¿Por qué reaparecen simultáneamente estos actores?

COMPARTE

Créditos: Prensa Comunitaria

Por Vicente Carrera

La política guatemalteca rara vez ofrece coincidencias inocentes. Y por eso vale la pena hacerse una pregunta incomoda: ¿Por qué reaparecen simultáneamente estos actores tan señalados?

Después de meses, unos, y años, otros, de relativo silencio público, figuras vinculadas al periodo más confrontativo del post-CICIG han comenzado a reaparecer en entrevistas, espacios digitales y narrativas cuidadosamente alineadas contra el gobierno de Bernardo Arévalo. No se trata únicamente de opiniones políticas. Lo llamativo es la sincronía.

Por un lado, James Ernesto Morales Cabrera impulsa un libro que intenta reinterpretar el periodo de la CICIG y desacreditar a figuras como Thelma Aldana, Juan Francisco Sandoval e Iván Velázquez Gómez. Más allá de la valoración literaria o política de la obra, el mensaje es evidente: reconstruir una narrativa donde quienes fueron señalados durante aquellos años pasen a presentarse como víctimas de persecución política y no como actores cuestionados por amplios sectores ciudadanos.

Al mismo tiempo, Sandra Jovel Polanco reaparece en entrevistas afirmando primero que no le interesa continuar como diputada, para luego insinuar que “habrá Sandra Jovel para rato” dependiendo de ciertas negociaciones políticas. La contradicción no es menor. Si alguien realmente desea retirarse de la política, difícilmente mantiene presencia mediática constante y mensajes ambiguos sobre su continuidad electoral.

A esto se suma la participación recurrente e incansable de Luis Enrique Hernández en discursos de oposición cada vez más agresivos en contra del presidente Bernardo Arévalo. Y todo esto ocurre bajo la plataforma mediática de Republica Gt, dirigida, nada menos y nada más, que por Rodrigo Arenas, un actor que también carga consigo antecedentes de señalamientos relacionados con el financiamiento electoral ilícito del desaparecido FCN NACIÓN.

Aquí surge la pregunta inevitable: ¿Por qué ese esfuerzo tan insistente por devolverles notoriedad pública?

Tal vez porque otros espacios periodísticos realizarían preguntas incomodas, imposibles de responder para estos actores. Tal vez porque una plataforma políticamente amigable permite reconstruir reputaciones sin confrontación crítica. O tal vez porque estamos observando algo más grande: el intento de reorganizar un bloque político golpeado por la pérdida de poder institucional.

Durante años, muchos de estos actores se movieron dentro de un ecosistema donde la confrontación contra CICIG, fiscales anticorrupción y operadores de justicia críticos encontraba respaldo institucional. Pero el escenario cambio. La salida estrepitosa de Consuelo Porras del centro de poder altera profundamente el tablero político para quienes dependían de esa estructura como mecanismo de protección, influencia o equilibrio.

Y cuando ciertos grupos pierden poder institucional, suelen trasladar la batalla al terreno mediático, terreno en que la ciudadanía ha venido fortaleciéndose cada día más, al no caer en las trampas que esta gente tiende.

No es casualidad que el presidente Bernardo Arévalo sea descrito constantemente, y sin pruebas, con términos como “incapaz”, “acéfalo”, “nefasto”, “corrupto” o “corruptor”. El objetivo no parece ser únicamente criticar al presidente, algo legítimo en democracia, sino erosionar sistemáticamente su legitimidad pública mientras otros actores intentan rehabilitar la propia.

La estrategia tampoco parece accidental: entrevistas complacientes, ataques coordinados, reconstrucción narrativa del pasado y reposicionamiento gradual de figuras que se han sentido políticamente acabadas.

¿Estamos viendo simplemente entrevistas aisladas? ¿O el inicio de una nueva articulación política rumbo al 2027?La pregunta importa porque Guatemala ya conoce este modelo o viejas mañas: actores desacreditados que regresan no necesariamente desde la fuerza electoral inmediata, sino desde el desgaste constante del adversario político.

Primero reconstruyen narrativa. Luego recuperan espacios. Finalmente buscan volver al poder.Y quizá lo más preocupante no es que reaparezcan. Lo verdaderamente preocupante sería que el país no se preguntara por qué ellos y por qué lo están haciendo justo ahora.

COMPARTE

Ahorita