Reproducimos de forma íntegra el discurso de Sandy Rodríguez representante de exiliados guatemaltecos en México durante la presentación del informe “La verdad del exilio. Ética, criminalización y lucha por la justicia en Guatemala (2014-2025)”. En su alocución subraya que el exilio se paga sufriendo la persecución, hostigamiento y marginación.
“No somos los primeros y si las cosas en el país no cambian, desafortunadamente no seremos los últimos”
Sandy Rodríguez
Muy buenos días.
Mi nombre es Sandy Paola Rodríguez Vargas de Argüello. Quiero empezar dando mi saludo y expresando mi solidaridad con las personas perseguidas y exiliadas, a todas sus familias acá presentes, así como también a las personas que hicieron posible este informe de la verdad y a las autoridades de gobierno que están recibiéndolo.
Es importante mencionar que los números que se contabilizan oficialmente, normalmente solo hacen recuento de las personas afectadas y perseguidas directamente, pero no nos cuentan como víctimas a las esposas y esposos y a las hijas e hijos que acompañamos en el exilio, pero también a las hijas e hijos que tuvimos que dejar acá, a nuestras madres y padres, las abuelas, los abuelos, los hermanos, las parejas y demás personas cercanas.
Somos muchos y esas afectaciones también significan una gran pérdida de capital humano y profesional para Guatemala.
La lucha por la justicia en nuestro país cobra un precio muy caro a quienes trabajan por ella. Nuestros seres queridos y nosotros mismos lo hemos pagado sufriendo la persecución, el hostigamiento, la marginación, el ostracismo, la cárcel, las amenazas, la separación familiar, la falta de empleo, la angustia, el destierro, entre otros. No somos los primeros y si las cosas en el país no cambian, desafortunadamente no seremos los últimos. Perdimos nuestros proyectos de vida, nuestros trabajos, nuestros vínculos familiares, nuestros bienes, nuestras carreras, nuestra tranquilidad, nuestro reconocimiento profesional, nuestra salud física y emocional, nuestras relaciones sociales y comunitarias, nuestra participación política y ciudadana, nuestra reputación. Nos queda el amor, nuestra dignidad y nuestra voluntad para seguir adelante y empezar de cero. Nadie ni nada puede devolvérnoslas, pero este gobierno sí puede y debe hacer mucho para tratar de restituirlas lo más posible, comenzando por reconocernos como víctimas públicamente.
Pero no por eso estamos vencidos, seguimos y seguiremos con la frente en alto, luchando un día a la vez, apoyándonos en las manos solidarias que hemos encontrado lejos de nuestra tierra. Seguimos trabajando, recomponiéndonos, reagrupándonos, organizándonos, tejiendo nuestra ciudadanía guatemalteca y nuestras luchas por Guatemala con mejor perspectiva. Seguimos criando a nuestras hijas e hijos en y desde el extranjero, con la conciencia clara en nuestras raíces y el motivo de nuestro desarraigo para que nunca olviden, seguimos enseñándoles nuestras tradiciones, nuestra forma de hablar, mostrándoles fotos, recuerdos de sus abuelos, contándoles la historia como nos la contaron a nosotros nuestros padres. El olvido no es una opción para nosotros. La verdad y la justicia son el único camino.
Buscar la verdad en un país como el nuestro no es cosa fácil, muchas personas han muerto en el camino buscándola y luchando por ella. Ese es un legado que debe guiarnos a todos y no debemos olvidar. Si esta ola de persecución hubiera ocurrido 40 años atrás, muchos de nosotros no hubiéramos podido dar nuestro testimonio para el informe con nuestras palabras, hubiéramos sido un número más en el recuento de desaparecidos. Por eso, nosotros como ciudadanía y ustedes como autoridades no debemos olvidar nuestro pasado reciente, debemos aprender de él y asumir la verdad como la base para que nada de esto vuelva a suceder.
Estamos a 30 años de los Acuerdos de Paz y es difícil decir que algo de fondo ha cambiado. Esta ola de persecución del Estado lo demuestra. Han cambiado las formas, pero no han cambiado los efectos. Se mantiene el estado de las cosas. Han sido perseguidas autoridades indígenas por defender la democracia, personas defensoras del territorio y los recursos naturales, operadores de justicia por luchar contra la impunidad, periodistas por hacer su trabajo, estudiantes por defender la Universidad Pública, personas defensoras de derechos humanos, e inclusive personas del partido de gobierno. Esta es una alerta que debe despertar a quienes ejercen el poder, para luchar de la mano y proteger a quienes luchan por el cambio del estatus quo.
El Estado de Guatemala tiene una deuda histórica, pero también inmediata, con las personas exiliadas, con los presos políticos, con las personas perseguidas, con los desaparecidos, con los masacrados, con los pueblos originarios, con las víctimas del Estado. Esa responsabilidad puede y debe ser asumida por este gobierno y deben de buscarse todas las medidas posibles para que podamos alcanzar la verdad, justicia y reparación. No somos solo un discurso político vacío, sino un compromiso y una obligación pendiente del gobierno y del Estado en su conjunto.
Este informe y su entrega no son el fin de un proceso de verdad, son la piedra fundamental para que algo cambie, para que el gobierno tenga a su alcance una fotografía real y cruda de lo que nos ha tocado vivir y para que haga algo para que se reconozca nuestra situación, para que se restituyan nuestros derechos y nuestra dignidad, para que podamos retornar de forma segura, para demostrar que son diferentes y que están del lado de la verdad y de la justicia. No olviden que mientras ustedes duermen en las camas de sus casas con su gente, nosotros seguimos buscando nuestro lugar afuera de nuestra tierra, no por elección, sino porque nos vimos obligados. Guatemala no está completa sin nosotros.
Abrazo y reconozco a nuestras familias por resistir y por darnos fuerza.
Por último, no quisiera terminar sin mencionar el enorme agradecimiento al equipo de Carlos por este esfuerzo y al grande equipo de casa Centroamérica que siempre ha sido parte fundamental en la vida de cada uno de nosotros, sabemos los retos que tuvieron que enfrentar para llegar hasta este momento.
Muchas gracias.



