
Ayote en rapadura
Por Ilka Oliva-Corado A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y

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Por Ilka Oliva-Corado El anuncio de la tormenta invernal hizo que la gente corriera a los supermercados a abastecerse, Lupita no fue la excepción. Compró

Por Ilka Oliva-Corado Buscando sus helados de café y vainilla en el área de productos congelados, Baudilia descubrió un nacimiento, fue como haberse reencontrado su

Por Ilka Oliva-Corado Clemencia compró frijol camagua[1], iba por chiles dulces y cebollas, pero el frijol le salió al paso desde el canasto de nía[2]

Por Ilka Oliva-Corado Comenzó a llover a eso de las cuatro de la tarde y no ha parado ni un segundo. Fausta se encomienda,

Por Ilka Oliva-Corado Está en el estanque lavando la ropa de toda la familia desde las cuatro de la madrugada, algunas llegaron desde las tres,

Por Ilka Oliva-Corado. En otros tiempos las guayabas las hubiera comprado en la aldea a diez len[1] cada una, guayabonas galanas del tamaño de su

Por Ilka Oliva-Corado Tanita siempre anheló un licuado de frutas, un sueño inalcanzable en su infancia. Las licuadoras eran voladas de las que hablaban en

Por Ilka Oliva-Corado. Sale del supermercado con su bolsa llena de verduras, compró un manojo de berro para hacerlo en caldo, su amigo Joaquín

Por Ilka Oliva-Corado. Despierta, observa el reloj, son las cuatro y veintidós de la madrugada. Abraza las sábanas y se estira en la cama, se levanta

Por Ilka Oliva-Corado Cada vez que puede, Perfecto le cuenta al que se va encontrando en su camino que desde hace años tiene a su

Por Ilka Oliva-Corado Por las mañanas, Bertita y su mamá rajan leña en casas de los vecinos que contratan sus servicios, por lo regular