Aproximadamente 46 familias de la comunidad de Río Pita recibieron la certeza jurídica de sus tierras, después de 52 años de lucha y resistencia donde varios de sus fundadores entregaron su vida para heredarles tierras a sus hijos y nietos.
Por Juan Bautista Xol
“Es un día histórico que recordarán nuestros hijos y nietos, así como nosotros resistimos y luchamos por nuestras tierras, un legado de nuestros antepasados”, manifestó Enrique Ché, autoridad ancestral de la comunidad Río Pita, ubicada al norte del departamento de Izabal.
El 31 de julio de 2026 los pobladores de la comunidad de Río Pita, finalmente recibieron los títulos de las tierras que por muchos años solicitaron al Estado, pero nunca se les dio trámite. La representación del Fondo de Tierras (Fontierras) entregó los títulos de las tierras comunales.
Ché recordó durante el acto de entrega que la comunidad lleva 52 años de lucha desde que los fundadores poblaron la tierra que habitan. Su padre Emilio Ché fue secuestrado por el ejército guatemalteco junto a su compañero Manuel Choc, en un intento de desalojo en 1982 y hasta la fecha se desconoce de su paradero.
“En 1982 hubo un intento de desalojo por parte del Ejército, a raíz de eso, don Manuel Choc y Emilio Ché, fueron secuestrados en esta comunidad”, recordó Ché.
Río Pita es una comunidad indígena maya Q’eqchi’, poblada por 46 familias que se ubican al norte del lago de Izabal, por la Sierra Santa Cruz, a un aproximado de ocho kilómetros sobre la ruta principal que conecta el municipio de El Estor con Livingston.
Aunque hay acceso por medio de una carretera en mal estado hasta la comunidad, los pobladores deben recorrer la carretera solitaria en motocicletas, en carros que viajan solo una vez al día, incluso a pie, cruzando 13 veces el río Sumach y ocho talanqueras de fincas privadas.
Sus pobladores se dedican a la agricultura, cultivan maíz, frijol, sandías, piña, caña, chile y ajonjolí, que comercializan en los mercados de El Estor, Izabal o en la aldea Río Dulce, Livingston, Izabal.
La comunidad participó activamente durante los procesos de cancelación de las licencias mineras en 2025, que buscaban operar en la Sierra Santa Cruz, afectando al medio ambiente y los recursos naturales que las comunidades defienden como patrimonio de la comunidad.

Una ceremonia maya para agradecer
Dos días antes de la entrega de los títulos que otorgan certeza jurídica sobre las tierras, la autoridad ancestral, las abuelas y los abuelos, se organizaron para realizar una ceremonia maya en agradecimiento al Ajaw (Creador y Formador) y de las energías de sus antepasados que perdieron su vida por defender la tierra que el Fondo de Tierras les entregó legalmente.
Las abuelas relatan que, durante dos días se prepararon para la ceremonia, bailaron sones que fueron ejecutados con el arpa. Los abuelos y jóvenes ejecutaron todo tipo de sones para convocar a los cerros, valles, ríos y las energías de sus antepasados que fundaron la comunidad de Río Pita, en 1972.


“Debemos agradecer a la madre tierra por darnos nuestros alimentos, de cuidarnos y protegernos, agradecer a nuestros antepasados que perdieron sus vidas para que nosotros y nuestros hijos tuvieran un pedazo de tierra”, expresaron las abuelas.
Los comunitarios documentaron la presencia de la gobernadora de Izabal, Gilda Córdova, quien entregó la escritura pública número 7 y la comunidad dejó de recibir los adjetivos de “poseedores o usurpadores”, como se les llamaba.
“Ahora son propietarios legítimos de sus tierras, no son poseedores, no son usurpadores”, manifestó la gobernadora.



