Por Vicente Carrera
Hablar de las elecciones del 2027 en Guatemala es hablar de algo que ya empezó. No en las urnas. En el libreto.
En los últimos 12 meses América Latina votó casi en fila. Bolivia en octubre, Argentina una semana después. Honduras en noviembre, Chile en diciembre, Perú y Columbia en junio y en varias de esas campañas hubo un actor que no aparecía en la papeleta: Donald Trump.
No es una opinión. Son hechos.
Argentina le ofreció una salvación de veinte mil millones de dólares y lo condicionó en público: si Milei pierde, dijo, no seremos generosos. En Honduras pidió el voto para Nasry Asfura, amenazó con cortar la ayuda si ganaba otro y, en esos mismos días, indultó a Juan Orlando Hernández, condenado en Nueva York a 45 años por narcotráfico. En Colombia le dio a Abelardo de la Espriella su “respaldo completo y total” a tres semanas de la segunda vuelta.
Los tres ganaron.
Aquí surge la pregunta incómoda pero necesaria ¿y después de ganar qué?
En Argentina la pobreza volvió a subir a 32.3% en el primer semestre de este año, el desempleo es el más alto desde el 2021 y el salario real sigue por debajo del de 2023. En Chile, José Antonio Castro ganó con 58%, recortó 3% a todos los ministerios y en cinco meses bajó de 57 a 35% de aprobación. En Bolivia, Rodrigo Paz eliminó el impuesto a las grandes fortunas y cerró el Ministerio de Justicia. En junio tenía el país bloqueado por más de 50 días y decretó estado de excepción. En Honduras, Asfura ganó por menos de un punto y a los cinco meses de gobierno tenía 31% de aprobación. En Colombia, el nuevo gobierno presentó un presupuesto de 635 billones de pesos, financiado en 44% con deuda, y al mismo tiempo le quita 170 mil millones a la justicia que juzga a los crímenes de guerra.
No son países iguales. No son gobiernos iguales. Pero el orden de los pasos se repite.
Primero el miedo. Luego el salvador que promete mano dura y motosierra. Después el recorte. Y al final, la cuenta nunca la paga el que la firmó. La paga el dueño de la tienda de barrio que ya no vende. La paga el estudiante al que le cierran la beca. La paga el campesino que se queda sin el técnico agrícola, sin el camino y sin el puesto de salud. La paga el mediano empresario que creyó que el recorte era para otros y descubrió que el crédito, el contrato y el cliente también se habían ido.
Seamos justos. Nadie votó por gusto y para sufrir. Votaron cansados de la inseguridad, de los precios, de gobiernos que se decían del pueblo y se sirvieron del pueblo. Ese cansancio es legítimo. También lo es el nuestro.
Por eso vale la pena detenernos a mirar quiénes se están acomodando aquí.
Zury Ríos quedó en sexto lugar en 2023 y anunció que se retiraba de la política. En mayo de este año reapareció afiliando gente al partido Unionista. Dice que volvió porque este gobierno “terminó sirviéndose a sí mismo”. Yo leo otra cosa. Volvió porque cree que el viento que sopla desde Washington ahora le va a beneficiar a ella, como lo está haciendo con el resto de América Latina. Ella misma ha dicho que los principios y enseñanzas de su padre guían su vida. Su padre es el general que un tribunal guatemalteco condenó por genocidio en 2013 en una sentencia que la Corte de Constitucionalidad, de forma mañosa, anuló diez días después.
Detrás viene su sobrino, Sebastián Ríos, con el mismo apellido y el reclamo de que él no es igual. Puede que no lo sea. Pero el apellido no es el problema. El problema es el proyecto (o las mañas).
Y no están solos. Otros como Carlos Pineda se ofrece como el empresario que viene a acabar con la burocracia. ¿Les parece familiar? Sandra Torres, que fue vicepresidente de la International Socialista, ya en 2023, aclaraba que eso no quería decir que fuera socialista y prometía proteger los intereses de los empresarios.
No todos recibirán la bendición de Trump. Pocos son los agraciados, pero todos ensayan el mismo discurso por si acaso.
Guatemala tiene además una razón propia para pensarlo dos veces. Millones de hogares comen de la remesa que manda un hijo, una hermana, un esposo desde Estados Unidos. Al que hoy persiguen, deportan y le cobran impuestos por enviar su dinero. Un candidato que aplaude eso allá, no va a defendernos aquí.
No les pido que voten por una ideología. Les pido que pregunten: ¿A quién le va a recortar? ¿De dónde va a salir el dinero? ¿Quién paga su campaña? ¿A quién le debe el favor? El que no responde hoy, tampoco responderá mañana.
Tampoco les aconsejo que acepten las peticiones de un pastor evangélico para decidir por quien votar. Si usted es cristiano evangélico, que le baste con lo que Dios dice: “por sus frutos los reconocerán”. Estoy seguro de que, con esto en mente, usted votará de forma justa y en favor del pueblo. Considere esta frase que surgió por las recientes elecciones en Brasil: “Gracias, Lula, pero voto a Bolsonaro porque mi pastor me lo está pidiendo”. ¿Gracias por qué? ¿Por un buen gobierno? Si se esta agradecido ¿Por qué votar por la corrupción?
Otros países ya vieron la película completa. Nosotros todavía estamos a tiempo de leer el guion.
Que en 2027 la sorpresa no nos la den ellos. Que seamos nosotros los que les demos una sorpresa parecida a la del 2023.
«Los necios nunca aprenden; los inteligentes aprenden de sus propios errores; los sabios aprenden de los errores de los demás».
Hasta la próxima.



