Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y periodista: el ciclo de vida que construyó Miguel Ángel Asturias, marcado por los mitos, la política y las tensiones sociales en Guatemala. Este es un recorrido por los principales momentos de su trayectoria literaria.
Por Jorge Fernández
Miguel Ángel Asturias nació en la Ciudad de Guatemala en 1899 y murió en Madrid en 1974, España, siete años después de convertirse en el primer guatemalteco en recibir el Premio Nobel de Literatura. Entre ambos puntos hay medio siglo de escritura que pasó por la poesía, el teatro, el ensayo, el periodismo y, sobre todo, la novela. Su trayectoria lo llevó de las calles de la capital guatemalteca a las tertulias vanguardistas de París y de vuelta a Centroamérica, siempre con la intención de inventar o ficcionalizar, lo que entendía por Guatemala y los pueblos indígenas de su patria.
Cronología de una obra extensa
Asturias incursionó con su escritura en casi todos los género literarios, empezando en 1923 con Sociología guatemalteca: El problema social del indio, la tesis con la que se graduó de abogado de la Universidad Nacional y que, con el tiempo, sería cuestionada por su carácter eugenésico.
En 1928, publicó La arquitectura de la vida nueva, su primera colección de ensayos y artículos de prensa, y en 1930 llegó Leyendas de Guatemala, su primer libro narrativo, escrito en París y elogiado por Paul Valéry. En esta obra convirtió mitos, tradiciones y elementos de la historia guatemalteca en un conjunto de relatos surreales, oníricos y de ensoñación profunda.
En 1946 Asturias se consagra con El Señor Presidente, la novela que lo dio a conocer internacionalmente y que retrató un continuo de violencia política y autoritarismo en Guatemala y en América Latina. Tres años más tarde, en 1949, apareció Hombres de maíz, considerada por buena parte de la crítica su obra más ambiciosa e incluso un mito fundador moderno.
Ese mismo año inició también la trilogía bananera, compuesta por Viento fuerte (1949), El Papa Verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960), donde retrata y denuncia la violencia y el extractivismo norteamericano en las plantaciones de la costa sur del país.
En 1955 incursionó en el teatro y se estrenó Soluna, una obra centrada en el mundo de la hechicería, de tono surrealista y onírico en donde los efectos especiales, las luces y el escenario juega un papel muy importante. En 1956, escribió Week-end en Guatemala, una antología de cuentos escritos tras la caída del gobierno de Jacobo Árbenz que es una crítica más directa al imperialismo estadounidense y en 1957 publicó La audiencia de los confines, pieza teatral sobre Bartolomé de las Casas.
Ya en la década de los sesenta llegó Mulata de tal (1963) y en 1965 publicó Clarivigilia primaveral, su libro de poesía más ligado a lo que la academia europea por mucho tiempo creyó que era el pensamiento maya.
En 1969 apareció Maladrón, novela que cuenta la historia de la invasión del occidente de Guatemala y el nacimiento del primer mestizo de la región. Ya en la última etapa de su vida. Asturias escribió Viernes de dolores y el ensayo América, fábula de fábulas, ambos de 1972, y dejó como testamento literario Tres de cuatro soles, publicado de forma póstuma en 1977, tres años después de su muerte.
¿De qué tratan sus obras?
El Señor Presidente, un tirano latinoamericano sin nombre
Asturias escribió El Señor Presidente a lo largo de más de una década y fue publicada finalmente en 1946. La obra retrata el poder absoluto de un dictador que nunca es descrito con claridad. Una presencia difusa, cruel y casi sobrenatural domina cada rincón de la novela.
El crítico chileno Cedomil Goic señaló que la obra representa la influencia maligna del poder de un modo pocas veces igualado en la narrativa hispanoamericana, con un tono que combina lo grotesco, lo religioso invertido y lo cómico.
La novela marcó un punto de inflexión en la literatura Latinoamericana y es considerada como un antecedente fundamental de la llamada novela de dictador, género que posteriormente tendría entre sus principales exponentes a autores como Augusto Roa Bastos o Mario Vargas Llosa.
Asturias tuvo como referencia histórica el régimen de Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó Guatemala entre 1898 y 1920, uno de los períodos dictatoriales más largos de la historia del país, durante veintidós años. Asturias vivió su juventud bajo ese régimen. Aunque la figura del tirano es un símbolo que trasciende cualquier referencia histórica nacional, se convirtió en un tópico latinoamericano. El señor Presidente podría ser Somoza o Pinochet, Porfirio Díaz o Bukele.
Según la Real Academia Española en la edición conmemorativa que le dedicó a Asturias, esta obra tuvo una muy buena acogida entre la crítica y los lectores desde su publicación en 1946, pero a pesar de eso, la novela fue censurada y prohibida en Guatemala durante trece años por su crítica a la tiranía, que aunque con diferente dirigente, seguía teniendo la misma base.
Hombres de maíz, el mito y el habla
Hombres de maíz fue publicada en 1949 y recrea la cosmogonía maya K’iche’ a partir de lo que Asturias entendía de esta por sus observaciones subjetivas y sus estudios del Popol Wuj, el libro con atribuciones mítico-sagradas, que Asturias había traducido años antes durante su estancia en París.
La novela cuenta la resistencia del cacique Gaspar Ilóm contra los maiceros que talan los bosques y siembran solo para vender, un conflicto entre una visión sagrada de la tierra y otra extractiva y comercial.
La escritura de Asturias en esta novela crea un mundo onírico, de ensueño, con un fondo mágico inspirado en los mitos mayas y en las tensiones sociales, identitarias y de clase que el autor observaba en su patria. El lenguaje de esta novela llega a lo barroco, buscando el preciosismo y la belleza poética en el texto, lo que para muchos dificulta su lectura y sus interpretaciones.
Asturias en su ponencia en el XVII Congreso de la Société des hispanistes françaises aseguró que sentía una predilección especial por esta novela.
La académica Guillermina Walas propone que la literatura de Asturias debe verse más allá de un producto folclórico, pues hay que reconocer el trabajo que el autor intentó al representar el papel que ese mundo indígena seguía teniendo en la realidad guatemalteca de su tiempo, resistiendo ante los intereses capitalistas y civilizatorios que avanzaban sobre la región y sobre su cultura.
Uno de los aspectos más discutidos de la novela es el cómo hablan sus personajes indígenas; cómo estructuran las oraciones, deforman las palabras o utilizan términos rurales o préstamos de los idiomas mayas. El escritor guatemalteco Dante Liano ha revisado con detalle el habla que Asturias les atribuye, tanto en Hombres de maíz como en El Señor Presidente, y llega a una conclusión que contradice la idea más extendida sobre la obra de Asturias, pues buena parte de esas construcciones no son en realidad imitaciones del español hablado por comunidades mayas, sino arcaísmos y rasgos rurales del propio castellano, pero de un castellano antiguos, pues hay casos documentados desde la España medieval. Liano asegura que ese recurso no reproduce fielmente el habla indígena, pues solo repite un modo burlón con el que las poblaciones ladino-mestizas han estereotipado a las formas de habla de las poblaciones mayas.
Hombres de maíz a pesar de ser considerada por buena parte de la crítica como la obra maestra de Asturias, esta obra sigue siendo una de sus novelas menos comprendidas tanto por los lectores como por críticos. Gerald Martin, uno de sus principales estudiosos de la literatura hispana dice que la novela anticipó temas que solo cobrarían fuerza décadas más tarde, como la invasión de las tierras indígenas, la crisis climática y el genocidio.
La trilogía bananera y el banano emperador
Entre 1949 y 1960 Asturias publicó tres novelas que forman lo que se conoce como la trilogía bananera: Viento fuerte, El Papa Verde y Los ojos de los enterrados.
Las tres denuncian en sus tramas y con sus personajes la explotación del territorio centroamericano por parte del capital estadounidense, representado especialmente en la United Fruit Company, la compañía que hacia mediados del siglo XX controlaba buena parte de los ferrocarriles, los puertos y las tierras más fértiles de Guatemala, pero que también tenía operaciones desde el sur de México, hasta el norte de Colombia.
Viento fuerte narra el enfrentamiento entre pequeños agricultores de banano que llegan a la costa desde las tierras altas buscando mejores oportunidades y la todopoderosa Tropical Platanera, S.A. que representaría dentro de su ficción a la compañía estadounidense.
El Papa Verde, el segundo libro de la trilogía retrocede en el tiempo para narrar el ascenso de Geo Maker Thompson, el hombre que termina controlando la compañía y la vida de los campesinos del libro anterior, quienes al aliarse con la compañía logran mejorar su estatus social.
Y Los ojos de los enterrados cierra el ciclo con la idea de una justicia que tarda en llegar, pero que finalmente se abre paso. Asturias contó en más de una entrevista que la trilogía nació de su lectura de un informe sobre la política de la United Fruit Company en Centroamérica, además de su propia estadía en pueblos bananeros del país.
Las tres novelas le valieron a Asturias el Premio Lenin de la Paz de la Unión Soviética en 1966, un reconocimiento que lo convirtió en uno de los pocos autores celebrados tanto en Occidente como en el bloque comunista durante la Guerra Fría.
El problema social del indio, la tesis que lo persigue
En 1923 Asturias se graduó de abogado en la entonces Universidad Nacional con la tesis Sociología guatemalteca: El problema social del indio, un trabajo poco conocido durante décadas y que sólo circuló ampliamente después de su reedición en París, en 1971.
Marco Vinicio Mejía Dávila, director del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IPNUSAC), ha explicado que ese desconocimiento hizo que la tesis fuera juzgada, en buena medida, a partir de comentarios aislados y citas fuera de contexto de la obra.
En ese texto, el joven Asturias proponía como posibles soluciones al llamado “problema del indio” la asimilación cultural, el mestizaje con inmigrantes europeos, mejores condiciones de higiene y alimentación, y una reducción de las horas de trabajo.
Sus planteamientos estaban influidos por el pensamiento positivista de la época. Asturias llegó a describir a la población indígena con comparaciones que hoy resultan claramente ofensivas, estigmatizantes e irreales y aseguró que la mestización representaba una vía de acceso a lo que consideraba una forma de civilización superior. Estas ideas han sido objeto de cuestionamientos y análisis críticos posteriores.
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Asturias años después terminó por distanciarse de las conclusiones de esa tesis. Cuando el académico Claude Couffon le propuso reeditar la tesis en 1971, casi cincuenta años después de haberla escrito, el autor aceptó publicarla con un prefacio propio en el que reconocía no estar de acuerdo con lo que había planteado de joven.
Asturias reconoció que la educación y la inmigración europea no habían resuelto las desigualdades y que el verdadero problema seguía siendo la tierra, estando a favor de una reforma agraria completa.
El legado de Asturias y la actualidad
Miguel Ángel Asturias es, junto con Gabriel García Márquez, uno de los nombres que suelen citarse como antecedentes importantes del realismo mágico latinoamericano, (aunque varios académicos creen que la pionera fue la escritora chilena María Luisa Bombal).
En su obra exploró una forma de narrar en la que lo mítico y lo cotidiano conviven sin que el texto se detenga a explicar la diferencia, ni en la que los personajes tomen como extraordinario lo extraño que pase dentro de la trama.
Antes de que la literatura latinoamericana viviera el llamado Boom de los años sesenta, Asturias ya había incursionado en la manera en la que era posible construir una novela entera, mezclando mito y realidad, la denuncia y lo poético.
Su Nobel de 1967 fue un faro para la literatura centroamericana que hasta entonces había tenido poco espacio en el mapa editorial internacional. Pero su legado no se enraiza solo en los premios o en su obra cerrada, pues temas como la recreación mística de la cultura maya y las ideas más problemáticas que sostuvo en su juventud, siguen siendo materia de discusión literaria, política y social en Guatemala.
El acercamiento a la obra de Asturias hoy necesita tener una lectura profunda, completa y perspicaz; teniendo presente sus aciertos literarios, su tiempo, sus contradicciones y sus errores personales.



