El falso despertar: Narco-Dinero, Corrupción y la Derecha que Nunca se Durmió

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Vicente Carrera

Hablar de Guatemala es hablar de una contradicción constante: un país inmensamente rico en recursos, talentos y cultura, pero empobrecido por un sistema que ha normalizado el abuso, la impunidad y el descaro. Aquí, cada elección parece ser la promesa de una nueva decepción. Y, sin embargo, seguimos votando. No siempre por convicción, muchas veces por miedo. No siempre con esperanza, muchas veces por resignación.

En ese contexto, en los últimos meses hemos escuchado con insistencia un relato nuevo, envuelto en banderas y retórica patriótica: el supuesto despertar de la derecha. Marchas, proclamas, financiamiento de medios, figuras que se presentan como salvadores de la nación. Un espectáculo bien montado. Pero como todo buen espectáculo, conviene preguntarse quién lo está pagando y por qué.

La derecha guatemalteca no despertó. Nunca durmió. Lo que si ha cambiado es la urgencia con la que necesita recuperar espacios de poder porque se siente amenazada.

Y cuando el poder tradicional se siente acorralado, abre las billeteras. El problema es que esas billeteras no tienen origen limpio.

Investigaciones periodísticas, testimonios ante el Ministerio Público y registros filtrados han documentado durante años los vínculos entre estructuras políticas de derecha y el financiamiento electoral ilícito: dinero proveniente del narcotráfico, de contratistas corruptos que viven del erario público, de redes de defraudación aduanera, y de empresarios que han hecho sus fortunas no compitiendo en el mercado sino comprando funcionarios.

No es un secreto. Es, lamentablemente, el modelo de negocio.

Ese dinero aparece en campañas electorales declaradas muy por debajo de su costo real. Aparece en convocatorias a manifestaciones donde los participantes son trasladados en buses y reciben viáticos. Aparece en “medios de comunicación” que de pronto tienen presupuestos publicitarios generosos justo cuando la narrativa del “despertar” necesita amplificación.

La pregunta que debemos hacernos como ciudadanos no es si este dinero existe, porque existe, sino por qué los organismos de control no lo persiguen con la misma energía con que persiguen a quienes denunciamos la corrupción.

Frente a esa maquinaria de dinero oscuro, existe otra forma de hacer política. Una que no tiene buses rentados ni pauta pagada en horario estelar.

Los movimientos de izquierda y progresistas en Guatemala han sobrevivido, muchas veces, apenas con financiamiento ciudadano: la cuota mensual de quien gana el salario mínimo de un obrero o un agricultor y esto para pagar el transporte de una delegación, el tiempo no remunerado de jóvenes que creen que otra Guatemala es posible.

No es romanticismo. Es una diferencia estructural que importa.

Cuando un movimiento se financia con el dinero de su propia gente, le debe cuentas a su propia gente. Cuando se financia con narco dinero o con fondos de corrupción, le debe cuentas a narcotraficantes y a personajes corruptos. Y esa deuda, tarde o temprano, se cobra con políticas públicas, con nombramientos, con impunidad garantizada, con leyes diseñadas para proteger al criminal y no a la víctima.

Guatemala tiene suelos fértiles y costas abundantes, pero importa alimentos. Tiene reservas minerales y bosques, pero tiene hambre crónica en el altiplano. Tiene una juventud brillante y formada, pero la exporta porque aquí no hay futuro para quien no tiene apellido ni contacto.

Esa riqueza no desapareció sola. Fue desviada. Sistemáticamente. Por las mismas estructuras que hoy se visten de patriotas, de moralistas, de ungidos de Dios, para decirnos que el problema somos nosotros: los que exigimos, los que denunciamos, los que votamos diferente.

El despertar de la derecha no es un movimiento cívico. En una respuesta defensiva de quienes tienen mucho que perder si el Estado guatemalteco algún día funciona de verdad: si el Ministerio Público investiga sin presiones, si los jueces fallan sin miedo (o intereses personales), si el Tribunal Supremo Electoral garantiza elecciones limpias, si la SAT cobra impuestos a quien los debe.

Que sigamos votando de forma inteligente les aterra. Que le hablemos a nuestros hermanos en el interior para abrir sus ojos y no se dejen engañar, es lo que más les molesta a quienes quisieran que este país fuera un asunto privado entre familias poderosas.

Porque el voto, por más que lo intenten comprar, manipular o amedrentar, sigue siendo el instrumento más democrático que poseemos. Y cuando ese voto va acompañado de información, de organización comunitaria, de memoria histórica, se convierte en algo que el dinero del narco y del corrupto no puede comprar fácilmente. Se convierte en conciencia.

La derecha que hoy dice despertar, lleva décadas despierta, administrando la pobreza, la impunidad y el miedo como instrumento de control. Lo que está ocurriendo no es un renacimiento ciudadano. Es un ajuste de cuentas entre estructuras que no quieres perder el poder que han adquirido robando el dinero de los guatemaltecos.

Nosotros, el pueblo que madruga, que trabaja, que lleva a sus hijos a escuelas que se caían a pedazos y que los llevábamos a hospitales con techos que parecían las “casas de cartón” y sin medicamentos, tenemos el derecho y la obligación de nombrar las cosas por su nombre.

Esto no es un despertar de la derecha.

Esto es el miedo de quienes nunca quisieron que Guatemala despertara de verdad. Y Guatemala ya despertó. #CiudadaníaSinMiedo

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