Un inmigrante anti-Trump gobernará la ciudad más grande de los Estados Unidos

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Créditos: Zohran Mamdani, alcalde electo de Nueva York. Foto tomada de Creative Commons.
Tiempo de lectura: 5 minutos

Zohran Mamdani, nacido en Uganda de padres indios y ciudadano estadounidense naturalizado hace apenas siete años, será el alcalde de Nueva York tras una jornada de elecciones locales y estatales que dejó con moretes al trumpismo.

Por Héctor Silva Ávalos

No fue, la del martes pasado, una buena noche para Donald Trump y los suyos. Candidatos del partido demócrata, oposición del presidente, ganaron gobernaciones estatales y alcaldías luego de abanderar los postulados más aborrecidos por el trumpismo, como las políticas promigrantes, la inclusión de género y la ampliación de los beneficios sociales provistos desde el Estado.

Vistos de forma aislada, los resultados del marte no cambian, en mucho, el statu quo en Washington, donde el presidente y su partido siguen teniendo el control en las dos cámaras del Legislativo y una influencia importante en la Corte Suprema. Pero, en un país como Estados Unidos, donde los votantes independientes y los más jóvenes pueden definir elecciones en regiones más indecisas, las tendencias expuestas por estos triunfos demócratas pueden, a la larga, ser preocupantes para Trump.

El triunfo con más resonancia nacional y mundial fue el de Zohran Mamdani, un joven musulmán de 34 años, inmigrante de padres indios que nació en Uganda y apenas se naturalizó estadounidense hace siete años. En tiempos marcados por la agenda ultraconservadora de Trump, una atravesada por el racismo y la xenofobia, no deja de ser, el de Mamdani, un triunfo con significados importantes más allá de los resultados.

El flamante alcalde electo de Nueva York, la ciudad más grande e importante de la Unión Americana, además de una de las más diversas en términos étnicos y raciales, llegó a donde está tras una carrera fulminante que lo llevó a derrotar al pesado aparataje tradicional del partido demócrata, representado en este ciclo electoral por Andrew Cuomo, un viejo miembro de la aristocracia partidaria.

Cuomo fue gobernador del estado de Nueva York durante 10 años, entre 2011 y 2021, y antes había sido funcionario en la presidencia de Bill Clinton. Su periodo en el gobierno estatal estuvo marcado por políticas progresistas como el impulso al matrimonio igualitario y la gestión por un salario mínimo de 15 dólares por hora, pero también por denuncias de acoso sexual y manipulación de cifras de fallecidos por covid-19. En 2025, tras varios escándalos, intentó postularse como candidato a la alcaldía de la ciudad de Nueva York, pero la irrupción de Mamdani en el mapa político local se le atravesó.

Sin apenas experiencia política, Mamdani hizo campaña con postulados simples, de corte progresista y enfocados en el bienestar social y económico de los neoyorquinos con menos ingresos. Dos fueron sus propuestas centrales: congelar los precios de alquileres en zonas populares y financiar un sistema gratuito de transporte público en la ciudad, una de las más caras en el país y en el mundo. Cuando el discurso político estadounidense parece secuestrado casi en su totalidad por Trump y sus hipérboles, Mamdani se centró en su ciudad, algo que incluso comentaristas conservadores le reconocieron.

Los primeros análisis tras el triunfo de Mamdani permiten dibujar el mapa electoral que le dio la victoria. De acuerdo con un reporte de The New York Times, el joven político capitalizó el voto de las minorías negras de la ciudad, de jóvenes que votaban por primera vez -y en este caso incluso borró líneas partidarias tradicionales en algunas zonas más afluentes y conservadoras-; además, devolvió al caudal demócrata votos latinos que se habían decantado por Trump en la última presidencial y sacó a votar a miles de migrantes del sudeste asiático que suelen quedarse en casa en jornadas como esta.

La migración no fue, per se, un tema central de la campaña de Mamdani, pero sí lo fue en el campo de Cuomo y en el del partido republicano que, desde Trump hasta otros funcionarios en Washington, intentaron contrarrestar el éxito del joven en las encuestas con un discurso racista y de miedo. Comunista, socialista, yihadista, terrorista, eso y más le dijeron en la propaganda de última hora. No caló.

En su primer discurso de aceptación, Mamdani agradeció a sus votantes y aprovechó para enviar su mensaje a Trump. “Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes e impulsada por inmigrantes. Y, a partir de esta noche, liderada por un inmigrante”, dijo el alcalde electo. En otro momento, aseguró que gobernará para los trabajadores de Nueva York, también migrantes: “Los dueños yemeníes de tiendas de ultramarinos y las abuelas mexicanas; los taxistas senegaleses y las enfermeras uzbekas; los cocineros de Trinidad y las tías etíopes”. 

Las “señoras blancas” de Virginia y Nueva Jersey

A Trump no solo le oscureció en Nueva York, también en Virginia, Nueva Jersey y California, donde la agenda y los candidatos demócratas se impusieron en las urnas.

En la Mancomunidad de Virginia, aledaña a Washington D.C., y uno de los estados más afectados por el cierre del gobierno que se inició hace 35 días debido, entre otras cosas, a la negativa republicana de garantizar fondos para programas de atención sanitaria que atienden a las poblaciones con menores ingresos en el país, se impuso la demócrata Abigail Spanberger, una exfuncionaria y exagente de la CIA y blanca, quien hizo campaña en defensa de los derechos de género y capitalizó el descontento por alzas de precios en la canasta básica, en la vivienda y los servicios.

En Virginia, parte del sur histórico conservador, Spanberger se dedicó a criticar políticas específicas del presidente, pero se cuidó de arremeter contra él en persona.

“Voten por la señora blanca”, fue una frase recurrente entre jóvenes de Virginia durante la campaña, en referencia a la oponente republicana de Spanberger, Winsome Earle-Sears, una exmarine negra que corrió defendiendo valores más conservadores en asuntos de género y diversidad racial.

En Nueva Jersey, el estado vecino a Nueva York, hogar también de millones de inmigrantes latinos, ganó Mikie Sherill, una excongresista blanca con una plataforma más centrista que la de Mamdani. Ella se impuso a un candidato al que Trump había apoyado públicamente.

Otra buena noticia para los demócratas llegó desde California, donde los votantes aprobaron una propuesta para redibujar los mapas electorales del estado. Esto ha adquirido relevancia política en los últimos meses de cara a las legislativas nacionales del próximo año, cuando el partido demócrata buscará arrebatar a los republicanos el control del congreso en Washington, al menos el de la Cámara de Representantes, cuyos miembros se eligen de acuerdo con censos poblacionales y distritos electorales marcados por las asambleas estatales.

Desde hace unos años, esas asambleas locales han buscado redibujar los mapas para favorecer al partido que gobierna el estado. Así, Texas, en manos republicanas y uno de los principales bastiones del trumpismo, ha echado a andar una reforma que daría más asientos en el congreso en Washington al partido del presidente. Los demócratas respondieron haciendo lo propio en California, un estado que lleva años favoreciéndoles en las urnas.

El principal gestor de la reforma californiana es Gavin Newsom, el gobernador del estado y una de las figuras de oposición que empieza a perfilarse como presidenciable para las elecciones generales de 2028 de las que saldrá el sucesor de Trump.

Aún parece pronto para adelantar cómo los resultados del martes influirán en la larga carrera por las legislativas de 2026, pero la jornada puede empezar a dar pistas de algunas cosas, como los ítems de la agenda trumpista de los que algunos votantes podrían empezar a distanciarse, de los impactos que la situación económica puede tener en el ánimo electoral, de la vigencia de candidatos apostados en las antípodas de Trump o de las apuestas ideológicas del partido demócrata. 

Como sea, no fue buena para el inquilino actual de la Casa Blanca la noche en que el joven musulmán inmigrante subió a lo más alto de Nueva York, la tierra que también atestiguó el parto político de Donald J. Trump.

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