En Santa Eulalia, Huehuetenango, la Semana Santa se vive entre prácticas tradicionales, alimentos propios de la temporada y formas de organización comunitaria que continúan marcando la vida cotidiana del pueblo q’anjob’al, en una celebración que combina costumbre, espiritualidad y cambio.
Por Lencho Pez
La Semana Santa en el municipio de Santa Eulalia, en el departamento de Huehuetenango, es una de las celebraciones más representativas y profundamente arraigadas en la vida cultural y espiritual de su población.
Años atrás, especialmente antes del conflicto armado en Guatemala, los abuelos y abuelas vivían esta temporada con un sentido más estricto y espiritual. Desde el Miércoles de Ceniza, las personas que habían adoptado la fe católica iniciaban un periodo de aproximadamente 45 días de ayuno, conocido en idioma Q’anjob’al como “K’ajb’ank’ulal”.

Con la llegada del Domingo de Ramos, comenzaba una etapa más profunda de recogimiento. Durante esos días, muchas actividades cotidianas se suspendían. No se subía a las montañas a traer leña ni se utilizaban herramientas agrícolas. En los hogares, especialmente a partir del Miércoles Santo, las mujeres dejaban todo preparado con anticipación. No se molía nixtamal, no se encendía fuego y se evitaban diversos oficios domésticos. Existía la creencia de que trabajar en esos días podía traer consecuencias negativas para la persona o su familia.
Para enfrentar este periodo sin pasar hambre, las familias preparaban alimentos especiales que no se consumían en otras épocas del año. Entre ellos destaca el oyom ub’al, un tamal elaborado con masa y frijol molido, sazonado con hierbabuena y, en algunos casos, con semillas de chilacayote. También era común el consumo de pan acompañado con miel de abeja, además de otros alimentos reservados para esta temporada.

Entre prácticas que combinan espiritualidad, costumbre y organización comunitaria, la Semana Santa en Santa Eulalia sigue marcando el ritmo de la vida cotidian
En la actualidad, aunque la tradición ha cambiado, aún se conservan elementos importantes. Uno de los más visibles es el consumo de pan con miel, así como la tradicional corrida de los “pícolos” o “pikilos”. Sin embargo, esta práctica ha ido transformándose con el tiempo y, en muchos casos, adquiere un carácter más cultural que religioso, especialmente entre el Lunes Santo y el Viernes Santo.

Hoy en día, la organización comunitaria también forma parte de esta celebración. Un grupo de panificadores distribuye su producto a vendedores ubicados en el parque central del municipio. Desde el Domingo de Ramos hasta el Miércoles Santo, estos comerciantes, junto con vendedores de miel de abeja, abastecen a la población.
Este año, la alta demanda provocó que desde tempranas horas del Miércoles Santo se agotaran tanto el pan como la miel, dejando a varias familias sin estos productos tradicionales.

Así, entre cambios y permanencias, la Otra Semana Santa en Santa Eulalia continúa siendo un reflejo de la identidad y la vida de su pueblo.



