
Quién es Wingston González
Nacido en 1986, en Livingston, Izabal, González es un escritor Garífuna transdisciplinario cuya obra recorre la poesía, la escritura performática y la traducción. Sus primeros textos aparecieron en publicaciones como Noticias del Valle y Los poetas del cinco, y con el tiempo colaboró también con Sala de Redacción, Revista Universidad, El Pregón del Valle e Identidad Shecana.
Publicó su primer libro, Los magos del crepúsculo [y blues otra vez], en 2005. Le siguieron CafeínaMC: segunda parte, la fiesta y sus habitantes (2010) y CafeínaMC: primera parte, la anunciación de la fiesta, editado en Buenos Aires, en 2011. En esos mismos años empezó a participar en encuentros literarios regionales, como el Festival de Juglares Arquímides Cruz y el Encuentro Internacional de Poesía El Turno del Ofendido, ambos en El Salvador.
Una trayectoria de dos décadas entre premios y colaboraciones
En 2015 recibió el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón por Traslaciones, anunciado durante la Feria Internacional del Libro en Guatemala, reconocimiento que afianzó su lugar dentro de la poesía guatemalteca contemporánea. Ese mismo año publicó también san juan – la esperanza y Miss muñecas vudu, y participó en Latinale, el festival itinerante de poesía latinoamericana que se celebra en Alemania.
Parte de su obra ha sido traducida al alemán, al inglés, al francés y al portugués. En 2016 apareció en Berlín ¡Hola Gravedad!, con traducción de Timo Berger, y en 2018 Ugly Duckling Presse publicó en Nueva York No Budu Please, traducido al inglés por Urayoán Noel.
Además de su trabajo como poeta, González ha desarrollado proyectos junto a artistas de danza, artes visuales, música y performance. Entre ellos destaca Qué haré con mi lugar en el cielo, realizado con el artista Naufus Ramírez-Figueroa para la Bienal de Arte de Toronto, así como colaboraciones presentadas en la Bienal de São Paulo y en el museo CAPC de Bordeaux. También es miembro del colectivo y espectáculo literario La Retaguardia.
En 2020 fue incluido en la lista “Los más creativos de la región” de la revista Forbes Centroamérica, en reconocimiento a una obra que para entonces ya sumaba más de una decena de publicaciones entre América y Europa.
Qué es el Premio de Literaturas Indígenas de América
El PLIA (Premio de Literaturas Indígenas de América) fue creado en 2013 y reconoce la trayectoria y las obras de escritoras y escritores pertenecientes a los pueblos originarios del continente americano. Lo otorga la Universidad de Guadalajara junto con instancias gubernamentales y culturales de México, entre ellas el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Durante sus primeros años, entre 2013 y 2016, funcionó como un premio a la trayectoria. A partir de 2017 cambió de formato, pues cada edición se convoca para un género literario distinto y se premia una obra inédita escrita originalmente en la lengua indígena del autor, acompañada de su traducción al español. El fallo lo emite un jurado de tres personalidades del ámbito literario, dos de nacionalidad mexicana y una extranjera, y su decisión es inapelable. Este año entre el jurado encontramos a la escritora maya Gloria Chacón y el poeta mixteco Victor Terán.
El propósito del premio es conservar y difundir los idiomas y culturas indígenas a través de la creación literaria. Pueden participar autores de cualquier idioma originario del continente, sin importar su lugar de residencia, siempre que presenten trabajos inéditos acompañados de su traducción al español.
Antes de González, el premio había reconocido a diez escritores, todos ellos mexicanos, entre ellos: Javier Castellanos (zapoteco, 2013), Josías López Gómez (tzeltal, 2015), Jorge Miguel Cocom Pech (maya, 2016), Juana Peñate Montejo (ch’ol, 2020). Esto es lo que vuelve aún más significativo el reconocimiento de González, pues es la primera vez, en catorce ediciones, que el premio sale de México.
Gabriel Pacheco, presidente del comité interinstitucional del premio, confirmó que las 69 obras postuladas este año llegaron en 22 lenguas indígenas de nueve países.
La entrega del premio
González recibirá el galardón el 4 de diciembre, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El reconocimiento incluye una compensación económica, la publicación de Yágütaguarügü por la Editorial UDG en Garífuna y en español, y una escultura elaborada por el artista jalisciense Camilo Ramírez.



