Por Marlon García Arriaga
Ante los recientes ataques en redes dirigidos contra la Cooperativa Integral Agrícola Nuevo Horizonte, por sus logros en desarrollo comunitario, estas son mis reflexiones:
Se acabaron los plomazos, se acabaron las negociaciones.
Después de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, el chorro de cooperantes se dejó venir a todos los pueblos del interior de Guatemala. Más pronto que tarde bares de trova abrieron en el centro de la capital y apareció el germen de lo que hoy es el fenómeno zonaunero y dosaunero (gentrificación pura). Todos los países que querían ser nuestros nuevos “padres democráticos” quisieron participar de la fiesta. Y mandaron a sus jóvenes profesionales a “hacer experiencia internacional” tocando las heridas de la guerra sin la menor comprensión del trauma. Cagarla acá y no allá en sus propios países, entiendo. Y de paso, hacer un poco de turismo interétnico.
Recuerdo que de pronto en fiestas y encuentros, la gente ya no preguntaba de qué lugar venías o de qué organización eras. La pregunta de presentación identitaria era “¿Y tú en qué proyecto estabas?” Y para que podamos participar en ello “La Embajada”, otrora quien trajera la ayuda y asesoría militar para matar a la población, repartió vía USAID miles de dólares para todo tipo de esas identidades. Eso sí… con la condición de tener a puro tubo que contratar a asesores de su país porque según ellos “…acá ustedes no tienen perfiles profesionales” ni de género, ni de conocimientos agrícolas, ni museográficos, ni de investigación histórica, ni de arte, ni de investigación forense, ni de relaciones interétnicas.
Total… no sólo proporcionaron en el pasado los medios para matarnos durante la guerra, sino que en ese momento con “los proyectos” controlaron voluntades políticas y sin necesidad de espionaje, sino a puros “informes cualitativos”, ahora saben mejor quiénes somos, dónde quedaron nuestros muertos y hasta cuáles serán nuestras estrategias para alcanzar la soberanía. Y fue más cool y de moda un discurso con una narrativa simplista que buscó desmarcarse de sus antiguos camaradas guerrilleros. Eso sí, mientras que hipócritamente en los chupaderos de la zona dos de la capital, para “cantinear canches” algunos se presentaban como revolucionarios. Ya sabemos que la ortodoxia de algunos tampoco ayudó mucho.
Al lado, como desde 1871, las ratas Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras logran, tras los acuerdos de paz, que la votación del plebiscito por las reformas constitucionales no se entendiera, y así perdiera el “SÍ”. Penetran aún más en las estructuras del estado y el germen de lo que será el pacto de corruptos de hoy, continúa con el expolio en la Franja Transversal del Norte (la Zona Reina) poniendo en su mira el territorio petenero y de Izabal. Allí, en los mismos lugares donde antes hubo la resistencia de los frentes de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes) y el EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres), las petroleras, las madereras, las fincas ganaderas y las palmeras se echaron con todo el furor de los Tratados de Libre Comercio. ¡Para el Desarrollo (de ellos) todo! Para los refugiados nada… o si quieren, pues ahí estuvieron los negocios de las tierras de las faldas del volcán de Fuego. Porque la ayuda del estado privatizador de la Energía Eléctrica y de la Construcción de Caminos es el modelo en moda de la nueva Paz Liberal…
Mientras tanto, en 1998, un grupo de 126 hombres y mujeres, del otro lado de esa paz, llegan con la esperanza y los temores propios de iniciar una nueva vida en una finca de Petén en medio de una gran sabana seca que tenía un solo árbol. La finca se llena de improvisadas champitas hechas de palitos con plásticos azules. Esas fueron las primeras viviendas de las familias que crearían lo que hoy es la Cooperativa Integral Agrícola Nuevo Horizonte. No había agua potable, ni campos de cultivo, ni viviendas, ni trabajo… eso sí ¡un chingo de estigma social! “Los refugiados”, “los criminales”, “los terroristas”… así llamados, comenzaron a reunirse bajo aquel único árbol. “El árbol de las primeras reuniones” (que aún está de pie) era la única sombra para las reuniones comunitarias y el único techo para continuar las labores de escuela popular de los pequeños.
En marzo de 1998, en pleno verano petenero, las y los fundadores de Nuevo Horizonte cavaron cuatro kilómetros, setecientos metros de zanja con piocha y barreta en la pura piedra caliza, para introducir el agua con la que por 28 años esta comunidad ha apagado su sed, bañado chirices, y regado lo que hoy se ha convertido en un paraíso verde y solidario incluso con las poblaciones vecinas. No me alcanza este pedacito de virtualidad para contar todo… ¡Mejor vénganse a ver su museo! Porque la dignidad de este museo vivo es demasiado grande. Con contarles que en 2004 en el propio terreno de la Base Militar de Petén, el equipo de futbol de los guerrilleros le ganó al equipo del ejército con un marcador de 4 a 3.
Y así, a puro intento y error hasta este año, 28 años después, vino la ayuda… ¡Qué digo ayuda…la harta obligación del Estado!! Para la construcción de un nuevo pozo, una calle remozada y una red de distribución de agua para auxiliar a la hecha por los compas en 1998. Pero esto no apareció por arte de magia… Aaaaaaañoooooossss de organización y gestión de los y las compas tuvieron que pasar. Incluso algunos que estuvieron en los debates y discusiones de las necesidades comunitarias ya ni siquiera están con nosotros. Menos mal que algunos de ellos todavía bailaron aquel 2021 cuando se pagó la deuda de la propiedad de esta tierra. Porque para que de una vez se sepa y se memorice por los siglos de los siglos: ¡¡Nadie le regaló a esta gente su tierra!!
A los que atacan a esta comunidad por sus logros, la mera neta, no le hacen daño sus ignorantes palabras. Aunque sí da vergüenza ajena. Es de conocimiento público la millonaria deuda de los empresarios al IGSS, lo exonerando de derechos arancelarios a los azucareros, las evasiones fiscales de los industriales descubiertas por la CICIG, el financiamiento ilegal a Jimmi Morales y la hipócrita disculpa del CACIF, las transas de los chalecos que los motoristas tuvimos que pagar para los negocios en las cárceles de Alvaro Arzú y Byron Lima, la obra fallida del Libramiento de Chimaltenango… (¡Es que se merecen un museo!!) ¡¡Y aún así no dicen nada por todo eso pero todavía si: ¿Chingar por una calle y el derecho al agua…? ¡¡PAAAARFAVORRRRR!!!
De paso, en este ejercicio de memoria, un abrazote bien dado a la diputada Brenda Mejía. Esto no es un tema de partidos… esto es un tema de reconocer lo que está en las funciones de los diputados como servidores públicos y cumplirlo, que hoy parece ante la gusanera que hay en el Congreso una virtud. Pero en nombre de los niños y los arbolitos, usted señora diputada, ha hecho lo que toca por continuar con la vida y con el buen vivir de este pueblo. ¡Qué la vida se lo pague con más vida!
Se reconoce por igual la ejecución de estos fondos por parte del Equipo de Técnicos y el Alcalde de la Municipalidad de Santa Ana. Así también, la enorme prueba que tuvieron que pasar durante todos estos meses la población y nuestros COCODES.
Ya para no hacerlo más largo, y a manera de celebración personal, me voy a lavar mis platos con la bendita agua que cae hoy en mi pila. Agua que, a pesar del genocidio, el enemigo no ha logrado quitársela al pez.



