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Créditos: Prensa Comunitaria
Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Miguel Ángel Sandoval

Durante muchos años, la apuesta de Filgua ha sido y lo exponen de forma permanente, el propósito de “ir por un país de lectores”. La apuesta es de encomio. Tiene, sin embargo, temas complejos para resolver, y uno de ellos tiene que ver con el costo de los libros, en especial por los impuestos que se pagan por la producción de libros. Pero, además, como lo subrayan los personeros de Filgua, el dilema se encuentra en la opción cotidiana: hambre o lectura. No me refiero a la poética situación de alguien que tiene hambre de lectura. No, aquí se trata de algo real, la pobreza extendida reduce el ámbito d los lectores, condenados como están a optar entre comida o libros.

Pero más allá de esta constatación, sobre los impuestos excesivos que pagan los libros, del costo de los materiales de impresión, y todo lo que comporta la elaboración de libros, existen otros aspectos que es indispensable señalar, en ocasiones como las que nos presenta la próxima feria del libro en nuestro país. Es totalmente digno de encomio el que una feria que nació en el marco de la firma de la paz haya mantenido por más de 20 años un evento contra viento y marea, incluso en contra de empresarios centaveros, que vieron en la feria, una fuente de negocios corrientes, antes que un remanso cultural en nuestro país. Por suerte fracasaron y no se apropiaron de un evento cultural.

Y la existencia de Filgua con el compromiso de ir por un país de lectores, me lleva a un tema de enorme sensibilidad en nuestro país. En una campaña de radio, he podido escuchar que uno de los problemas en la educación nacional, es que en la formación hay una falencia del tamaño del talón de Aquiles: la mala comprensión en el terreno de la lecto-escritura. Los alumnos de primaria salen apenas leyendo y tratando de escribir. Los de secundaria con una comprensión de lo que leen y llegando a la universidad, los pocos que lo hacen, sin entender lo que leen en los diferentes cursos. Pero además con una especie de rechazo a la lectura.

No hay comprensión de lo que se lee, hay por ello, la campaña con aires de emergencia del Mineduc para que, en la escuela primaria y secundaria, se lleve a cabo un sólido esfuerzo por mejorar los niveles de la lecto-escritura.  No es algo menor. Si contamos con una educación que haga de la lecto-escritura una fortaleza en cada estudiante, eso nos creará condiciones para ir por el país de lectores que reclama Filgua con vehemencia desde su fundación.  Pues leer y entender lo que se lee, es un paso a la formación de una sólida cultura. Y no solo para los temas de la cultura en sentido restringido, por la vía de la lectura, sino para temas de naturaleza técnica, empresarial, de negocios. Poder entender lo que se lee.

Ahora que se inaugura Filgua, en momentos que se habla del retorno de los restos mortales de Miguel Ángel Asturias al país, justo seria preguntarse si es posible hacer que la obra premiada con el premio nobel de literatura, pueda ser leída y entendida por ese país de lectores que reclama Filgua, y que ahora se plantea como un tema crucial en toda la educación nacional. Hacer que los estudiantes salgan de la escuela primaria y secundaria, no solo sabiendo leer y garabatear las letras del alfabeto en palabras escasas. Se trata de multiplicar la comprensión de lectura de los estudiantes, y con ello, quizás en las próximas ferias de Filgua, tengamos día a día, más lectores, más éxito, y más cercana esa idea de ir por un país se lectores.

Por el momento, sería una buena idea que en toda la educación nacional se hiciera un tiempito para que los estudiantes tuvieran un momento de platica sobre lo que es la feria del libro, eventualmente se organizaran excursiones al mundo de los libros, y asistieran a las actividades que la feria debe presentar para los niños jóvenes, y de esa manera, entender lo que significa Filgua y el llamado a tener un país de lectores. Sería una buena iniciativa, pienso.

 

 

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