Cartografías de Resistencia: Luchas por la Soberanía Territorial de los Pueblos Mayas-Ixiles (1936-2025)

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Créditos: Estuardo de Paz

Por Sit Pop, Feliciana Herrera 

Resumen

Durante la la guerra interna guatemalteca (1960-1996), enmarcada en Guerra Fría, el pueblo desplegó cartografías ancestrales como resistencia vital contra el genocidio estatal. Sobreviviendo 36 años de violencia extrema, comunidades se refugiaron en montañas, usando conocimientos propios del territorio; cerros, ríos, nubes, aves, para orientación, vigilancia y organización colectiva, preservando el Tiichajil (desarrollo integral de vida humana y natural).

Aunque sin mapas convencionales, los Ixiles trazaban rutas mentales y simbólicas: guiándose por el aire, viento y elementos sagrados como Loq’ola (lugares vitales), superaban la vigilancia militar avanzada del ejército. Esta cartografía práctica, heredada de resistencias coloniales como las estrategias de defensa basadas en espacios estratégicos como las trampas asentadas en barrancos y levantamientos como el de 1936 contra el Gobierno de Jorge Ubico, evolucionó en la posguerra con alcaldías indígenas B’oq’ol Q’esal Tenam, con memorias y defensa de derechos basados en el registro de ejidos colectivos (1878, 1903) y defensas contra fincas usurpadas (ej. La Perla, San Francisco, entre otras)

La resistencia cartográfica emerge como herramienta estratégica clave frente a cartografías oficiales que legitiman expropiaciones estatales y disputas legales. Los Ixiles construyen cartografías prácticas y locales para mapear su territorio, afirmar derechos colectivos y contrarrestar el control impuesto. Esta práctica no solo defiende tierras físicamente, sino que reconstruye identidad cultural, vinculando espacio, espiritualidad y colectividad ancestral desde la colonización.

Fotografía Alejandro Flores.

Cartografía desde la Reorganización del Pueblo Maya Ixil. Alcaldía Indígena Ancestral Municipal Maya Ixil (B’oq’ol Q’esal Tenam). 

La historia de resistencia del Pueblo Ixil muestra que el territorio no es solo un espacio geográfico, sino un cuerpo vivo que guarda la memoria de quienes lo habitan. A lo largo de los siglos, frente a las violencias del colonialismo, el racismo estructural, la guerra y el extractivismo, el Pueblo Ixil ha desarrollado formas propias de defensa y reconstrucción, muchas veces desde el resguardo de lo sagrado, del idioma, de los nombres y de la organización ancestral. 

El Pueblo Ixil resistió ante las políticas genocidas del Estado guatemalteco. Para preservar su identidad cultural, social y política, muchas comunidades se vieron obligadas a resguardarse en las montañas y descubrir estrategias políticas y técnicas de sobrevivencia ante el plan genocida del gobierno. Conocer su entorno y tener estrategias propias de protección no significaba ser parte de un movimiento guerrillero, como algunos sectores han afirmado, a pesar de que muchos ixiles, especialmente jóvenes menores de 18 años, se unieron a la lucha por diversas razones, en su mayoría de forma voluntaria y no por reclutamiento forzoso.

Uno de los aspectos más valiosos de la vida Ixil en la montaña fue su capacidad de organización colectiva, a pesar de la represión y la desarticulación de la estructura comunitaria. Entre sus fortalezas destacaban el conocimiento profundo del territorio, la percepción del tiempo y el espacio, las técnicas de control del entorno y la conexión espiritual y práctica con la naturaleza —los cerros, los ríos, los animales y las aves. Aunque el ejército contaba con tecnología y mecanismos de vigilancia enfocados en mapas, inteligencia de señales, controles de movimientos, y por otro lado, la población poseía sus medios de defensa y orientación. 

Guiarse por las nubes, el aire, los ríos y las montañas era una forma de protección y autocontrol frente al peligro, uso de señales, como amarre de plantas en las veredas para encontrarse. Resistir la violencia extrema significaba sobrevivir y preservar la existencia del Pueblo Ixil, pese a la intención de su desaparición. Si bien no utilizaban mapas como los conocemos hoy, practicaban métodos tradicionales que les permitían encontrarse y comunicarse efectivamente en medio del territorio. El mantener una organización colectiva en la montaña no quiere decir que tuvieron todo a su favor, si no buscaban el lado positivo y la esperanza con el fin de mantener y garantizar el Tichajil, la organización política, social, cultural y económica a partir de sus bienes naturales, tierra y territorio. 

El control que el ejército ejerció a través de las aldeas modelo no fue suficiente para que la población lograra reorganizarse, adaptarse y retomar su vida comunitaria. En la figura siguiente se presenta un mapa elaborado por estudiantes de la Universidad Ixil en Tzalbal, uno de las primeras aldeas modelo ubicada en Nebaj, que refleja su visión para los próximos 15 a 20 años. Sin dejar de lado que, como aldea modelo, muchas personas mayores o líderes comunitarios de Tzalbal han señalado que este proceso no solo implicó la definición y división de lotes despojados por el ejército, sino que incluso en dichas divisiones se plasmó la representación simbólica de un arma. 

Después de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, los Principales iniciaron un proceso de recuperación y reconstitución de las alcaldías indígenas municipales, una figura existente desde hace muchos años. Según fuentes basadas en el título del ejido del pueblo ixil de Nebaj de 1878, los Principales ya ejercían su rol, que incluía verificar y cuidar los mojones, así como registrar las tierras de manera colectiva, aprovechando las formas de registro de propiedades que surgieron y que aún se mantienen vigentes. Por lo tanto, los B’oq’ol Q’esal Tenam constituyen una figura organizativa histórica que preserva su identidad y se mantiene en constante resiliencia para defender su territorio, superar el despojo y la globalización, y convivir con un Estado que históricamente los ha mantenido aislados y ha violentado sus derechos. 

En la última década han encontrado otras estrategias de mantener y tener control sobre su territorio, la lucha permanente por la defensa del territorio implica estrategias jurídicas, políticas y sociales; por lo que los B’oq’ol Q’esal Tenam se siguen enfrentando a otro tipo de violencia, persecución e intimidación. 

Fotografía Alejandro Flores.

Resistencia Ixil desde la Colonia 

En la región Ixil, especialmente en Nebaj, la llegada de los españoles en 1530 significó la ruptura de un sistema de vida y desarrollo propio. Los ixiles se enfrentaron a una amenaza constante y, aunque intentaron defenderse, no lograron una victoria total debido a la superioridad material y la violencia de las tácticas españolas. Sin embargo, existen relatos de resistencia y estrategias de guerra, como la defensa desde el cerro Laa Vitz, en la sierra de los Cuchumatanes, mencionada por el principal Pedro Pérez Cobo, donde los ixiles lanzaron piedras a los españoles montados a caballo en un primer ataque. Aunque esta defensa no tuvo el éxito esperado, antes de que los invasores llegan a las tierras planas, colocaron trampas y modificaron el terreno, creando barrancos –actualmente conocidos como Vi’ Qootz’ (Qootz’ significa barranco)– para dificultar el avance enemigo. 

Pese a estas tácticas, la resistencia no fue suficiente para detener la invasión. Los ixiles de Nebaj fueron derrotados; los de Cotzal se unieron al pueblo uspanteko para continuar la lucha, mientras que los ixiles de Chajul se refugiaron en las montañas tras conocer la derrota de Nebaj. Esta y otras formas de resistencia marcaron un cambio profundo en la vida de los pueblos indígenas, incluido el Ixil. Las estrategias de guerra dieron paso a otro tipo de resistencia: la convivencia con un sistema impuesto desde un territorio desconocido en España, caracterizado por la dominación patriarcal y la introducción de la religión católica.

A pesar de la imposición, el pueblo ixil mantuvo su cultura maya, preservando el idioma, las formas tradicionales de gobernanza y la defensa de su territorio hasta la actualidad; un aspecto muy importante que destaca en la lucha del pueblo ixil, y en general de los pueblos indígenas de Guatemala, es la forma en que recuperaron sus tierras frente al despojo español. Se sabe que se crearon los llamados “pueblos de indios” con el propósito de controlar mejor a la población indígena y, sobre todo, para convertirlos al cristianismo. Sin embargo, no lograron ejercer un control total.

En el caso específico de la población Ixil de Nebaj, lograron mantener sus comunidades originarias y desarrollar una organización estratégica, probablemente porque actuaban en su propio territorio. Esto evidencia la importancia que para ellos tiene el espacio geográfico y, sobre todo, el no alejarse de su identidad organizativa. Aunque todos son Ixiles, cada grupo o comunidad mantiene diferencias en su organización y desarrollo, razón por la cual no se mezclaron ni se integraron completamente cuando se conformaron los pueblos de indios.

En este caso, Diego Santiago Ceto indica que cuando los españoles conformaron los pueblos de indios, obligaron a los pobladores de las comunidades originarias o comunidades madres a concentrarse en un solo espacio, sin embargo los ixiles resistieron de una forma organizada, juntándose y conformándose una misma comunidad, un Cantón como se conoce hoy en día. Los pobladores de la comunidad de Salquil se organizaron y se ubicaron en un cantón denominado hoy Xo’l Salch’il (Salquilito); los de Acul en Xo’l Ak’ul (Xolacul); y los de Tzalbal en los cantones Vi’ y Jaq’ Tz’al (Vitzal y Jaqtzal). Así, varios cantones conservaron sus clanes y estructuras propias. 

Sin embargo, no fue suficiente quedarse a vivir en estos cantones urbanos, sino que regresaron a sus comunidades de origen para mantener la vida comunitaria. Estas son conocidas como comunidades originarias, pues existían antes de la llegada de los españoles. En este caso, se puede resaltar la memoria y resistencia cartográfica, cómo la organización política y social se asocia con el espacio y dar un significado al espacio y a través de ello conservar prácticas. 

También es posible identificar que una forma de resistencia y resguardo de la identidad Ixil consiste en conservar los nombres propios en Ixil, así como los apellidos que representan elementos de la naturaleza, lugares o símbolos significativos desde la cosmovisión maya. Por ejemplo, apellidos como: K’ub’ (piedra), Tz’uch (flor de elote), Txi’b (helechos), Le’m (escarabajos de las hojas de frijol), entre muchos otros, nombres y apellidos que aún se mantienen en la actualidad. Esta tradición constituye una auténtica riqueza cartográfica, basada en el conocimiento ancestral, la cultura y la profunda relación y respeto hacia la naturaleza, pero sobre todo se mantiene una línea de conocimiento y proyección conservando la memoria e identidad a través de los tocayos o Tucos. El hecho o el haber impuesto nombres españoles a los ixiles, no destituyó los nombres originales como tales. Se puede identificar parte de la organización ancestral/española en denominar Diego a todos los Te´k (en Ixil), el cambio o la diferencia aquí es el apellido mencionado anteriormente, denominar María a las Ma’l, Margarita a las Ki’t o Pedro a los Lu’ y Juan a los Xhun. Como se podrá identificar todos son nombres relacionados a santos o personajes de la historia del cristianismo impuesto1.

Todo esto tuvo que ver con la defensa de la tierra, porque en ese momento del proceso de colonización a los Ixiles se les despojó de su identidad en general para matar o desaparecer la cultura en general. Sin embargo, la cultura se mantuvo a través de la organización interna y luego de haber experimentado un proceso de colonización fuerte, como todos los pueblos en Guatemala o América, hubo otra organización que es la recuperación de la tierra. En otras palabras, existen precedentes de que los pueblos indígenas y entre ellos el pueblo Ixil recuperaron su tierra comprándola a  la corona española. De esta forma, se fueron dando diferentes tipos de resistencia y partir de la creación del estado o la independencia de los criollos de la corona española, empieza a surgir otro tipo de lucha por la defensa del territorio. 

El pueblo Ixil, en este caso Nebaj, tenía y tiene la organización política basada en la figura de los Principales, por lo que durante la creación de los registros de propiedad se organizaron una vez más para registrar su propiedad. Primero lo hicieron los del pueblo Ixil de Chajul y Cotzal, y luego Nebaj. Un primer registro en el caso de Nebaj es en 1878 y un segundo registro en 1903 (título del ejido). Estos fueron registrados como ejido del pueblo, a nombre de la municipalidad y vecinos.  A partir de esa garantía y certeza inician una defensa colectiva de propiedad comunal del territorio que parte desde una de visión de defender y proteger la vida con la concepción del Tiichajil, Tiichajil Tenam y cómo cuidar los elementos sagrados como el Loq’ola Tx’ava’, Loq’ola A’, Loq’ola Vitz, Loq’ola Kajiq’ y todos los elementos de la naturaleza que proveen vida, cada uno tiene su espacio en el territorio, porque existe esa riqueza natural en la que el pueblo se desarrolla social, cultural  y  políticamente.

Fotografía Alejandro Flores.

Levantamiento y Resistencia del Pueblo Ixil ante la dictadura de Jorge Ubico en 1936.

En el territorio Ixil se habla mucho del fusilamiento de los siete principales el 22 de junio del año 1936, pero hay datos que aún falta por esclarecer para saber mejor lo que pasó en ese tiempo. Lo que sí es cierto es que hubo un pueblo que estaba cansado de las políticas de discriminación y racismo impulsadsd por el gobierno de Ubico en 1934, como la ley contra la vagancia, la ley de vialidad que obligaba a los Ixiles a trabajar abandonando su familia y que prácticamente era un ataque contra los indígenas y el trato inhumano, pues si no cumplían los encarcelaban. Para escapar de estas injusticias, algunos ixiles se escondían en las montañas y las aldeas como lo indica Mek Matom, Miguel Ceto, en su trabajo La rebelión maya ixil de 1936: una historia de dignidad y resistencia: 

“Como los abusos, robos, explotación y engaños continuaban, los B’oq’ol Q’esal Tenam –Principales Ixiles de Nebaj–se organizaron para ir a denunciar y poner alto a esta situación. Caminaron hasta la cabecera departamental, vino una delegación acompañada de una guarnición militar pero no hizo nada, la gente se enfureció y algunas señoras que conocían el sufrimiento de sus esposos, hermanos y paisanos lanzaron palos, uno de ellos lastimó al comandante militar. El comandante mandó a pedir refuerzos y vinieron soldados de Santa Cruz Quiché y Sacapulas; capturaron a los dirigentes, los encarcelaron y dijeron que los iban a mandar a lugares lejanos, pero la mañana del 22 de junio de 1936 fusilaron a los siete (7) Principales Ixiles que lucharon por la dignidad de su pueblo, pues al igual que el resto de pueblos mayas, sufrían los mismos embates de la dictadura y del sistema”.2

Cabe resaltar que la raíz de este levantamiento fue decir basta a la humillación de la integridad, la vida social y la identidad del pueblo ixil. Los ixiles hablan del Tiichajil y del Loq’ola, que se interpreta como “lo sagrado”, y mantienen la cosmovisión de desarrollar una vida en torno a lo sagrado; es decir, a los elementos de la naturaleza como el aire, el fuego, la lluvia, los ríos, la neblina, entre otros, y a la manera de convivir con ellos. Pero, sobre todo, valoran lo que habita la tierra y el territorio. Una vez más, resisten para preservar esa cosmovisión, esa vida social y política, a pesar de la represión legal y abuso.

Durante el reclutamiento forzado, los ixiles se enfrentaron a diversas formas de violencia y ataques. Según los relatos orales actuales, muchos abuelos tuvieron que desplazarse de sus hogares para trabajar forzosamente. Se cuenta que llevaban consigo sus totopostes (tostadas de maíz) que podían durar hasta un mes, lo que les permitía sobrevivir principalmente mientras trabajaban en la construcción de carreteras. Desde entonces, se recuerda el abuso extremo al que eran sometidos: algunas personas no resistían y fallecían, y si alguien descansaba, aunque fuera un poco, era golpeado. Este relato fue compartido por el señor Tomás De León, abuelo de la señora Margarita Ceto, curandera y principal, quien actualmente tiene 77 años. Margarita recuerda que tenía apenas nueve años cuando escuchó a su abuelo narrar estos hechos. 

Parte de la historia describe cómo, durante los desplazamientos forzados, los ixiles se enfrentaron a un personaje conocido como “el Chapín”, un individuo temido por la comunidad, ya que se decía que decapitaba a los Ixiles y transportaba las cabezas en un costal, acompañado siempre de su hacha afilada. Cada vez que los hombres eran obligados a salir a trabajar por los senderos boscosos, lo hacían en constante alerta ante la posible aparición del Chapín. En una ocasión, un grupo de cinco o seis hombres descansaba a la orilla de un río. Entre ellos se encontraba un aaq’ii  (contador de tiempo) quien, según los relatos, presentía la proximidad de un peligro. Este hombre recomendó a sus compañeros que apresuraran comer mientras él preparaba una torta, que simulaba ser de tortillas negras, pero en realidad estaba hecha de estiércol de res. Además, llevaba consigo un bastón elaborado con una planta resistente, preparándose así para enfrentar al Chapín en ese mismo lugar. Justo cuando terminaron de comer, el Chapín emergió de entre las ramas, portando su costal y su hacha, y les preguntó si había algo para él. Los hombres respondieron afirmativamente y le ofrecieron la torta de estiércol, mientras el contador de tiempo advertía a sus compañeros que permanecieran atentos. Cuando el Chapín terminó de comer la torta, desafió a uno de los hombres, conocido como don “Casico”, a un juego de fuerza para ver quién resultaba vencedor. Mientras el Chapín portaba su hacha, don Casico sólo contaba con su bastón. Sin embargo, el secreto radica en que la torta de estiércol debilitó al Chapín, permitiendo que finalmente fuera vencido y los hombres continuaron su camino hacia el trabajo forzado. 

Según los relatos, el trayecto hacia los lugares de trabajo podía durar hasta una semana, y en muchas ocasiones los hombres eran obligados a trabajar en condiciones extremas, colgados entre grandes piedras o cerros para la construcción de carreteras, mientras sus familias quedaban desamparadas. Por su parte, las mujeres se dedicaban a moler cal, pero también estaban exhaustas y humilladas por la situación. En consecuencia, se organizaron para enviar una delegación que informara sobre el trato recibido y exigiera condiciones más humanas. 

El levantamiento se desarrolló en ese periodo, en respuesta a la falta de atención a las demandas de la población. Desde el cerro o lugar sagrado conocido como Xo’l Chaxmala, ubicado al sur del pueblo, en la sierra de los Cuchumatanes, miembros de la comunidad se posicionaron estratégicamente para vigilar y anticipar la llegada de los milicianos provenientes de Santa Cruz del Quiche y Sacapulas, con el objetivo de informar oportunamente a la población organizada. 

“El jefe político, a caballo, acompañado de 25 soldados de infantería y de un sargento de apellido de León, llega a Nebaj hacia media Noche Fuerte bajo fuerte lluvia, los soldados capturan a los cabecillas, el alcalde y los alguaciles indios hacen denuncias sirven a Corado. Son capturados siete indios considerados cabecillas”.

Cuando los vigías divisaban la aproximación de los milicianos, alertaban a la comunidad mediante el uso de bombas de feria, las cuales formaban parte de una estrategia de comunicación diseñada para mantener a la población en estado de alerta. Este hecho evidencia la existencia de una organización interna, aunque muchas veces no se reconozca explícitamente; sin embargo, es común que los pueblos indígenas, y en este caso el pueblo Ixil de Nebaj, hayan exigido un trato digno a través de medios pacíficos antes de verse obligados a tomar acciones más contundentes.

El levantamiento resultó en la captura de ocho personas, de las cuales siete fueron ejecutadas por fusilamiento. Además de estos ocho individuos, se detuvo a 138 personas más, cuyo paradero permanece desconocido hasta la fecha. Cabe señalar que uno de los ocho condenados a muerte, Miguel Brito, originario de la aldea Acul, logró escapar antes de la ejecución. Los detenidos fueron sometidos a castigos severos. Durante la ejecución, se encendieron siete velas grandes, una frente a cada uno de los condenados. Cuando la vela se consumía por completo, el prisionero correspondiente era ejecutado. Para este propósito, se utilizó una vela conocida como Matx, la cual tarda aproximadamente 24 horas en consumirse. La ejecución se llevó a cabo alrededor de las 10 de la mañana en el lugar denominado Vatz Q’an Tiixh, frente a la iglesia, según consta en los registros de defunción de cada uno de los ejecutados. El levantamiento del pueblo ixil en 1936 fue uno de las más relevantes y solo se quedó así sino se llegó a los tribunales.3

Entre esas resistencias es que se mantiene la dignidad, aunque poco a poco va influyendo esa cultura de violencia estructural, pero se va trabajando como sobrevivir y resistir, pues no solo fue esta época la relevante sino siguieron dándose momentos de levantamiento de otro tipo y siempre por los tratos y las humillaciones, en este caso el otro momento que se aproximó fue el conflicto armado Interno.  

Pero antes de ello, los Ixiles siguieron humillados por la presencia de los ladinos en el territorio y la aparición de fincas, como la finca La Perla en Xemac Chajul y la finca San Francisco en Cotzal. En cuanto a la finca La Perla las comunidades ixiles siempre han mantenido que las tierras fueron despojadas por el interés económico y la producción de café, por lo que fueron registradas mediante acuerdo gubernativo, después de la medida del ejido de Nebaj y de Chajul. 

La finca No. 1749 registrada en el 2do. Registro de la propiedad con un área de 22 caballerías 22 mz y 6,135 Vrs2 y posteriormente otros registros  anexos siempre a nombre de la finca La Perla como la finca 9,110, con la cantidad de 33 manzanas, finca 9,428  con la cantidad de 63 manzanas y la finca 4,929, sumada las fincas cedidas a los milicianos de Momostenango, como la finca 3,021 de 123 caballerías, 49 Mz, 409 vrs2 , pero que no se pueden ubicar físicamente, creyendo que únicamente fue inscrita con área, lo que determina una sobreposición con los ejidos de Nebaj y Chajul por lo que quedó debidamente cancelada el 16 de enero de 1930, en sentencia por el tribunal correspondiente, en revocatoria del acuerdo gubernativo por juicio legal promovido por Chajul. 

También se encuentra la finca 3059 de 364 hectáreas, finca 3,060 de 588 hectáreas, finca 3,061 de 776 hectáreas, finca 3062 de 1,050 hectáreas 9 áreas, anexo a la finca La Perla, finca número 8,757, finca La Perla anexos, la finca número 10,344 con área de registro de 1 caballería, finca 10,488 con área de registro de una caballería, finca número 10,497 con área de   1 caballería finca la perla y anexos, registrados después del registro de Nebaj, la mayoría después de 1903, abril a diciembre de 1923 y 1977.  

Dentro de las historias relatadas y la razón del por la que muchos ixiles se vieron inclinados al alzamiento con las guerrillas era defender esa dignidad, era no permitir más humillaciones, despojos y ataques persistentes. 

En 1952 muchos ixiles eran reclutados para trabajar en la finca San Luis, de los actualmente conocidos como “los Arenas”. Como lo cuenta Pap Te’k Tzu’ch, de 86 años, a los trece años, fue enviado a la finca San Luis Ixcán, conocida como la finca de los Arenas. Su madre le preparó totopostes para el viaje, caminó desde la comunidad de Tzalbal hasta la selva de Ixcán, tomó la ruta de Vi’ sib’alvitz, vi’ qootz’, vi’uk’alvitz, Sajsiban rumbo a Ilom, de Ilom a Xe’ amaq’, lugar donde pasó por herramientas de trabajo como un azadón, machete, piochas, entre otras herramientas suficientes para cumplir con la tarea que se le iba a asignar junto a sus compañeros. Continuó su viaje entre la selva, al llegar al mirador solo veían valles sin límites, mientras faltaba poco para su destino, llegaron a media noche en la finca San Luis después de más de tres días de camino por la selva. Recuerda que junto a sus compañeros los recibió Luis Arenas, hijo de uno de los terratenientes de la región ixil.

En esa época, los trabajadores eran contratados por tareas; Pap Te’k recuerda haber cortado bayal y limpiado para una pista de aterrizaje para avionetas, a pesar de su edad, realizaba las mismas labores que los hombres mayores. A los quince días de su llegada a la finca San Luis de Ixcán, una avioneta aterrizó en la pista. La finca reclutaba entre 300 a 400 personas y todos venían de diferentes lugares, quiere decir que no solo eran Ixiles sino había K’iche’s, e iban a la finca porque supuestamente había trabajo y buena paga. El trabajo por tarea es asignar una cuerda de limpieza o cortar la planta bayal, la cuerda no es como lo que conocemos hoy en día sino mucho más grande, y Pap Te’k trabajaba una cuerda por día durante tres meses. Además, del trabajo duro y cargar sus herramientas, también tenían que conseguir como alimentarse en la finca.4

Pap Te’k comparte sus experiencias vividas e ilustra cómo, a su temprana edad, los trabajadores indígenas, incluyendo niños, eran sometidos a trabajos forzados y condiciones laborales denigrantes, lo que muestra la explotación laboral reflejando la discriminación y racismo estructural hacia la población Ixil y el despojo de las tierras de la población. La desigualdad se manifiesta como un patrón persistente implicando raíces de pobreza y pobreza extrema. Sin embargo, ha habido esfuerzos y levantamientos organizados contra la humillación que sufría el pueblo ixil de Nebaj. 

Las cartografías de resistencia, entonces, no son solo mapas. Son relatos tejidos con la memoria, con los nombres de los cerros, ríos y caminos, con las historias de lucha de nuestras abuelas y abuelos, con los clanes que siguen vivos en cada comunidad. Nombrar en idioma ixil es sostener la dignidad, trazar en colectivo es afirmar la existencia

Frente a los mapas del despojo –sean militares, estatales o de las empresas hidroeléctricas–, el pueblo ixil ha producido sus propias formas de lectura del territorio, ancladas en el Tiichajil y el Loq’ola Tx’ava’, en el respeto a los elementos que dan vida y en la visión colectiva de futuro. Estas formas de cartografía no solo recuperan el pasado, sino que proyectan una forma distinta de caminar hacia adelante: desde la comunidad, desde el cuidado, desde la vida

Hoy más que nunca, defender el territorio es defender la vida misma. Y nuestra historia nos recuerda que, aunque cambien los rostros de quienes nos quieren quitar la tierra, la fuerza de nuestra organización, nuestra memoria y nuestra espiritualidad siguen vivas.

Fotografías Alejandro Flores.

  1.  George Lovell. 2005. Conquest and survival in colonial Guatemala: a historical geography of the Cuchumatán Highlands, 1500-1821. McGill-Queen’s University Press.
    ↩︎
  2.  Matom, Mek (Miguel Ceto).2025. La rebelión maya ixil de 1936: una historia de dignidad y resistencia. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur; Guatemala : Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala; Maya’ Wuj.
    ↩︎
  3.  (Juicios de la Instancia Índice 161 Legajo 2E Expediente 7 1937, Archivo General de Centroamérica, Por Julie Gibbings ↩︎
  4.  Secretaria de Asuntos Agrarios, Presidencia de la Republica de Guatemala, C.A Investigación Registral y Catastral. Caso: Finca la Perla 
    ↩︎

Este artículo forma parte del proyecto de investigación Komon Saj’bichil: Cartografías de la Guerra Fría, que ha sido financiado por el Consejo de Artes y Humanidades del Reino Unido (AHCR, por sus siglas en inglés), coordinado por la Dra. Julie Gibbings, Feliciana Herrera Cero y Alejandro Flores, en colaboración con la Universidad Ixil y las Autoridades Ancestrales del territorio ixil.

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