De la criminalización del Movimiento Semilla al pánico por Raíces

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Vicente Carrera

Guatemala atraviesa un ciclo que parece no tener fin, una “democracia” de cartón piedra diseñada por y para los mismos de siempre. Durante décadas nos han vendido la ilusión de que elegimos presidente, cuando en realidad lo que hemos conocido es una imposición sistemática. Los partidos tradicionales, estructurados como franquicias del asalto del erario, han perfeccionado el arte del fraude —unas veces en las urnas y otras en las cortes— para garantizar que el relevo en el poder no sea más que un cambio de rostros para el mismo sistema de corrupción.

Sin embargo, en 2023 algo se rompió. El pueblo guatemalteco decidió de forma contundente romper el guion y elegir a Bernardo Arévalo. La respuesta de las élites no fue la aceptación democrática, sino la activación de un Golpe de Estado técnico. Consuelo Porras, desde el Ministerio Publico, fue la pieza clave en esta maquinaria, dedicándose a perseguir al partido oficial bajo la bandera de un supuesto fraude electoral. Hoy, con su mandato por dos periodos consecutivos, agonizando y sin haber podido presentar una sola prueba contundente que sostuviera sus acusaciones espurias, la historia la juzga como el brazo ejecutor de una persecución política que solo buscaba anular la voluntad popular.

Al judicializar y suspender al partido Movimiento Semilla, la vieja política logró un objetivo perverso: dejar al presidente sin una bancada oficial, maniatando la gobernabilidad en el Congreso. Pero el sistema no descansa. Hoy, con la vista puesta den las elecciones de 2027, el miedo ha vuelto a cambiar de bando y han surgido rostros para las viejas mañas.

La estafeta del ataque ha pasado ahora a manos de Teresita de León Torres, hija de Sandra Torres y actual secretaria general de la UNE. En un movimiento que calca el libreto de la infamia, de León ha iniciado una ofensiva contra el partido en formación Raíces, utilizando el espacio legislativo para lanzar acusaciones de supuestas irregularidades en sus afiliaciones.

¿A dónde llevará esta nueva acusación espuria a Teresita de León Torres? El camino parece trazado: al mismo basurero de la historia donde hoy habita la credibilidad de Consuelo Porras. Estos ataques reactivos son, en realidad, una confesión de culpa. Saben que su tiempo se agota y que la única forma de sobrevivir es impidiendo que la gente tenga una opción buena por la que votar. No quieren competencia; quieren una lista de candidatos previamente aprobados por las redes que han saqueado al país desde 1985.

Guatemala no puede permitirse otro ciclo electoral donde los contendientes sean elegidos por jueces, fiscales o herederas de clanes políticos, en lugar del voto de los ciudadanos. La defensa de proyectos como Raíces es la defensa del derecho básico a existir políticamente. Si permitimos que vuelvan a tumbar partidos por decreto para asegurar su victoria en 2027, la democracia en Guatemala dejara de ser una aspiración para convertirse, definitivamente, en una pieza de museo de lo que pudo ser y no fue.

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