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Créditos: Prensa Comunitaria
Tiempo de lectura: 2 minutos

 

Por Miguel Ángel Sandoval

Un comentario de un lector de mi columna puso el dedo en el renglón correcto: en esta legislatura y en los meses del actual gobierno, son los ministros quienes van más al congreso, incluso más que los diputados. De nuevo las cifras de ese cuadro perverso en que han caído la mayoría de los diputados, siempre con sus excepciones.

De acuerdo con cifras, más de 700 citaciones para ministros y uno con 117 llamados a informar a los ignorantes. Pero, resulta que la mayoría de los diputados no tienen siguiera 100 asistencias al congreso, pues entre vacaciones, semana santa, recesos parlamentarios y otras ausencias, hay algunos, que si han llegado unas 40 o 50 veces es mucho. Unos cuantos diputados distritales pueden alegar que van a sus comunidades, pero resulta que en estas ni los conocen y no es tiempo electoral.

Y las pruebas son claras. Este año van 26 sesiones ordinarias, 2 sesiones solemnes y una sesión extraordinaria. Mas alguna reunión de comisiones. No llegan ni a la mitad de las veces que los ministros citados han llegado. O sea, los ministros trabajan más que los diputados. No hay vuelta de hoja.

Pero el debate es de otra naturaleza o tiene otros alcances. A mi juicio se confundió la oposición política, la diferencia de puntos de vista para el impulso del quehacer de gobierno y del organismo legislativo y judicial, con el sabotaje sistemático, (por acción o por omisión) cuyo único resultado, es un perjuicio visible para quien quiera ver la realidad objetiva. Es la oposición a la tortrix o chicharronera: “aquí solo mis chicharrones truenan” como decían los caciques mexicanos.

Vemos que hay una enorme mayoría de diputados que no han presentado ni una sola iniciativa de ley que pueda tener la característica que sea de interés nacional, que beneficie a las mayorías o que tenga respaldo social importante. Por el contrario, la mayoría de los diputados se dedican a holgazanear antes que hacer su propio trabajo, para el cual fueron electos, pero, sobre todo, por el cual les pagan.

La discusión de leyes de interés nacional no se da, y si alguien presenta algo de interés, de forma automática, se rompe el quorum, en lo cual los holgazanes son expertos. No se ha presentado un proyecto de ley para abaratar el precio de las medicinas. Se escondió la iniciativa de reformas al MP, no hay nada sobre la urgencia de legislar para contrarrestar la contaminación del aire en la capital. Son ejemplos. Ni hablar de una ley de minas que deje de lado el escandaloso 99% para las mineras que destrozan el medio ambiente y comunidades y 1% para el país.

Los honorables diputados, ¿quién inventaría eso de honorables?, se dedican a entorpecer el trabajo de los ministros. Si pensamos en 117 veces que el ministro de salud fue al congreso, llegamos a una conclusión sencilla: los diputados impidieron que el ministro dedicar las 8 horas normales de trabajo a la salud pública.

Sería interesante que los ministros, citados más de una decena de veces, optaran por lo siguiente: informar a los diputados, pero respetando su trabajo, citaran a los diputados a las 6 de la mañana a sus oficinas para informar, y luego a las 8 o 9 de la mañana, se dedicara al trabajo ministerial. Los diputados cumplirían su función de fiscalizar, los ministros de informar a los diputados, y luego, los diputados podrían continuar con su trabajo, y el ministro con el propio. Sería un gana-gana.

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