La efímera felicidad de las derechas

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Miguel Ángel Sandoval

Una ola recorre el continente. Las derechas o las fuerzas conservadoras están ganando elecciones por aquí y por allá, mientras las izquierdas o las fuerzas progresistas parece que no toman en cuenta lo que ocurre en la vida real. Queda la impresión de que todo se deja a la buenaventura. El análisis escasea, las autocríticas no existen. Es culpa de los otros. Que si Trump, o si la maniobra electoral, o quién sabe que más pretextos. Y se habla de la era de las derechas neofascistas y todo eso. La verdad tiene otras dimensiones y explicaciones.

Pero hay algo que no se ha tomado en cuenta: las pequeñas victorias electorales, menos de un punto porcentual en Perú, algo semejante en Colombia, una victoria electoral en Bolivia de la mano de las mayorías progresistas en una idea de voto útil, no aseguran para nadie que haya un gobierno de derecha neoliberal o neofascista de larga duración. Es apenas una coyuntura a la cual la realidad terminará pasándole la factura. Es por ello que señalo que la felicidad de las derechas se parece al miércoles de carnaval. Y sobre todo a la canción que dice: “tristeza no tiene fin, la felicidad sí”. En Ecuador, Bolivia o Chile, las derechas están amaneciendo en países ingobernables. La razón es simple: la agenda neoliberal ya no genera gobernabilidad. Ya les pasó su tiempo.

Es difícil que en un país como Colombia la gente acepte que se recorten los beneficios sociales alcanzados durante el gobierno de Petro. Aunque aquí es necesario entender que parte de las dificultades de Petro, acaso las mayores, fueron por causa de la ceguera política de las fuerzas que, a pesar de su derrota histórica, pretenden mantenerse en armas, chantajeando al gobierno que sea. En este caso el daño mayor fue en contra del gobierno progresista de Petro. Cosas veredes, amigo Sancho.

Lo cierto es que hay sopa en dos platos. El primero, los malos resultados de algunos gobiernos progresistas. Por temor, incapacidad, fuerte oposición, falta de cintura política, o lo que sea, lo cierto es que hay proyectos progresistas que fueron derrotados por sus propios errores. Un ejemplo es Chile. En este país, luego de una victoria electoral clara, hubo un mal gobierno. Pero, sobre todo, un intento del presidente electo por desmarcarse de sus orígenes. Es el recuerdo de Boric despotricando contra países hermanos por los temores inconfesos. Les dio miedo la izquierda. Ello fue clave en su derrota.

Y Bolivia. Aquí, luego de unos 15 años de éxitos progresistas, de un gobierno que puso sobre la mesa nacional los derechos indígenas y los respetó, y tuvo tasas de crecimiento económico incluso de dos dígitos, al momento de la sucesión no fueron capaces de unir fuerzas y a los sectores del proyecto progresista o de izquierda se dividieron, y con ello le sirvieron en un banquete gratis la victoria a las derechas. Dramático, pero real.

Aunque en otros países lo determinante fue la división de las fuerzas progresistas. Hay ejemplos claros. El mayor es Bolivia, pero hay otros. Uno de ellos es Honduras. En ese país la “dinastía” Zelaya fue capaz de operar en contra de la unidad de las izquierdas o fuerzas progresistas. Con ello se crearon las condiciones para que los neoliberales, conservadores o fachas, ganaran las elecciones con la ayuda de sus amigos del norte. Ahora viene la fase de balance. Ojalá que aprendan de sus errores.

Pero todo esto tiene sus límites y sus dificultades. Si bien es cierto que en Bolivia o Chile los fachas o conservadores o derechistas ganaron las elecciones, queda por ver si son capaces de impulsar sus modelos, sus ideas, sus embates en contra de los avances ocurridos durante años de gobiernos progresistas y años de avances sociales. Puedo afirmar que ni en Chile, Honduras o Bolivia, se podrá gobernar contra las mayorías. Lo vemos ahora en Bolivia. Son más de 60 días de lucha contra los recortes sociales y los intentos de dar marcha atrás. Es por ello que digo que la alegría o felicidad de las derechas tiene vida limitada. Los hechos son duros.

Ocurre lo mismo en Chile. Ya el gobierno de Kast tiene varias demostraciones de descontento social y que dicen que, si se quiere llevar a buen puerto la gobernabilidad en ese país, el gobierno neoliberal tendrá que tomar en consideración aspectos de la agenda de las izquierdas, chairos o progresistas. Ahora la lucha estará centrada en los que quieren hacer de la democracia una aplanadora en contra de los sectores sociales o de quienes pretenden que la democracia sea algo que beneficie a los sectores mayoritarios. Esa es la disyuntiva de esta época. Como he dicho en varias ocasiones: democracia o barbarie.

Y están los países en donde la derrota de la izquierda, chairos, o progresistas ha sido por cuenta de los errores de las formaciones de la masa progresista, chaira o de izquierda. Es un tema de responsabilidad histórica. Hoy día las diferencias entre unas corrientes y otras, que no pasan por el terreno ideológico, son realmente mínimas y por ello la demanda de alianzas, unidad, o luchas compartidas es lo menos que se puede plantear.

Especialmente cuando vemos que en países con proyectos progresistas victoriosos, la unidad, las alianzas o los propósitos compartidos se encuentran en la base de los éxitos Es el caso mexicano: la cuarta transformación no surge por generación espontánea, es producto de la unidad, de las alianzas de los acuerdos y la urgencia nacional de resultados. Ocurre algo parecido en Brasil.

En el caso de Guatemala, desde el Frente Amplio por la Democracia (FAD) hemos hecho nuestros mejores esfuerzos para intentar que las diferentes expresiones progresistas, de izquierda, chairas o revolucionarias se aproximen, que entiendan que en las próximas fechas electorales no habrá nada para nadie en lo individual, separados, cada quien por su lado y por sus pequeños intereses. Es el tiempo de las alianzas, de la unidad, de los propósitos compartidos. Nuestro país necesita completar y dar cumplimiento a las expectativas que se abrieron en el año 2023.

El FAD lo hace desde su calidad de fuerza política no partidaria, pero que por su conformación, por las características de su membresía, es de hecho una fuerza que concentra un activo moral, ético, que le permite plantear demandas a las fuerzas progresistas para que dejen de lado sus pequeñas diferencias y opten por las alianzas, los proyectos unitarios, las apuestas compartidas. Ojo, el FAD no está planteando nada para fortalecer sus pasiones o dar curso a sus eventuales intereses. Eso es lo que hace que sus propuestas tengan una acogida importante. Es una convocatoria a que las otras expresiones sepan y entiendan que solos ni a misa. Solos únicamente en el camino a la derrota.
En Colombia y Perú, aún no hay datos finales y oficiales. No obstante, los datos publicados casi como finales, parece difícil que se modifiquen en favor de los progresistas. En ese caso sería un escenario golpista, de revueltas sociales, etc.

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