La virreina no encontró colonia

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Créditos: Prensa Comunitaria

Por Gilda Eguizel Morales Ramírez*

Hay visitas diplomáticas que pasan desapercibidas y otras que revelan, sin proponérselo, las heridas históricas que todavía atraviesan nuestras relaciones políticas y culturales. La reciente gira de Isabel Díaz Ayuso por México pertenece a la segunda categoría.

Porque no fue una visita institucional cualquiera. Fue la puesta en escena de una derecha española que aún mira a América Latina desde la nostalgia imperial, el desprecio clasista y la arrogancia colonial.

Y conviene decirlo sin rodeos: mi crítica no tiene nada que ver con que Ayuso sea mujer. Ser mujer no vuelve automáticamente feminista a nadie, ni mucho menos democrática. El patriarcado también se reproduce desde liderazgos femeninos que hacen del autoritarismo, la soberbia y la confrontación una forma de poder. Lo explicaron hace décadas bell hooks, Rita Segato y Marcela Lagarde: las estructuras de dominación sobreviven precisamente cuando logran infiltrarse en los vínculos humanos, destruyendo la sororidad y convirtiendo la política en espectáculo de imposición.

Ayuso llegó a México invitada por sectores de la derecha y la ultraderecha mexicana, pero aterrizó como quien todavía cree venir desde la metrópoli a explicarle el mundo a sus antiguas colonias. Antes de llegar calificó al país como un “narcoestado”; después de volver, declaró que “México no existía antes de la llegada de los españoles”. Todo fue provocación o quemadera de tuzas, para que la prensa o los medios de comunicación no se centren en lo que está haciendo la justicia con su novio y su círculo. Bueno la derecha se sabe por libreto la creación de falsos positivos y de palos blancos, nosotros en el continente americano, lo hemos sufrido. Y después de todo lo que provocó en México (en Chile dicen ninguneó y roteó), afirma que el presidente de España Pedro Sánchez y la presidenta de México Dra. Claudia Sheinbaum pusieron en peligro su integridad.

La pregunta es inevitable: ¿qué esperaba encontrar? ¿Ovaciones? ¿Alfombras rojas? ¿Una población agradecida por los insultos?

Mucha gente en México no reaccionó como Ayuso lo hubiera querido, (pues su bandera de lucha es provocar, ningunear y después hacerse la víctima), y quizás eso fue lo que más la desconcertó. Porque la presidenta Sheinbaum no cayó en la provocación inmediata ni convirtió el episodio en un duelo personal. La sobriedad política dejó en evidencia algo incómodo: cuando no hay eco para el escándalo, el ruido se vuelve vacío.

Pero lo verdaderamente alarmante de Ayuso no fueron solo sus declaraciones. Fue el trasfondo ideológico que las sostiene. La reivindicación permanente de figuras como Hernán Cortés no es anecdótica: forma parte de una narrativa que intenta blanquear la violencia colonial y convertir la invasión de Abya Yala hoy América en una supuesta misión civilizatoria.

Hay sectores de la derecha española y ultraderecha mundial que todavía no aceptan que hay países en America que dejaron de ser territorio de obediencia. Les incomoda ver presidentas, gobiernos y pueblos que hablan con dignidad desde la soberanía y no desde la subordinación.

Por eso el contraste político resulta tan evidente.

Hace apenas unas semanas, en Barcelona, líderes progresistas del mundo se reunieron para debatir sobre democracia, justicia social, cooperación internacional y crisis climática. Allí estuvieron Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y Gabriel Boric, entre otros. Por ejemplo, la agenda de cuatro días en Barcelona de la Dra. Sheinbaum incluyó cooperación científica, defensa de la democracia, protección ambiental y encuentros diplomáticos multilaterales.

Mientras unos discuten cómo enfrentar las desigualdades del siglo XXI, otros siguen atrapados en las fantasías del siglo XVI. Los esfuerzos de diplomacia de Felipe VI y Pedro Sánches con México, Ayuso se los pasa por el suelo.

Y ahí radica el verdadero problema de la visita de Ayuso: ella no vino a dialogar con México, vino a disputarle legitimidad. Vino a alimentar una batalla cultural transatlántica donde América Latina vuelve a querer utilizarse como escenario para las guerras ideológicas de la derecha europea.

Pero los tiempos cambiaron.

La América Latina, la América Morena, Abya Yala que hoy incomoda ya no baja la cabeza ante discursos paternalistas, clasistas, colonizadores, racistas, supremacistas y malinchistas. Tenemos memoria histórica. Tenemos voz propia. Tenemos dignidad. Exigimos ser tratados y tratar a los demás en igualdad de condiciones, de manera horizontal. Avanzamos con procesos de descolonización del pensamiento. Y cada vez tenemos menos paciencia para quienes aún confunden cooperación con tutela y diplomacia con superioridad.

Ayuso fue a México (América) buscando una colonia. Y se encontró con un país soberano.

*Profesora guatemalteca. Doctoranda en Pedagogía – Alemania

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